Gustavo, rancagüino, tiene diecisiete años, y fue a los cinco que jugó su primer torneo de golf. De ahí en adelante, ha estado siempre en los primeros lugares del ranking amateur de Chile. Tiene más de cien medallas, setenta trofeos, su currículum deportivo posee extensas ocho páginas, es parte de la selección nacional y gracias a quienes creyeron en él, ha recorrido toda Sudamérica y parte de Estados Unidos, codeándose con los mejores del mundo. Ojo que esta es más que una promesa del deporte chileno.
Por María José Pescador D. / Fotografías Danny Bolívar U.
Cuando Gustavo recuerda sus logros, se emociona hasta las lágrimas. Y no es menor, porque si bien el golf es una disciplina que solo algunos pueden practicar, por el costo económico que significa todo en este deporte -pagos de campeonatos, entrenamientos en cancha, además de las herramientas que se necesitan, entre otros-, este joven, sin tener una familia con los recursos necesarios, ha logrado ser el número uno de Chile en su categoría (infantil) y amateur.
Él le agradece tremendamente a su club, Club de golf los Lirios, Requínoa, por apoyarlo siempre, y es que esta historia se inicia en los prados de este lugar. Su abuelo es aún, a sus más de setenta años, caddie del club, y lo ha sido por casi medio siglo, "aunque ya jubiló, sigue acá, no hay forma que deje el club". La labor de un caddie es llevar los palos de golf de un jugador durante el partido, pero además son consejeros y ayudantes. Suelen ser muy buenos entrenadores por todo lo que les toca ver, y conocen a la perfección las técnicas de este deporte. Saben cuáles son los mejores palos, cuál es el que debe usar y en qué momento cada practicante. Conocen las reglas del juego mejor que nadie y, a pesar de que hoy existen carros de traslado, este servicio es el preferido de los jugadores profesionales.
Su padre, Patricio Silva, siguió los mismos pasos y fue el primer entrenador de Gustavo cuando este solo tenía tres años. Así, un día un socio del club lo vio, lo invitó y lo llevó a su primer campeonato en Santiago. Cinco años, un tiro perfecto, un toque majestuoso, suficiente para que a este niño el golf no lo dejara nunca más. De esta manera lo entrenó el profesor del club, Luis Figueroa, con el que estuvo diez años, hasta que lo tomó su tío Manuel Pichún, profesor de golf de un reconocido club de Santiago, hace un par de años. Toda la familia está ligada a este deporte y Gustavo es el orgullo de los Silva, la promesa, el grande, el que va a lograr ser profesional y vivir de este deporte. Eso es un hecho.
<strong>¡QUÉ MIEDO!</strong>
Es lo que piensan todos los contrincantes cuando ven a Gustavo en la lista de jugadores. Hoy, este deportista de elite está pensando tranquilamente, no quiere acelerarse, quiere hacerlo todo de forma pausada, todo a su tiempo. Por lo mismo, espera terminar sus estudios en un establecimiento técnico, para luego focalizarse y entrar a la escuela de golf y hacerse profesional.
Cuando se le pregunta cuántos campeonatos nacionales ha ganado, dice no recordarlos todos, lo que sí recuerda con gusto fue aquel año en que de los doce campeonatos nacionales en los que participó, ganó once. Eso fue a los diez años. Los otros participantes lo veían, lo saludaban y le decían "ya sabemos que vas a ganar, pero bueno...". Son tantos los torneos en los que se ha subido al podio que con ellos se ha hecho un currículo que tiene ocho páginas y media de extensión.
El golf es un deporte bastante elitista, ¿cómo has manejado eso?<br /> Me ha costado harto meterme en este mundo. Cuesta, porque vengo de una familia humilde, llegas a un campeonato y todos están bien vestidos, ropa de marca y uno llega con lo puesto. Pero he hecho buenas amistades y nunca me he sentido marginado. En ese sentido, me he desenvuelto bien. Además, uno elige con quien juntarse.
<strong>¿Quién te ha apoyado con la compra de los palos y otros?</strong><br /> Son carísimos, y debo agradecerle a mi club, Club de Golf los Lirios, que me ha ayudado incondicionalmente. Gracias a los socios tengo las herramientas necesarias; me han ido regalando ropa, palos, y esas cosas, además de la cancha, que la uso cuando quiero.
<strong>¿Tienes preparador físico, psicólogo, nutricionista, kinesiólogo, profesionales necesarios para los deportistas de elite?</strong><br /> No. Nada de eso. Nunca he ido a ninguno de ellos. No me gustan los gimnasios, siento que no necesito esas cosas, o por ahora no las he necesitado, como que no lo veo para mí.
<strong>¿Cualidades que debe tener un golfista?</strong><br /> Paciencia, mucha paciencia. Uno camina fácilmente ocho kilómetros por campeonato, y hay que estar preparado para enfocarse, concentrarse, y caminar. La paciencia es la mayor cualidad, pienso.
<strong>VAMOS QUE SE PUEDE</strong>
Hoy Gustavo es número dos de Chile en ranking juvenil y varón adulto amateur; fue número uno hasta agosto de este año (por casi todo el año). Pero siempre está en la pelea entre los mejores. Es hándicap cero, casi profesional. Quien recién empieza a jugar entra en el número treinta y seis. "El primer hándicap que obtuve fue número quince".
A pesar de tantos logros, Gustavo aún no cuenta con auspiciador, pero como es parte de la federación es este el organismo que lo ha ayudado a costear sus viajes y estadías en el exterior. "Hay que tener suerte para encontrar auspiciador, no es fácil. He tocado muchas puertas, me han pedido calendarios con mi torneos en algunas empresas, y los he mandado, pero ni siquiera he recibido un no por respuesta. Perdí tiempo".
<strong>¿El campeonato que más recuerdes?</strong><br /> No sé si campeonato. Sí me acuerdo la primera vez que me subí a un avión y me fui a Miami a un torneo grande, casi mundial. Fui solo, sin mi papá, sin mi familia, pero viajé con un amigo al que lo acompañaban sus papás y tres hermanos, iba a cargo de ellos. Llegué a Miami, y el mundo se me transformó, nos llevaron a un tremendo hotel, salimos a recorrer de noche, y bueno, en el campeonato quedé dentro de la mitad, y esa era mi meta.
<strong>¿Pensaste alguna vez que ibas a viajar fuera de Chile?</strong><br /> Nunca. Fue un sueño hecho realidad. Cuando me entrevistaron la primera vez, me preguntaron cuál era mi sueño y respondí "ir a Estados Unidos". Sueño cumplido.
<strong>¿Te llegan muchas felicitaciones de la federación?</strong><br /> No, son muy pocas las veces que te mandan una carta felicitándote por tu participación. En esto lo que vale es el esfuerzo de uno, la constancia, todo es mérito propio y de mi familia.
<strong>¿Alguna anécdota en el extranjero?</strong><br /> En Ecuador, cuando estaba en medio de un torneo, me empezó a sangrar la nariz, y no paraba. Entonces llegó la ambulancia y me pusieron un tremendo parche y como un plástico dentro de la nariz, arriba. Me molestaba mucho. Pero seguí jugando hasta el final. Nunca voy a dejar un campeonato en la mitad. He jugado con fiebre, resfriado, en fin, si ya estoy en eso tengo que terminar.<br /> Después de Miami, fue Perú, Argentina, Uruguay, Colombia, Ecuador, Brasil, Estados Unidos, México... El país que más le gusta es Brasil, por su gente y "la buena onda". Y la ciudad de Georgia en Estados Unidos. "Ahí está la cancha más espectacular que he visto en mi vida. Pareciera que hubiesen puesto el pasto uno por uno".
<strong>¿Y Europa?</strong><br /> Gracias a un campeonato que gané en Brasil, tuve la oportunidad de ir a Irlanda... pero fue la época del virus H1N1...y me tocó...no pude viajar.
<strong>¿Lloraste alguna vez al ganar un campeonato?</strong><br /> Sí. En el abierto nacional del club que se realizó el año pasado. Ha sido el más importante, porque le gané a un profesional ultra auspiciado y que juega en Europa, gané el campeonato y en mi club. Ese ha sido mi mejor logro.
<strong>¿Qué recuerdos tienes de niño?</strong><br /> El sacrificio que hice junto a mi papá para ser lo que ahora soy. Me acuerdo a los diez años, despertándome a las cuatro de la mañana para tomar un bus en la carretera con mi papá a Santiago, y de ahí tomar otro bus para llegar a un campeonato en Cachagua. Terminar el campeonato y volver a la una de la mañana a la casa.
<strong>¿La meta?</strong><br /> Ir a un campeonato PGA (Profesionales de Golf de América), un máster en Inglaterra o Estados Unidos. La meta es vivir del golf, dar ese gran salto dentro de mi familia, esa es la meta.
<strong>¿Y ahora?</strong><br /> A la Copa Andes. Para ir tienes que estar dentro de los mejores de Chile. Viajamos el 20 de noviembre, y voy a ganar, a traer la copa.
<em><strong>"Me acuerdo a los diez años, despertándome a las cuatro de la mañana para tomar un bus en la carretera con mi papá a Santiago, y de ahí tomar otro bus para llegar a un campeonato en Cachagua. Terminar el campeonato y volver a la una de la mañana a la casa". </strong></em>