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EDICIÓN | Septiembre 2012

Amor sin límites

Miriam Martin, UNPADE
Amor sin límites

El año 1984, a Miriam le pidieron formar COANIL Curicó, fundación en la que trabajó incansablemente, como voluntaria, hasta el año 2000. De ahí en adelante, esta mujer decidió centrar todas sus energías en sacar adelante otro proyecto que llevaba pocos años funcionando en la ciudad: UNPADE. Hoy, más motivada que nunca, solo quiere seguir buscando la forma de ayudar a estos jóvenes y a sus familias para que sientan que existe un lugar en donde pueden encontrar alegría, compañía y contención.

Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.

UNPADE fue fundado en 1985, en Santiago, por un grupo de papas de niños con deficiencia mental que buscaban crear una institución que ayudara a jóvenes y adultos con distintos grados de discapacidad intelectual. La idea era que, al egresar de la educación especial, estos jóvenes tuvieran un lugar que los acogiera y los estimulara a desarrollar diversas actividades, en compañía de otros de su misma condición. Hoy este centro cuenta con personalidad jurídica y funciona de forma independiente en algunas ciudades del país, gracias al esfuerzo de los papás que, día a día, buscan generar los recursos y conseguir donaciones para seguir impartiendo los talleres que realizan.

En Curicó, esta institución comenzó a funcionar hace ya quince años, de la mano del doctor Stockebran, y tuvo como primer presidente a don Enrique Cerpa. Cuenta Miriam Martin: “en la actualidad, las dependencias de UNPADE están ubicadas en la calle Río Baker 1569, en donde se imparten talleres de bordado, tejido, pintura, jardinería, trabajos en madera y todo tipo de manualidades”.

MAITE

“Piti”, como le dicen los amigos, ha vivido toda su vida en Curicó. Se casó a los veinte años con el empresario Vicente Sánchez Herranz y tiene cuatro hijos: Vicente, Fernando, María Inés y Maite, quien presenta un atraso en su madurez debido a problemas en el parto. “La Maite fue una niñita muy callada y más bien tímida. Hasta los siete años, más o menos, no me di cuenta de que tenía problemas, porque físicamente no se notaba ninguna diferencia con el resto de los niños. Solo cuando me dijeron que no podía seguir en el colegio al que asistía, empezamos a comprender que algo no andaba bien y comenzamos con mi marido a buscar todo tipo de ayuda profesional”

Fue entonces que Piti empezó a interiorizarse en el tema de los niños con discapacidad intelectual y se inició una historia ligada a ellos que la tiene motivada hasta el día de hoy. “Es indescriptible la emoción que se siente al ver cómo estos niños van progresando, se esfuerzan y consiguen lograr sus objetivos”. Maite, hoy de cuarenta y un años, tiene la madurez de una niña de ocho; sin embargo, ha sido tanto el cariño y el incentivo que ha recibido de sus hermanos, padres y familia en general que hoy, si bien no es posible que ande sola por la vida, ha logrado aprender a leer y a escribir, a tocar el órgano y el año 1984 fue campeona nacional de natación en las olimpíadas especiales.
“La Maite es súper empeñosa, machaca, ha aprendido más cosas de lo que su capacidad intelectual le permite, cosas que nunca nadie creyó que iba a poder hacer y que finalmente logró, sorprendiéndonos a todos. Yo siempre la he tratado de incentivar, darle las herramientas para que se vaya superando y logre cada día cosas nuevas”.

En UNPADE Curicó hoy se atienden veintiocho personas, cuyas edades fluctúan entre los veintiséis y los cincuenta años. Van a diversos talleres que se realizan todos los días entre las dos y media y las siete de la tarde, pagando una mensualidad de veinticinco mil pesos más veintiún mil por concepto de locomoción, un bus escolar que ganaron en un proyecto y que traslada a los jóvenes desde sus casas hasta el establecimiento todos los días del mes, con el fin de prevenir cualquier tipo de riesgo innecesario.”Muchas veces estos jóvenes no son del todo autosuficientes y sus padres o las personas que los tienen a su cargo no los pueden traer; esto, obviamente, genera que algunos se queden en sus casas frente al televisor sin realizar ninguna actividad que los entretenga y los haga sentir útiles”.

FINANCIAMIENTO ¡YA!

Al año, UNPADE recibe de la Municipalidad de Curicó quinientos mil pesos y el resto del financiamiento lo consiguen a través de la ayuda de empresarios de la ciudad, socios cooperadores, donaciones, comidas a beneficio, rifas, coronas de caridad y las dos colectas que tienen permitido realizar al año. Sin embargo, y a pesar de la constante preocupación de los padres por generar recursos para mantener estos talleres funcionando, toda la ayuda se hace poca para costear los implementos que necesitan, la mantención del recinto, la mantención del furgón escolar y el pago de los tres profesores que supervisan las tareas que realizan los jóvenes.

Es por esto que todos los trabajos que se efectúan en los talleres se venden al público en general. Paños de cocina, bolsas para el pan, los martes preparan pan amasado, dirigidos por un profesor a cargo, y los viernes hacen empanadas de pera, de alcayotas y manzanas, entre otros. Lo más triste de todo es que hoy muchos jóvenes se están quedando sin la posibilidad de asistir a estos talleres porque no tienen cómo pagarlos, y si bien han logrado conseguir becas para algunos de ellos, todavía tienen un número muy alto de deserción. “El grupo de oración de los papás del Colegio Vichuquén tiene becadas a dos niñitas de UNPADE y constantemente nos están ayudando en nuestras actividades. También mi hija María Inés se preocupa de cooperar todos los meses para sacar adelante estos talleres. La Mané ve con la felicidad que va su hermana Maite y de cómo para ella  es sagrada la asistencia a sus clases. Es la única forma en que comparte con otros jóvenes de su misma condición y se siente aprendiendo cosas nuevas y entretenidas todos los días”.

Durante todos estos años, ayudando muy de cerca tanto en instituciones como COANIL, la Escuela Especial D8 de Curicó y hoy enfocada en sacar adelante a UNPADE de la mano de su directora María Inés Flores y de la presidenta María Eugenia López, a Piti le ha tocado ver de todo. “Existe mucho abuso, de todo tipo, hacia estos niños. Muchas veces dentro de su mismo hogar. Violencia, abandono, violaciones, son pan de cada día. La mayoría de los padres de los jóvenes y adultos que se atienden en nuestros talleres son de escasos recursos, por lo que les resulta muy difícil entregarles el cuidado que necesitan”.

Actualmente, todas las personas con algún grado de discapacidad intelectual en el país tienen un carnet especial que los acredita como tal en caso de cualquier eventualidad. “Muchos de estos jóvenes ven en la asistencia a los talleres de UNPADE la posibilidad de sentirse útiles a la sociedad, comparten sus vivencias, se sienten contenidos, escuchados y, por sobre todo, respetados”.

Hoy, más que nunca, se hace indispensable contar con algún tipo de subvención por parte del Estado, como también es sumamente necesario que se entienda que la comunidad debe ayudar a este tipo de instituciones a seguir adelante. Uno de los problemas más graves es la falta de recursos para sostener estas iniciativas. Resulta urgente un compromiso de parte de empresarios o empresas de la zona en cuanto a entregar una donación mensual, sin tener que esperar que se las vayan a pedir.

¿Qué proyectos tienen en mente?
Crear una casa de acogida para cuando nadie los pueda cuidar. Tenemos una casa que ya fue construida gracias a una donación de la Fundación Alejandro Rojas Sierra, en donde queremos acoger a esos jóvenes o adultos que no tengan donde ir, que quedan abandonados a su suerte sin que nadie se entere. El gran problema es que hoy, con los recursos que contamos, con suerte podemos solventar el funcionamiento de los talleres.

¿Su gran ilusión?
Que esta obra siga creciendo y apoyando a los papás que, por diversos motivos, no pueden ni saben cómo sacar adelante a estos niños. Que exista conciencia social respecto de los cuidados y de las necesidades que estos niños requieren, no solo cuando son chicos, sino también cuando crecen. La mayor recompensa que uno tiene es ver la alegría con que ellos participan en todas las actividades que hacemos. El compromiso y el esfuerzo que ponen en cada una de las tareas que se proponen. Mi máxima felicidad es verlos contentos y toda mi energía sigue estando puesta en la alegría de estos niños y de mi hija Maite.

“El compromiso y el esfuerzo que ponen en cada una de las tareas que se proponen. Mi máxima felicidad es verlos contentos y toda mi energía sigue estando puesta en la alegría de estos niños y de mi hija Maite”.

 

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