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EDICIÓN | Agosto 2011

Familia, vino y tradiciones

Mario Silva, viña Casa Silva
Familia, vino y tradiciones

Esto es lo que más disfruta Mario Silva, y en ese orden. Simpático, atento, inteligente, gozador y feliz. Así es la cabeza de la viña más premiada en Chile por estos últimos seis años, y que hoy ya puede decir que es su turno de vivir la vida, de pasarlo bien, de darse unos gustitos, y de dejar que sus cuatro hijos tomen las riendas de esta empresa que siempre ha sido familiar y lo seguirá siendo.

Por María José Pescador D. / Fotografías: Danny Bolívar U.

A media hora de Rancagua y antes de llegar a San Fernando, hay una entrada que dice "El Tambo", a cinco minutos de ésta, se encuentra Casa Silva. La viña más premiada estos últimos seis años, tanto por medios nacionales como extranjeros. Ubicada en un oasis en medio del Valle del Cachapoal, este lugar consta de varias hectáreas de parras que, en conjunto con los árboles y la cordillera, transforman el paisaje en una obra de arte.

El aroma a campo chileno y las tradiciones de nuestro país están insertas en Casa Silva, porque su dueño no sólo gusta de vinos, sino que además del rodeo, para lo cual está la medialuna, escondida entre tremendos eucaliptus. Más allá la cancha de polo, pues a sus hijos les encanta este deporte y Casa Silva tiene dos equipos que ya han ganado varios premios. A un lado está el Club House de la viña -aquí se encuentra el restaurante-, desde donde se ve casi todo: la bodega, el hotel, las canchas -también hay una ecuestre-, la tienda con artesanías y los vinos, y la pesebrera, en donde están los caballos de polo y los ecuestres (de salto). Lo que no se ve, está al otro lado, el picadero, en donde el jinete de los Silva le saca trote a los caballos esperando el triunfo del siguiente Champion.

En este lugar están también las pesebreras de los caballos chilenos, esos fuertes y grandes, especiales para el rodeo. En total existen más de cien de estos animales, sin contar los que hay en el criadero de<strong> </strong>Ranco, lugar en donde Mario tiene una casa a la orilla del lago, con cancha de tenis -todas sus propiedades tienen cancha de tenis, deporte que le encanta y practica todas las mañanas sin falta- y algunas hectáreas de viñedos.

Luego de recorrer las instalaciones exteriores vamos a ver las barricas de la bodega: "aquí se hacen los vinos <em>Premium</em>. Acá los demás". Al frente se ve la colección de autos, es fanático, le encantan, dice que es su mayor pasión, tiene de todas épocas. Su primera fijación fue por los Peugeot, ahora son los Mercedes<em>, </em>su última adquisición llegó hace tres meses, un Mercedes CL63 AMG, deportivo, asientos de cuero, más de treinta parlantes, computador, y un contador de velocidad que llega a los trescientos treinta kilómetros; único en Chile. "No me cupieron todos aquí, así que los demás están en mi casa". En total son más de cuarenta.

En la bodega todo luce perfectamente limpio, ordenado, los autos brillan más que el sol y hay uno que es el regalón, un Hudson negro del cuarenta y siete. "Era de mi abuelo, lo busqué y lo busqué, hasta que lo encontré. Se demoraron siete años en arreglarlo, pero hoy está como nuevo y todo es completamente original de la época, al igual que los demás".

Antes de salir de la bodega se encuentra la sala de degustaciones. Aquí las paredes están tapizadas de premios, diplomas que avalan la calidad de los vinos de Casa Silva. Son tantos que no se pueden contar. Además, una gran mesa, un lavatorio y vitrina, todos muebles antiguos. Después de la bodega se llega al hotel <em>boutique</em>, tiene sólo siete habitaciones, decoradas con antigüedades por doquier. La casa es de campo, y como tal, de adobe, preciosa; sufrió algunos derrumbes por el pasado terremoto, pero de eso ya no hay rastros. Los pilares están pintados tipo albayalde, la plaza del centro de la casona tiene una gran fuente de agua, mesas y sillas, árboles y adoquines. Por dentro los cielos altos, la armonía, la increíble decoración de estilo ecléctico, con colores claros, que mezcla lo europeo con lo colonial y en donde cada habitación tiene una personalidad única hecha por uno de los hijos de Mario -son cuatro, todos hombres-, el reconocido decorador Francisco Silva. Sin duda, dan ganas de quedarse. Afuera la piscina y pronto -aún no se sabe- podría incluso tener un SPA, lo que sería un complemento maravilloso.

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<strong>LOS SILVA SILVA</strong>

Mario estudió odontología en la capital y se recibió a los veintiún años. Pero siempre le gustó el campo, había estudiado esta carrera solamente porque su padre era también dentista. Esto hasta que conoció a María Teresa Silva y se casó. "Trabajé dos años en Santiago como dentista, pero toda la familia de mi mujer era de esta zona huasa de Colchagua, de San Fernando, y ella quería venirse a toda costa". Así que se trasladaron a la zona. Durante un año atendía en Santiago y en su nuevo hogar. Luego decidió dejar de viajar y se quedó en el valle para seguir en lo suyo. "Era el dentista del pueblo", se ríe, mientras se acuerda con gusto de esos años de vida en donde trabajó en el hospital de la ciudad y en donde le tocó recibir a los uruguayos, aquellos rugbistas que se estrellaron en la cordillera. "Yo era el único dentista así que tuve que verlos, y me quedó claro cómo habían sobrevivido, lo que habían tenido que comer, una experiencia muy fuerte".

En total fueron diez años de laborar como dentista. Porque pronto su suegro, quien era dueño de la viña que en aquellos años se llamaba Angostura, sufrió la expropiación de los terrenos y de la bodega, los mismos que hoy son Casa Silva. El suegro que era agricultor, un día le pidió a Mario dinero prestado, algo que encontró muy raro porque problemas de dinero la familia de su señora no tenía. Todo era una sorpresa, ya que lo que este hombre hizo con aquel capital fue comprarle un terreno a su yerno, un paño de la misma parcela que hace tiempo le habían quitado. De esta manera Mario entendió que debía recuperar lo que su suegro había perdido para volver al negocio de los vinos, un negocio que había estado por generaciones en su familia. Entonces y poco a poco empezó a comprar las tierras que eran antes de la viña Angostura, algo que no le fue nada de fácil. En ese entonces, la viña tenía unas ciento cincuenta hectáreas, y la expropiación fue de más de un noventa por ciento. Hasta que recuperó todo, el terreno seguía plantado, por lo que hoy esas parras tienen más de cien años. También logró recuperar la bodega e, incluso, la casa de su suegro en donde Mario se casó y la que hoy es el hotel. Todo se remodeló.

Con la ayuda de su suegro y del padre de éste, Mario aprendió a trabajar la tierra y los secretos de la uva, de las cepas, de la constancia para adquirir calidad. En esos tiempos el vino se vendía a granel, y así fue hasta el año 1996. Se comercializaban más o menos veinte mil arrobas, una arroba son cuarenta litros. Hasta que el año noventa y seis el hijo mayor de Mario, Mario Pablo, ingeniero comercial, le dijo a su padre que sería bueno embotellar los vinos. Así se fue a trabajar a la viña y juntos le dieron rienda a esta nueva idea. De ahí se formó Casa Silva.

Luego se incorporó Francisco que es abogado y ve la parte de relaciones públicas de la viña, más tarde llegó Gonzalo que ve toda el área de los campos, y pronto se viene Raimundo que es periodista. "Esta empresa es familiar, el directorio lo componemos nosotros con mi señora y Mario Geisse, el director técnico, que es uno de nuestros enólogos. Él lleva muchos años acompañándonos, y nos ha traspasado toda su tremenda sabiduría".

Hoy la viña cuenta con más de mil hectáreas plantadas, entre distintos campos: en Angostura, Los Lingues "ese terreno nos da una calidad <em>top</em>, aquí se crea si no el mejor, uno de los más exitosos <em>carmenere</em> de Chile. También allí hacemos <em>syrah</em>". Paredones, sector que está cercano al mar, "porque queríamos hacer un <em>Sauvignon</em> <em>Blanc</em> que se llama <em>Coult Coast</em> (costa fría), y que el año pasado tuvo excelentes críticas, salió como el mejor <em>sauvignon blanc</em> de Chile". Lolol, y desde hace poco unas hectáreas en Futrono, Ranco, donde está el criadero de caballos. "Esa es la viña más austral del mundo, y ya nos dimos cuenta que esa uva va a ir destinada para espumante".

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<strong>EL EMBOTELLADO</strong>

De esta manera empezó en el año noventa y siete el embotellado de los vinos. Al principio se dieron a conocer solos, y los comercializaban de forma autónoma. Luego de un año entraron al Mundo del Vino, con Cavas Reunidas. "Hemos hecho una unión muy buena y ellos son los que en el fondo nos distribuyen en Chile. Para las exportaciones tenemos oficinas en Europa y Estados Unidos, y pienso que pronto hará falta otra en Asia".

Para medir la calidad de los vinos Casa Silva y su potencia en el mundo vitivinícola nacional e internacional es necesario nombrar los premios más importantes que estos vinos han ganado: Los años 2000, 2001, 2002, 2004 y 2007, fue la viña más premiada de Chile en el concurso <em>Cata D´ Or Hyatt</em> de Santiago. Ha sido la viña más premiada del mundo en el concurso "<em>Vinalies</em> 2003" por la Asociación de Enólogos de Francia. Mejor bodega del Continente en la Guía América del Sur Viñas, Bodegas &amp; Vinos. Altura -el ícono de Casa Silva- fue elegido el mejor vino del 2002 por el Panel de Catas de la Fundación Chile y la revista CAV. Dos veces medalla de oro y el primer lugar como mejor <em>chardonnay</em> de Chile en el concurso <em>Chardonnay du Monde</em> en Francia para los años 2002 y 2003; y el mejor <em>cabernet</em> <em>sauvignon</em> de Chile con Doña Dominga Reserva 2005, en el concurso Regional <em>Bourdeaux Varietal Trophy</em>, entre tantísimos otros (<a href="http://www.casasilva.cl/">www.casasilva.cl</a>).

Hoy la viña genera veinte millones de dólares por año, exporta un ochenta por ciento de su producción -quinientas treinta mil cajas- a Europa, Estados Unidos y Asia. El otro veinte se queda en Chile. "Para nosotros, el mercado nacional es muy importante, no exportamos todo porque nos interesa estar en nuestro país y nos ha ido muy bien, hemos tenido excelente aceptación".

<strong>¿Además del vino, los autos y los caballos, algún otro pasatiempo?</strong><br /> Soy fanático del fútbol y del tenis; no me gusta viajar mucho, ya me tocó y la verdad es que me da miedo subirme a un avión, pero a mi señora le encanta, así que hay que salir de vez en cuando, pero por tierra y en el Mercedes (se ríe a carcajadas).

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<em><strong>"Para nosotros el mercado nacional es muy importante, no exportamos todo porque nos interesa estar en nuestro país nos ha ido muy bien, hemos tenido excelente aceptación".</strong></em>

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