Así es, porque la señora Juanita se ha ganado tantísimos premios que no lo decimos nosotros, lo dice el mundo, ella es la mejor artesana en teatina de Chile. Y ahora que estamos ad portas de Fiestas Patrias, ¿quién no querría un sombrero hecho por las manos de esta mujer? Aquí la historia de una vida de esfuerzos, de una artista, de una mujer ejemplar, de una artesana de esas que están en vías de extinción. Desde su pueblo natal, La Lajuela, comuna de Santa Cruz, Juanita Muñoz nos cuenta los secretos de su oficio.
Por María José Pescador D. Fotografías: Danny Bolivar U.
A los tres años andaba recogiendo la teatina, más comúnmente conocida como paja, por los campos; a los cinco ya sabía preparar y tejer esta materia prima. A los siete les hacía sombreritos a sus muñecas. Desde que tuvo uso de razón que la señora Juanita (54) vio cómo su abuela, su mamá y toda su familia trabajan en el rubro de esta artesanía ancestral. De hecho, ella ya es la quinta generación de los Muñoz que sigue en esto, y ve con pena que sus hijos no tienen mucho interés en continuar la tradición.<br /> <br /> "La artesanía fina, hecha a mano, ya no se cotiza tanto como antes, la gente no valora el trabajo que significa esto, no pagan lo que realmente valen los meses, el cansancio, el dolor de brazos y de manos; menos aún se valora el amor y cariño con que los artesanos trabajamos cada pieza, no les interesa esto, mucho trabajo, poca plata", cuenta esta malabarista de la teatina con bastante pena. Encima de la mesa de su casa, muestra un libro, ese que realizó la Pontificia Universidad Católica (PUC) cuando la misma institución la premiara como la Mejor Artesana Nacional en 1998. En ese libro, cinco hermosas páginas dedicadas a ella, y lo demás a otras artesanas distinguidas de todo el país. <br /> <br /> Más allá, diplomas y trofeos: fue monitora y expositora en el Scout Jambore Mundial de Chile, ha ganado primeros lugares en distintas ferias, como lo demuestra un cuadro en donde la Municipalidad de Santa Cruz le otorga los máximos beneplácitos. El 2009 ganó el sello de excelencia en artesanías del Centro de Extensión Nacional del Consejo de la Cultura y de las Artes. Ha sido dos veces distinguida con el sello de excelencia de la UNESCO para las artesanías del Cono Sur, el 2009 y el último lo recibió el 2010 de la mano del ministro Luciano Cruz Coke y del presidente del Consejo Regional de la Cultura y de las Artes, Issa Kort.<br /> <br /> <br /> <strong>ENTREGA TOTAL</strong><br /> <br /> Más de cuarenta años en el rubro han hecho que, definitivamente, nadie supere las obras de esta mujer. Ella fue la primera en inventar las joyas de teatina con plata, esas que hoy en día se ven por todas partes; además, sus creaciones más premiadas, a parte de los distintos sombreros utilizados por los huasos chilenos desde antaño, están sus hermosas carteras de diseño propio: en hacer una se tarda tres meses. <br /> <br /> En el living de su casa más de cien chupallas se posan en el piso. Algunas de mejor calidad que otras, ya que todo se define dependiendo de la fineza de la teatina. El sombrero más caro cuesta unos ochenta mil pesos, firme, distinguido, con excelentes terminaciones y de un color grisáceo. En el comedor, teatinas por doquier, de distintos colores y trenzados. "La calidad depende del tratamiento que se le dé a la paja, y si esta es fina o muy gruesa, también de la forma del trenzado".<br /> <br /> En el comedor, su antigua máquina de coser, sus carteras de teatina. Aquí muestra cómo realiza su trabajo; antes ella misma sacaba la teatina de los potreros cercanos, ahora la compra y el tejido base lo manda a hacer. Una vez entregado, la señora Juanita decide si teñirlo o dejarlo al natural. Lo tiñe con anilinas especiales para teatina. Luego toma ocho finas hebras y empieza a tejer, muy rápido, sobre una especie de cruz de madera de pie, "El Tejedor" se llama este aparato ultra sencillo. Luego mezcla colores, y con un cuchillo empieza a cortar las puntas sobrantes. <br /> <br /> Posteriormente, la hilera tejida se pasa por una pequeña máquina que hace las veces de planchado, para que el tejido quede plano y liso. Una vez hecho esto, se empieza a coser a máquina. "Los sombreros son de una sola pieza, se les va dando la forma con las manos". En un segundo hace un mini sombrerito.<br /> Lo que viene es el encolado, el sombrero se introduce en una solución especial para teatina, que hace que se pegue y afirme de mejor manera. Luego, y una vez seco, se procede al planchado. Para esto, doña Juanita cuenta con el planchado manual, que se hace sobre un género húmedo y plancha casera, y también con una máquina industrial traída directamente desde Italia. Para mostrar este último paso, antes de poner la cinta que caracteriza las chupallas, nos invita a pasar a su taller, que está detrás de la casa. Se abre la puerta y el mundo de los sombreros impresiona. <br /> <br /> Como su antiguo taller se cayó con el terremoto, construyó uno en cartón y madera. Por dentro, repisas repletas de sombreros de todo tipo, además de distintos tamaños de moldes en madera y otros en metal. La máquina industrial de planchado, y millones de herramientas por todos lados. Este es un taller como pocos. Difícil de explicar, mejor ir a verlo en persona: para conocerlo y comprar chupallas directamente, la señora Juanita cuenta con una tienda que se ubica a un lado del Hotel Santa Cruz, frente a la plaza. Se llama <a href="mailto:artesaniajuanita@hotmail.com" target="_blank">"Artesanía donde la Juanita"</a>.<br /> <br /> <strong>¿Cuándo va a dejar de tejer la teatina?</strong><br /> Nunca. Es algo que puede más que yo. Me encanta, no podría hacer otra cosa. Me gustaría dedicarme más a la casa, hubo momentos en que solo trabajaba, pero es que no puedo dejar de hacerlo. Es como una terapia, es intentar crear lo que uno se imagine. Es cultura, es mi oficio.<br /> <br /> <strong>¿Un sueño?</strong><br /> Que alguno de mis hijos siga la tradición y se convierta en la sexta generación de la familia en fabricar artesanía de teatina.<br /> Con este pequeño reportaje, revista Tell quiere homenajear a todos los artesanos de corazón y, por sobre todo, a doña Juanita, humilde, simpática, tremendamente apasionada, artista del diseño, maestra con sus dedos. Felicitaciones a esta mujer, pocas como ella, y que además es nuestra, colchagüina de tomo y lomo. La mejor de todas está aquí, si usted es de la región, no puede perdérsela. <br /> <br /> <br /> <em><strong>"La calidad depende del tratamiento que se le dé a la paja, y si esta es fina o muy gruesa, también de la forma del trenzado".</strong></em>