Ingrid es especial en todo el sentido de la palabra. Profesora, artista, madre, para esta mujer rancagüina la vida no ha sido nada fácil. Aun así, con su simpatía, perseverancia y positivismo ha logrado cada objetivo que se ha propuesto. El último, traer el famoso Taller 99, fundado por Nemesio Antúnez el año 1956, en Santiago, a Rancagua. Aquí su apuesta: lograr difundir la creación del arte en la sexta región.
Por: María José pescador D./ Fotografías: Danny Bolívar U.
Vivió toda su infancia en Tipaume, comuna de Rengo, estudió ingeniería comercial en la Universidad Católica de Valparaíso, llegó hasta cuarto año, y tuvo que dejar la carrera por tres razones: la primera, es que ya estaba trabajando en exportaciones e importaciones de frutas, y el ritmo laboral no le permitió continuar sus estudios. La segunda, porque debía cuidar de su hija, Ingrid (21), la que tuvo a los dieciséis años. Y la tercera, porque el 2006 se volcó en su jeep, un accidente que le provocó serios problemas físicos. "Me tuvieron que operar toda la cara, tenía un hundimiento nasal que me llegaba hasta el cerebro, me reía y no sentía nada, quedé sin sensibilidad por mucho tiempo".
Ingrid (37) se crió con sus dos hermanos (Caco y Karen) y su papá (separado), quien trabajaba en Codelco y además era andinista. De ahí el gusto de esta mujer por los deportes. Hizo por años parapente -hasta que dos de sus amigos murieron realizando esta disciplina, y porque ella misma se cayó de una altura de quince metros en Maitencillo-. Hoy hace <em>kayak</em>, <em>surf</em>, andinismo, compite en carreras de aventuras, le gusta el <em>trekking</em> y la <em>mountain</em> <em>bike</em>. "Arriba de la montaña y con una botella de agua, soy tremendamente feliz".
<strong>LA AVENTURA DEL ARTE</strong>
Pero su padre no solo la guió en el camino del deporte, sino que además, en sus tiempos libres, Ingrid lo veía esculpir, en fierro y piedra, figuras maravillosas. También lo veía sacar fotografías y revelarlas en su propio estudio, "le gustaban las fotos en blanco y negro".
Con su pololo, padre de su primera hija, tuvo cuatro niños más -Catalina (11), Josefa (9), y los mellizos Florencia y José Pedro (7)-, se casó, y hace algunos años se separó. A raíz del cuidado de los peques es que tuvo que dejar el trabajo, y fue entonces que empezó a descubrir en sus ratos libres esta veta por el arte. "Mientras mis niños eran muy chicos empecé a desarrollar mi lado artístico". Entonces abordó la pintura, hizo un pequeño taller en su casa, y fue a clases con distintos profesores. Primero con Federico Cifuentes, luego con Francisco Zañartu en el Museo de Rancagua, para terminar yendo al Taller 99 en Santiago, donde fue por un período de seis años, hasta que se lo trajo a la zona.
"Ir al taller fue toda una aventura, fue emocionante, allí me enseñaron maestros como Gabriela Villegas, Antonio Kupfer, Rafael Munita, ellos fueron grandes guiadores en este camino que es lento, porque hay que empezar desde los elementos básicos de la pintura y del grabado que fue lo que a mí me gusto. Desde la punta seca, el agua fuerte, agua tinta, para terminar en técnicas de barniz blando, azúcar, entre tantas otras".
<strong>¿Cómo llegaste al Taller 99?</strong><br /> En aquella época yo tenía unos cuadros -acrílico- en la Galería Aninat, y un día fui y vi unos grabados de Fernando de Szyszlo, artista plástico peruano, y me enamoré de su trabajo y compré una litografía. De ahí que siempre volvía a la galería a preguntar si esto o aquello era una litografía o una xilografía o un grabado... entonces la misma Javiera García Huidobro (hija de Isabel Aninat), me dijo que tenía que ir al Taller 99 y que tenía que aprender a hacer grabado.
<strong>¿Pero cómo llegaste a tener cuadro en la Galería Aninat? Nada fácil...</strong><br /> Lo que pasa es que yo ya había realizado varias exposiciones, dentro de estas una en el Hotel Santa Cruz, y esa la vio Javiera y me dijo que le pasara algunos cuadros para la galería.
<strong>EL TALLER</strong>
Siguiendo los consejos de Javiera García Huidobro, Ingrid partió al famoso Taller 99. Este lugar fue fundado, en 1956, por Nemesio Antúnez -arquitecto de la PUC y magíster de la Universidad de Columbia en Estados Unidos-, quien un día decidió abocarse a lo que era su máxima pasión y empezó a pintar. En Nueva York descubrió el grabado como expresión artística de la mano del "Atelier 17", dirigido por Sandley Hyter, y frecuentado por maestros como el mismísimo Miró. Atelier se trasladó a París y Nemesio también. Cuando regresó a Chile, Antúnez creó Taller 99 como un centro de actividad en torno al grabado.
Taller 99 es hoy una corporación cultural sin fines de lucro. Por aquí han pasado tremendos artistas como Roser Bru, Gonzalo Cienfuegos, Lise Moller, Walter Müller, Antonia Telléz, Santos Chávez y muchísimos más. "Fue y sigue siendo una experiencia maravillosa; digo sigue siendo porque todavía voy de vez en cuando, me cuesta alejarme. Y es que yo estaba todo el día en el taller, era la única rancagüina que viajaba a las clases, varias veces saqué hasta la basura...".
Como las clases eran solo una vez a la semana Ingrid, quedaba con gusto a poco, por lo que hizo un gran esfuerzo y se compró su propia prensa, la que junto con los ácidos dispuso en el lavadero de la casa a puertas cerradas por temor a que los niños tomaran estos productos. Así empezó a dedicar cada vez más tiempo al grabado, por lo mismo fueron sus propios profesores quienes, al ver el compromiso y pasión de esta mujer por el arte, los que la impulsaron para traer el taller a Rancagua. "Fue una idea en equipo. Como me aterraba hacer clases, me dijeron que podía venir un profesor de Santiago a ayudarme, con tal que me trajera el Taller 99. Incluso me acuerdo que Rafa Munita me dijo: <em>"</em>Tú tienes que ser como Nemesio Antúnez en Rancagua" (se ríe).
De esta forma y con la ayuda de Soledad Castillo (profesora de Santiago), abrieron el taller, en una primera oportunidad, en el centro de Rancagua, hace dos años. "Yo finalmente estoy patrocinada por el Taller 99, y toda la estructura de aprendizaje es rigurosa, y es tal cual se hace en Santiago. Seguimos las mismas pautas, y los profesores de la capital vienen a ver los resultados de los alumnos, vienen a supervisar el trabajo, nos revisan todas las carpetas; esa es la idea".
Del centro de Rancagua, y hace un año, Ingrid decidió cambiar la sede para estar más cerca de su casa. Y llevó el taller a Requínoa. "Gracias a mi actual pareja -Jaime Arrau- es que tenemos este lugar. Antes era una bodega que no tenía nada de nada. Nos costó más menos dos meses remodelarlo todo para producir un verdadero taller profesional. ¡Estuvimos dos semanas, por lo menos, raspando el piso que estaba lleno de tierra para ver de qué material estaba hecho!
<strong>EN REQUÍNOA</strong>
Hoy, Taller 99 en Requínoa es un lujo, posee absolutamente todas las instalaciones necesarias para trabajar cómodamente con diez alumnos, en un espacio de dieciséis por ocho metros, que por fuera es una pequeña casa colonial, de adobe. Dos grandes mesones de trabajo en gruesa madera noble, prensas, secadores, piscina de tratamiento (en donde se meten las láminas y se trabajan los ácidos), paredes llenas de cuadros, todos resultados de los aprendices. Como las clases son de diez de la mañana a cinco la tarde, el lugar posee lo necesario para almorzar, trabajar y compartir. "Aquí lo que se quiere lograr es que el alumno supere al maestro".
<strong>¿Y cómo lo haces con los niños?</strong><br /> He tenido harta ayuda, aunque ellos siempre andan conmigo, me acompañan a las ferias y exposiciones en Santiago y, obviamente, todos hacen grabados.
<strong>¿Muy difícil ha sido la convocatoria de la gente de la región?</strong><br /> Los proyectos culturales no son fáciles, falta difusión, y que la gente sepa que no es necesario que sean artistas para venir e introducirse al tema del grabado, la idea es que vengan a aprender. Pero, en realidad, siento que por ahora ha sido buena la convocatoria. Siento que hoy las personas están tomando más peso al tema del arte.
<strong>¿Qué feria no te pierdes?</strong><br /> Ch.ACO (Feria de Arte Contemporáneo). Este año fui dos veces y me sorprendieron los artistas Leonardo Tartiglia y Ricardo Lanzarini.
<strong>¿En qué estas ahora?</strong><br /> Estoy experimentando una técnica de grabado que se llama Hayter, se trata de mezclar colores de diferentes densidades, me ha encantado. Y bueno, también enfocada con el proyecto del GAM (Centro Gabriela Mistral). Este consiste en intervenir veintiocho mariposas -que representan a seis especies chilenas, las que fueron dibujadas por Claudio Gay en el Primer Atlas de Chile- por la misma cantidad de artistas, con la finalidad de exponerlas en la fachada del edificio. Por último, estas mariposas serán rematadas en apoyo a la Fundación Rodelillo en su proyecto "Mujeres Emprendedoras". Esta exposición cuenta con la colaboración del Centro de investigaciones Diego Barros Arana de la Biblioteca Nacional. La curatoría y producción de la muestra corre por cuenta de Benjamín Le-Beuffe y Juanita Mir, de Santiago Cult, con el auspicio de Kotex.
<strong>¿Enmarcaciones?</strong><br /> Bueno, desde hace tiempo que queríamos tener este servicio que ha sido todo un éxito, porque la gente ya no necesita ir a Santiago con los cuadros; nosotros tenemos preciosas y gran variedad de molduras, algunas incluso propias y a muy buen precio.
<strong>¿Qué se viene para el taller?</strong><br /> Se vienen las clases de xilografía, de escultura, de pintura en óleo y acrílico. Por otro lado, me gustaría convocar a niños en riesgo social o de escasos recursos y regalarles becas para que vengan y hacerles clases. Es un tema que aún está en pañales, pero es un sueño que quiero cumplir.
<strong>¿Algo que pedirle a la vida?</strong><br /> Nada, la vida ha sido muy buena conmigo. Estoy en un minuto en que soy muy feliz, siempre he sido perseverante, positiva, y lo más optimista que hay. He trabajado toda la vida, desde chica, por mi hija; he aprendido a vivir con temas como la pérdida de una guagua en pleno parto, lo que me ha ayudado a valorar las cosas, a tirar para arriba, a vivir el minuto y a no pensar en qué pasará en dos años más. Ahora con el taller, con mi pareja, con mis niños, me siento plena, ¿qué más puedo pedir? Para mí la felicidad está en las cosas simples, subir el cerro y encontrar lugares únicos, estar con mi familia, y pintar.
<strong><em> "Fue una idea en equipo. Como me aterraba hacer clases, me dijeron que podía venir un profesor de Santiago a ayudarme, con tal que me trajera el Taller 99. Incluso me acuerdo que Rafa Munita me dijo: "Tú tienes que ser como Nemesio Antúnez en Rancagua" (se ríe).</em></strong>
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