Es realmente increíble que una mujer a los treinta y cuatro años decida realizar una travesía como la de cruzar el atlántico y en solitario.
Desbordante pasión, impecable disciplina y la certeza de creer en ella y de reconocerse como mujer de valor han sido fundamentales para Galia, al atravesar un par de veces varios mares de desafíos y que la preparan hoy para nuevas aventuras.
“He encontrado la admiración personal. Muchas veces me ha costado reconocer que crucé el atlántico, que he hecho lo que hice y me lo recuerdo constantemente”, señala Galia con firmeza.
La admiración tiene que ver con mirarnos y querernos, observarnos y valorarnos, con reconocernos y creer en nosotras mismas, con disfrutar quienes somos y en quienes nos estamos convirtiendo.
Y sí, creo que pasamos etapas de nuestra vida viviendo con la tentación de encontrar y de depender de la admiración en otros, dejando que ciertas circunstancias y personas definan nuestro valor real.
Por otro lado tendemos a ser muy críticas con nosotras mismas, somos castigadoras y en ocasiones auto-flagelantes. No nos permitimos error ni fracaso… la situación empeora cuando llegamos a avergonzarnos de nuestros logros y de nuestras victorias.
Sin caer en la arrogancia, el encontrar y mantener esa “admiración personal” es esencial para nuestra vida, nos anima a embarcarnos en nuevas travesías y nos mantiene en rumbo al pasar por corrientes, vientos y tormentas… El llegar a lograr lo que queremos y soñamos no dependerá de una cruda y dura auto-crítica, sino del reconocimiento de nuestras sistemáticas y constantes victorias personales y de que interioricemos conscientemente nuestro valor.
Ya es tiempo de querernos, de reconocernos y de admirarnos. Somos mujeres de valor, no lo olvidemos.