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EDICIÓN | Septiembre 2012

El jardín de Europa

Parque Keukenhof

Con increíbles imágenes de este famoso parque en Holanda, damos la bienvenida a la tan esperada primavera. Treinta y dos hectáreas, quince kilómetros de paseos y senderos, más de siete millones de flores que forman jardines sorprendentes y mágicos. Un espectáculo de colores y fragancias. Tulipanes, jacintos, orquídeas, claveles, rosas, azucenas, lirios y narcisos bailan al son del viento y el sol en un parque histórico, de ensueño e inspirador. Un dato: abre solo ocho semanas al año. La próxima apertura será el 2013: del 21 de marzo hasta el 20 de mayo. Un destino imperdible si anda por esos lados.

Por Macarena Ríos R./ fotografías gentileza Keukenhof

Keukenhof es un parque único, famoso en todo el mundo y considerado por los expertos como el lugar perfecto para ver florecer la primavera. Ubicado a cuarenta kilómetros de Ámsterdam, y cercano al pueblo de Lisse, ofrece un verdadero espectáculo visual con sus árboles centenarios, lagos, plantas perennes, arbustos y enormes extensiones de césped con jardines temáticos: aromático, abstracto, multicolor, de estilo renacentista, acuático. El límite es la imaginación.

Además de los tulipanes, la flor emblema del país holandés (se calcula que existen más de cinco mil variedades), el parque cuenta con numerosos jardines y cuatro grandes pabellones —Pabellón Oranje Nassau, Pabellón Willem Alexander, Pabellón Reina Beatriz y Pabellón Reina Juliana—, donde se exponen las flores más increíbles.

Conocido como el “jardín de Europa”, este paisaje natural posee fuentes, estatuas, terrazas, escaleras, puentes e invernaderos que se unen al infaltable molino holandés —que data de 1892—, desde donde se puede apreciar una preciosa perspectiva de Keukenhof y sus interminables campos de flores.

LOS ORÍGENES

Según los historiadores, este parque centenario perteneció a la duquesa Jacoba de Baviera allá por el siglo XV, quien lo utilizaba para descansar, cazar y recoger hierbas y especias durante sus paseos que luego se usaban en la cocina del castillo. De ahí su nombre: Keukenhof, que en neerlandés significa “jardín de la cocina”.

Corría el año 1830 cuando se le encomendó al arquitecto paisajista Jan David Zocher, el diseño de unos jardines. Inspirándose en los bucólicos paisajes ingleses, Zocher utilizó las flores como elemento esencial del diseño y trazó los rasgos generales de lo que más tarde sería Keukenhof y que hoy se alza como uno de los principales atractivos turísticos de Holanda en primavera.

Pero no fue sino hasta 1949 que comenzó a gestarse su real valor. Ese año, un grupo de cultivadores y exportadores de tulipanes tuvo la genial idea de organizar una exhibición floral al aire libre. Una suerte de vitrina comercial en la que los productores holandeses de bulbos comenzaron a mostrar la calidad de sus productos. Y esa es la historia: La exposición de flores, con el correr del tiempo, finalmente se transformó en una costumbre anual, convirtiendo a este parque en un paraíso para los fotógrafos y amantes de la flora. Otro dato: fue la arquitecta paisajista, Jacqueline van der Kloet, quien rediseñó parte del parque.

La visita a Keukenhof es bien didáctica e informativa y hay bastante material si uno se quiere convertir en un experto en la plantación y mantención de tulipanes. También hay diferentes tiendas que venden bulbos, semillas, libros especializados —que hablan sobre la forma correcta de usar el agua, el modo y profundidad de plantar los bulbos, los cuidados en invierno, etc.—, pequeñas herramientas para el jardín y abonos.

FACTOR SORPRESA

Lo entretenido es que el diseño del parque va cambiando año a año y adopta un aspecto totalmente nuevo según el tema central de la temporada. La preparación para la temporada siguiente comienza cuando se cierran sus puertas. Jardineros, paisajistas, incluso arquitectos, comienzan a diseñar el jardín del año siguiente, mejoran las instalaciones, modifican las combinaciones de colores, dibujan  nuevos macizos de flores y añaden novedosas formas. El objetivo es que cada año Keukenhof se supere a sí mismo. Una tarea titánica que dura diez meses.

Aunque es común visitarlo y pasear por los alrededores en bicicleta, ahora es posible viajar en barcas acondicionadas con motores eléctricos, que navegan por los pequeños canales sin hacer ruido y respetando el medio ambiente. El llamado Paseo de los Susurros, dura cerca de una hora y posibilita la toma de buenas fotografías del paisaje.

Ya está advertido. Si su destino el próximo año es el viejo continente, déjese maravillar por el “jardín de Europa”. Una verdadera oda a la primavera.

 

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