La repentina muerte de su mamá, la pérdida de un hijo poco antes de nacer, la lucha incesante por adoptar en Haití, su trabajo en la fundación Simón de Cirene y en el Patronato Sagrados Corazones, son algunos de los hitos que han marcado a fuego la vida de Catalina. Una vida aguerrida, llena de significados y con un fuerte sello social. Una vida plena que se cuela por sus ojos grandes y solidarios desde el Cerro Castillo.
Por Macarena Ríos R. /fotografía Vernon Villanueva B.
Vive en una casa amplia, blanca, antigua. Con un jardín generoso rodeado de un parrón, plantas y enredaderas. Desde su calle se puede ver el mar, los barcos que van y vienen, el puerto loco de Valparaíso. Llegó desde Santiago hace más de cuatro años, escapando del ritmo frenético, del consumismo, y aunque no es viñamarina dice que se siente una más. “Viña ha sido para nosotros una tremenda oportunidad para conectarnos con lo que realmente nos importa, para reinventarnos como familia”.
Su infancia fue tranquila, entretenida, con Vichuquén como centro de operaciones todos los veranos. Tercera de seis hermanos y única mujer hasta los ocho años, Catalina creció jugando a los autitos, andando en bicicleta y participando en cuanto partido de fútbol y béisbol se organizaba en el patio de su casa. “Somos una familia muy diversa, por lo tanto muy entretenida... Imagínate que tengo un hermano que es animador de televisión en Estados Unidos, otro que es empresario, un científico, un hermano que se prepara para ser sacerdote, y mi hermana que es fotógrafa y profesora de yoga”.
¿La alegría más grande?
Ser mamá.
¿El momento más duro que has tenido que vivir?
La enfermedad y muerte de mi madre y la pérdida de mi hijo Clemente.
INOLVIDABLE
En una esquina del terreno se alza una pequeña construcción: es la oficina de Catalina, desde donde crea y organiza diversos programas, cursos y talleres de gestión social, destinados a fortalecer y ayudar a los microempresarios a través de la fundación Simón de Cirene. Dice que ha aprendido a trabajar con pasión y a disfrutar lo que hace. Las paredes están tapizadas de cartas Gantt, gráficos y organigramas. Su corazón, lo está de historias increíbles que hablan de valentía, de perseverancia, de lucha.
¿Por qué Simón de Cirene?
Conocí la institución cuando estaba estudiando ingeniería comercial en la Universidad Gabriela Mistral (Santiago) y me deslumbró. Le dio un sentido a mi carrera, porque era aplicar lo aprendido, pero con un sello social. Creo en la promoción de las personas, me gustan los desafíos y darle un norte a lo que hago.
¿Esa vocación social fue heredada?
De mi mamá, de ella heredé la sensibilidad, la intuición, la apertura y el sello social. De mi padre, lo organizada, el compromiso por las cosas que hago y el amor por la familia.
¿Alguna lección inolvidable?
He conocido a personas que se juegan la vida por otros, gente que es capaz de trascender a cualquier barrera para lograr sus sueños. Mujeres maltratadas que aquí encuentran su propia voz y que salen adelante a pesar de todo y contra todo. Mujeres que le doblan la mano al destino, que tienen un espíritu emprendedor que está ahí, dentro de ellas y que solo necesitan un pequeño empujoncito y algunas herramientas para salir adelante y dar un vuelco en sus vidas y en sus familias.
¿Alguien que haya quedado en tu retina?
Tuve una alumna con verdaderos deseos de salir adelante y emprender. Participó en nuestros talleres, se capacitó, postuló y ganó un capital semilla, y hoy está dando los primeros pasos para exportar. Siempre soñó en grande, y hoy está cumpliendo esos sueños.
LAZOS DE AMOR
Muchas veces, Catalina ha debido respirar fuerte y levantar los ojos al cielo. El cariño, la empatía, los inevitables lazos que se forman durante los cursos con algunas mujeres que buscan volver a empezar, le bajan la guardia. Por eso comenta que le habría encantado haber tenido alguna noción de sicología para poder lidiar de mejor forma con problemas ajenos. “Cuesta no hacerlos propios y no sufrir con ellas cuando están mal”.
Su corazón solidario y empático, ese que ayuda a cargar otras cruces, tal como lo hizo Simón de Cirene con la de Jesús, no descansa en la búsqueda de nuevos proyectos: “Estamos capacitando a microempresarios en Concón, y con el apoyo de CORFO comenzamos con un programa de apoyo en Viña a personas que fueron afectadas por el incendio que hubo en el verano en Miraflores alto y que perdieron todo, sus casas, sus negocios, sus sueños… Queremos apoyarlos en la reconstrucción de su futuro”.
Me cuenta que lleva tres años participando en el directorio del Patronato Sagrados Corazones, una institución muy antigua en la región que tiene hogares de niños en riesgo social, desde recién nacidos hasta madres adolescentes. Hay dos salas cunas y un jardín infantil para hijos de mujeres trabajadoras. “Quienes trabajan ahí lo hacen con un verdadero compromiso por los niños”.
¿Fue ahí cuando te abriste a la adopción?
Siempre fue un proyecto nuestro como pareja, pero tiempo después de la partida de Clemente decidimos explorarlo. Fue él quien abrió la puerta y nos dejó el camino pavimentado. Nos quedamos con tanto amor entre nosotros que siento que, de alguna manera, lo estamos reservando para un nuevo integrante. Cuando sea el minuto, estoy segura que llegará y eso me deja tranquila. Por ahora nuestro foco está en Haití.
HAITÍ
Hace un año a Catalina le cambió la vida. Y el responsable fue Haití, un país lleno de contrastes, donde hay “una pobreza desgarradora y también mucha riqueza”. Viajó con una amiga por un proyecto personal. Iban a colaborar con un hogar de niños. Llevaban cajas y cajas de pañales, ropa, comida. Al bajar del avión caminaron con su equipaje sobre un carrito por la losa del aeropuerto. El trayecto se les hizo eterno. “Era como un pasillo gigante donde sabíamos que al final nos esperaba “alguien” de la fundación. Estaba lleno de haitianos a los costados. Grandes, altos, que hablaban en un dialecto incomprensible, que se abalanzaban sobre las cajas, que peleaban entre ellos”.
¿Si pudieras retratar a Haití en una palabra, cual sería?
Desesperanza.
¿Qué fue lo que más te llamó la atención?
Me sorprendió ver muchos escombros, y a toda la gente en la calle vendiendo cualquier cosa. La gran mayoría vive sin acceso a las necesidades básicas: agua, luz y alimentos. También se me quedó grabado ver cómo los niños, a pesar de vivir en tierrales, van al colegio vestidos y peinados en forma impecable. ¡Tienen unas ganas de aprender que te emociona!
¿Lo que no olvidas?
Durante mi primer viaje, vi a un niño de unos siete u ocho años que se subía en los parachoques de los autos. Se bajaba, y se encaramaba a otro auto, y luego a otro y a otro… Andaba por la calle hacia cualquier lugar, sin rumbo. Sin destino.
Ha ido varias veces desde el año pasado. Ya se acostumbró al paisaje agreste, a las manos infantiles que se alzan a su paso, a la ausencia de verde, a los escombros, a la gente en las calles vagando sin rumbo. Ya se acostumbró al pasillo interminable al bajar del avión. Llega con lo justo, apenas una maleta y un par de cajas, pero con el alma henchida de amor y esperanza. De ilusión por adoptar a una pequeña que le robó el corazón. A ella, a su marido y a sus tres hijos.
EN FAMILIA
Casada con Jorge Ignacio Cortés (Jonacho), su partner, tienen tres hijos: Ignacio (13) un apasionado del fútbol (participa desde chico en la selección de futbol del colegio) y chuncho de corazón; Emilia (11) “mi gran compañera” y Amanda (6) “muy regalona y tecnológica”.
A la Cata le encantan los fines de semana, romper con la rutina y que siempre haya música en su casa. Le gusta andar “a pata”, la vida al aire libre, una buena conversación, pero, por sobre todo, dice que nada de lo que hace tendría sentido sin el apoyo incondicional de “Jonacho”. “Es mi compañero de vida, sin él no podría estar en las mil quinientas cosas que hago”.
¿El regalo más especial?
Los que hacen mis hijos, las tarjetas y cartas que me escriben. Guardo todo, porque para mí son los regalos más especiales.
¿Qué te pone nerviosa?
Dar explicaciones, lo nuevo, improvisar.
¿Tu piedra angular?
Mi familia, especialmente mi papá.
¿Qué te apasiona?
Un aperitivo en la noche, los paseos, salir de camping, Vichuquén, mi trabajo, un nuevo proyecto.
Lo que no transas…
Un rico té chai con leche de soya.
¿Qué te molesta?
Los trámites, los tacos en la calle, el frio, la flojera, la mentira, la desconfianza.
¿El mejor consejo que te han dado?
“Sigue tu intuición…”, he aprendido a darle un espacio y me ha ayudado a tomar decisiones muy importantes en mi vida.
¿Qué te emociona?
Me emociona ver fotos, videos, soñar, una película romántica, un regalo sorpresa.
¿Has llorado de impotencia?
Sí, he llorado… en Haití.
“Somos una familia muy diversa, por lo tanto muy entretenida... Imagínate que tengo un hermano que es animador de televisión en Estados Unidos, otro que es empresario, un científico, un hermano que se prepara para ser sacerdote, y mi hermana que es fotógrafa y profesora de yoga”.