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EDICIÓN | Septiembre 2012

De la Tierra a la Casa

Raúl Briones, tejido en mimbre, Chimbarongo
De la Tierra a la Casa

Así tal cual. Esto es lo que hace Raúl Briones desde que tenía nueve años: transforma las varas de mimbre que crece en los campos en espectaculares objetos de culto. Aprendió esta técnica ancestral de la mano de su padre, allá en su tierra, Chimbarongo, en la Región de O’Higgins. Hoy sus manos entretejen los mejores diseños vanguardistas para los grandes diseñadores de Chile.

Por María José Pescador D. Fotografías: Danny Bolívar U.

Chimbarongo es la tierra conocida por la producción y creación de todo tipo de objetos para la casa hechos en mimbre. El tejido o las tramas siempre fueron las clásicas, y quienes han pasado por fuera de este pueblo, han visto los puestos en la carretera con los típicos silloncitos tipo nido, las cunas para guaguas, los revisteros, canastos, casas para mascotas, lámparas, libreros, mesitas, sillas y otros. ¿Quién no compró alguna vez algo de mimbre? Seguramente, en la mayoría de las casas, las terrazas son de este antiguo material, el que poco a poco ha sido desplazado por copias en plástico —más resistentes para la intemperie—, por rattan o, incluso, bambú.

Pero esta fibra tiene la flexibilidad que le falta a las demás, viene en tres tonos, puede partirse para obtener distintos tipos de tamaño, o para que la vara sea plana, o bien redonda. El mimbre no tiene límites a la hora de crear, con este se puede hacer de todo, y esto bien lo sabe Raúl (39), artesano que, después de treinta años en el rubro, posee en sus manos el don de hacer realidad lo que usted le pida en este noble material.
“Aprendí con mi papá y después estuve en el taller de don Luis Jorquera. A los nueve años empecé con esto, estudiaba y trabajaba, y recién a los diecisiete tuve un espacio para hacer mi propio taller”. Así se costeaba sus gastos. Empezó tejiendo pisos y sillones en fierro, hasta que apareció una clienta con lo que para él, en aquella época, fue todo un desafío, un diseño nuevo, más moderno.

Pronto Raúl se fue haciendo conocido en el rubro, incluso lo llamaron para que fuera a las cárceles de Curicó y Molina para hacerles clases a los presos. Luego ganó un proyecto de incubadora microempresa, el que le sirvió para ir a realizar una capacitación a Curanilahue. Fue aquí en donde conoció a Paola Silvestre, quien por aquel entonces estudiaba en la Universidad de Concepción. Esta diseñadora visionaria fue una de las primeras que tomó el mimbre como material para crear objetos y mobiliario fuera de lo tradicional, para darle ese boom vanguardista y moderno que viene hace tiempo arraigándose al diseño mobiliario chileno.
Junto a Paola, Raúl trabajó por seis años. Ella diseñaba y él tejía. Así Briones conoció a quienes hace un par de años cambiaron el rumbo del mimbre y le dieron nueva vida. Los gestores de Made in Mimbre mandaban a hacer ciertas cosas a un amigo de Raúl, hasta que este no se atrevió con las formas de las pantallas para lámparas; entonces contactó a su partner artesano. “Me dejaron unos diseños como desafío preguntándome si yo era capaz de llevarlos a cabo. Cuando terminé la primera pantalla, yo mismo quedé impresionado porque resultó realmente bonita”.

Hace aproximadamente dos años que Raúl se encarga de realizar pantallas de todo tipo y tamaño para la destacada firma Made in Mimbre, en su taller en el centro de Chimbarongo, un espacio reservado como el estacionamiento de su casa, en el que tiene diversas máquinas, todo tipo de varas de mimbre, muchas pantallas listas para entregar, de todos los tamaños y tonalidades. Y algunos prototipos de sillones y pufs, mitad tejidos en mimbre y mitad en plástico de colores.

NADA FÁCIL

El proceso de realizar el tejido con mimbre es bastante difícil. Partiendo de la base que los productores entregan la materia prima ya procesada. Raúl compra el mimbre a un productor de la zona que tiene la maquinaria necesaria para darle el tratamiento que requiere y así obtener los largos, formas y los tres tonos conocidos: café oscuro, tostado y crema. “Para esto hay que tener el mimbre en pozos de barros por meses para que suelte la cáscara, así se obtiene el tono más claro. El tostado, en cambio, resulta luego de introducirlo en una batea con agua hirviendo por horas. Y para el tono más oscuro se hace lo mismo que para el tostado, solo que luego de haber soltado la cáscara se vuelve a introducir en las bateas con agua. Son pasos bien engorrosos, porque no es solo esto, sino que, además, hay que tener máquinas especiales para darles la terminación y calibrarlos, entre otros.

¿Cuáles son los pasos que siguen ya en el taller?
Con el partidor —herramienta de madera— se separa la varilla en cuatro. Luego pasa a la descarnadora eléctrica, la que “descarga el mimbre”, es decir, le saca el corazón, lo más pesado. Luego se moja en una batea con agua para que quede más flexible. Los pasos que siguen son a través de la descarnadora manual, para seguir tallando la vara, y luego pasa al descostillador, que sirve para darle el ancho final a la rama. Una vez listo esto, se hace el armazón para comenzar el entramado y posterior tejido.

¿Qué tipo de mimbre es el más caro?
Varía dependiendo del ancho y tono. El oscuro es el más caro. Y mientras más finas las varas para el tejido, más costoso el trabajo, porque requiere más material y más tiempo. El ancho máximo que se le pueda dar es de seis o siete milímetros y el más fino es de dos milímetros.

¿Lo más extremo que ha hecho en mimbre?
El techo de mimbre del pesebre de La Moneda que se exhibió el año pasado. Tenía tres metros de alto por seis de ancho. Y los árboles que estaban a su lado y que algunos midieron hasta cinco metros de alto. Me demoré un mes en hacerlo. También unas pelotas gigantes de dos metros de diámetro que fueron para la Municipalidad de Chimbarongo.

¿Por qué no tiene una tienda en la carretera?
Porque trabajo a pedido (r_briones_m@yahoo.es ) y las cosas que hago no se venden aquí en Chimbarongo. Los trabajos finos son más costosos, y además, las personas están acostumbradas a lo típico, lo clásico, difícil cambiar el gusto. Poco a poco creo que, al igual que otro tipo de artesanías autóctonas a las que no se les inyecta economía porque no es de interés general, el mimbre va ir desapareciendo.

“Hice el techo de mimbre del pesebre de La Moneda que se exhibió el año pasado. Tenía tres metros de alto por seis de ancho. Y los árboles que estaban a su lado y que midieron algunos hasta cinco metros de alto. Me demoré un mes en hacerlo”.
 

 

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