“Es evidente que la pobreza es el gran obstáculo por superar del pueblo mapuche. Más aún si profundizamos la crisis con el abandono de un país que jura que el desarrollo, y, lo que es peor, la felicidad, pasan por los kilómetros de carreteras construidos o el avance tecnológico en los celulares”.
Siempre me ha llamado la atención ver que lo que se muestra por televisión es completamente distinto a lo que en verdad ocurre. Generalmente es una percepción equivocada y llena de prejuicios.
Eso es lo que me pasa ahora con tanta imagen negativa mostrada sobre la situación mapuche, versus los recientes comentarios de nuestros voluntarios —estudiantes secundarios y universitarios—, que hace poco fueron a trabajar por el Desafío y a vivir la realidad de las comunidades mapuches del lago Budi, en Puerto Saavedra, en la Región de la Araucanía. Según la CASEN 2006, Saavedra está dentro de las diez comunas más pobres de Chile y la segunda a nivel regional.
En esta región, Desafío ha implementado el programa Primera Infancia, construcción del colegio rural de Vega Redonda en Vilcún, y el programa Comercio Justo que promueve el área de Emprendimiento de Desafío en la región. El objetivo es buscar emprendedores en cada rincón de la Araucanía. Este programa nos hace partícipes del otro terremoto, el que descubrimos cuando se derribaron los muros del 27/F: el de vivir, como familia, con menos de setenta y dos mil pesos al mes.
La incapacidad de generar políticas sociales eficientes, condiciona demasiado el futuro, sobre todo de las nuevas generaciones que se ven postergadas por la escasa oferta laboral existente y una educación que, a pesar de tener más años de escolaridad, se encuentra marcada a fuego por la desesperanza.
Es evidente que la pobreza es el gran obstáculo por superar del pueblo mapuche. Más aún si profundizamos la crisis con el abandono de un país que jura que el desarrollo, y, lo que es peor, la felicidad, pasan por los kilómetros de carreteras construidos o el avance tecnológico en los celulares.
La brecha existe y es profunda
Nuestra generación tiene ganas de ser parte de la solución. Si vamos y escuchamos atentos a las personas que viven en el aislamiento de las comunidades de mar a cordillera de la región y levantamos sus necesidades para generar medidas en conjunto; políticas sociales desde el Estado y proyectos desde el mundo privado que rentabilicen lo mejor que saben hacer; si somos capaces de traspasar confianza a quienes por causa de la historia sienten que los han pasado a llevar; si a cada producto que saquen de su tierra y hagan con sus manos los rotulamos con una etiqueta de Comercio Justo y promovemos puntos de venta locales y mundiales (más allá del tan codiciado merkén); si llevamos a los mejores profesores a hacer clases en las comunas más pobres del país al costo que sea; ¡si creemos en tantas otras ideas!, entregaríamos dignidad y pagaríamos una deuda que no resiste plazo.
Hace unos días un grupo de universitarios voluntarios, que pertenecen al grupo de formación Albatros de Desafío —que invita, entre otros objetivos, a conocer la realidad del país que vive en la vulnerabilidad—, me contaban el caso de un joven mapuche que vive en una de las comunidades que rodean el precioso lago Budi. Este joven había sembrado el año pasado treinta sacos de papas, cuya producción ascendería este año a varios cientos de sacos, si todo salía bien. Pero la sobre oferta de papas (todos ahí plantan papas por su rendimiento) hizo desplomar el precio y, finalmente, este joven y varios más perdieron el dinero y el tiempo. Imagínense la depresión que debe causar tanto esfuerzo para nada.
Los voluntarios siguieron escuchándolo, porque saben que en Desafío se debe escuchar hasta el final a quien se abre para contar su historia de vida. Fue el mismo joven quien dio la solución a su problema: Cabañas turísticas mirando el lago. Me decían los voluntarios que el lugar tiene una vista envidiable, no lo dudo al ver las fotos, muchas están en nuestro Facebook y página web.
Y es cierto, pareciera ser una buena idea, para lograrlo faltaría planificación e inversión, las ganas están. Ahora ¿quien le presta las lucas?, ¿quién lo capacita?, ¿quién corre el riesgo? Si pudiera lo haría yo y probablemente más de alguno en Desafío, pero sacar adelante a nuestro país, como ya lo decía en la columna anterior, es responsabilidad de todos.