Tell Magazine

Entrevistas

EDICIÓN | Septiembre 2012

Sueños de marionetas

Aline Kuppenheim, actriz
Sueños de marionetas

El sueño profesional de Aline se hizo realidad cuando creó su compañía de teatro Milagros el 2005. Una agrupación en donde los actores están atrás del escenario y son solo marionetas las que tienen el rol de traspasar sentimientos. Objetos inanimados que detrás del telón cuentan las historias que alguna vez escribieron los grandes dramaturgos del mundo. Hoy Sobre la cuerda floja, es el espectáculo que trae a las tablas de Chile a esta tremenda actriz.

Por María José Pescador D. Fotografías: Danny Bolívar U.

Ni una gota de pintura. Un chaleco de lana, unos jeans arremangados y zapatillas. Pelo suelto. Son las once de la mañana y Aline se sienta en un banco del colegio Coya, en Machalí, Rancagua, para hacer las fotografías de esta entrevista. A las tres y media de la tarde tiene una función en este establecimiento para los niños —sobre siete años— y otra en la noche para mostrar también a los adultos su segunda obra de teatro: Sobre la cuerda floja, de Mike Kenny. Luego tiene funciones en distintas ciudades, y aunque se le ve un poco cansada, las fotografías relevan lo contrario: estupenda, simpática, sencilla. Tiene ese ángel que ilumina todo su rostro, y ese don especial que se llama talento.

Aline viene de una familia ligada al arte. Nunca fue tema que ella quisiera estudiar teatro. En el colegio siempre aportaba en todo cuando había alguna presentación, desde hacer la escenografía, pintar los paneles e incluso ayudar en el tema del vestuario. Allí, mientras estaba en La Girouette, se conectó con este arte. “Mi primera experiencia en el escenario fue cuando en cuarto medio la directora me invitó a hacer El principito. Ahí el teatro tomó un sentido para mí”.

Cuando salió del colegio, la decisión ya estaba tomada y la escuela elegida, la de Fernando González. “La Universidad Católica sólo abría la carrera año por medio, la Chile tenía la carrera cerrada y la escuela de González se acercaba más a lo que me interesaba aprender, tenía una muy buena malla curricular y muy buenos profesores”.

La puntualidad, la disciplina, el rigor, el estudio, fueron para Aline las particularidades que la llevaron a pensar siempre en la escuela de Fernando González. “La ausencia de todo esto puede llegar a destruir un trabajo, sobre todo si es en grupo. Así nos reconocemos los que estudiamos en esta institución, por aquellas mañas que se notan, somos un poco mateos”.

¿Vale la pena hoy estudiar teatro?
No sé. Depende de lo que uno espera que va a llegar a ser a través del teatro. Si crees que con esta carrera vas a tener una pega estable y te vas a ganar tus lucas todos los meses, quizás no vale tanto la pena. Solo en Santiago hay más de treinta escuelas de teatro de las que salen cada año unos quinientos o seiscientos alumnos. Y no son muchos los canales de televisión. Por otro lado tampoco tenemos una industria teatral o de cine muy amplia. Ahora si se quiere estudiar teatro para salir en la televisión, la competencia está ruda, no sé tampoco si valga la pena. Pero si es para poder ejercer el oficio, y desempeñarse en lenguaje teatral y a partir de ahí ir diversificándote, siempre vale la pena”.

Según cuenta Aline, la escuela de Fernando González se cerró justamente porque los alumnos que estaban llegando ya no tenían un gran interés por el fenómeno teatral, en la dramaturgia, en la literatura, en haber visto aquellas películas claves. “Con dificultad leen Ana Frank, que es algo que todo el mundo tiene que hacer. En nuestros años era distinto, vivimos una época dictatorial, teníamos dieciocho años cuando ganó el “NO”, entonces pensábamos que debíamos rescatar la cultura, el teatro, creíamos que era nuestro turno. Eran otras las necesidades. Hoy los alumnos entran porque quieren salir en la tele, no les da ningún pudor no saber quien fue Ana Frank”.

TELESERIES E ILUSTRACIÓN

Actualmente existen innumerables escuelas de teatro, cada una recibe a distintos tipos de alumnos. Y para Aline eso es muy válido, pero hay que tener ojo a la hora de pensar en que el hecho de entrar en esta carrera va a ser el trampolín hacia la fama televisiva. “Hay mucho sufrimiento en ese camino, muchísimo. El hecho de entrar a una escuela para satisfacer tu ego, que es llegar a ser famoso, te puede destruir. Un actor que siente que fracasa, siente que fracasa su vida. He visto caídas impresionantes”, cuenta la actriz de importantes películas nacionales como Machuca, Malta con Huevo, la Buena Vida y teleseries como Trampas y Caretas, Jaque Mate, Marrón Glacé, El Amor está de Moda y La Fiera, entre una veintena más.

¿Por qué las teleseries?
Llegué por defecto. Nunca me imaginé que me iban a llamar. No era tema en la escuela. Pero cuando hice el montaje de egreso, un director de televisión de la época me vio y me llamó para trabajar en su teleserie, frente a mi total sorpresa. Acepté porque era otra área de aprendizaje, y porque también significaba mi autonomía económica. Después me siguieron llamando todos los años…

¿Por qué las dejaste?
Porque decidí tener un hijo y criarlo yo, darle todo mi tiempo. Además sentí que esa etapa ya había terminado, porque ya había aprendido todo lo que tenía que saber de esa área. Fue un tiempo en que no tuve tiempo, dormía cinco horas, más encima todos los personajes eran protagónicos…

Mientras vivía en París, Francia, junto a su hijo y a su ex marido Bastián Bodenhofer    –—quien se fue de agregado cultural—  llegó a su casa una escritora que vio un dibujo que Aline que colgaba sobre una pared. Entonces le dijo que necesitaba una ilustradora para sus textos. “Me pareció ideal, porque podía trabajar en la casa en los horarios que yo quisiera e iba a tener un resultado concreto”. El libro para niños se publicó primero en Francia y luego de una traducción o versión más latinoamericana en Chile a través de Alfaguara Infantil. Me huele a cuento es el título en donde se muestran unos diecinueve dibujos hechos por Aline. Sin duda ilustraciones que se hicieron para un determinado texto, pero que demuestran una gran sensibilidad e imaginación.

MARIONETAS CON SENTIDO

El 2002 volvió a Chile y el 2005 partió la idea de crear su propia compañía de teatro, pero con marionetas. Ella junto a su equipo crearon las diferentes marionetas, un trabajo que duró dos años. “Las marionetas las utilizamos como herramientas expresivas teatrales, que parecieran actores en miniatura, tuvieran movimientos humanos y expresaran emociones. Más allá de la metáfora de la marioneta que es un ser inerte manipulado por fuerzas superiores, que somos nosotros, hay algo más, algo que le vino como anillo al dedo a nuestra primera obra que fue El Capote”.

Cinco años estuvieron haciendo funciones con la obra El Capote, y por todo el mundo —Polonia, Rusia, Ecuador, Brasil, Francia, entre otros—. El público que más fuerte sintió la historia y la obra, fue el ruso. “Para ellos El Capote es como Papelucho para nosotros, obviamente es otro género. No hay un ruso que no conozca esta historia. Pienso que ni siquiera leían los subtítulos, se saben todo de memoria. Los rusos son muy fríos, y esa lectura fue la que encontraron en el teatro. Porque la historia es fría, El Capote es un pobre diablo, víctima del sistema, o de una realidad. Pero aquello enfrentado a estos muñecos, que les provocaban una cierta ternura, fue bastante fuerte. Varios nos dijeron que habían sentido otra visión de la historia. Aquí es cuando el teatro toma sentido, como se puede generar una relectura de algo”.

¿Cómo llegó La Cuerda Floja?
Como la anterior. Sorpresivamente alguien nos dijo que leyéramos el texto de la obra. Lo leímos y nos pareció muy interesante, es preciosa, está muy bien escrita, muy conmovedora en su estructura dramática. Además esta obra nos permitía seguir con la investigación de cómo un personaje inanimado logra expresar sentimientos. Y es una historia cotidiana, es la vida misma: Un abuelo que durante toda la obra reprime sus sentimientos porque no se atreve a decirle a su nieta que la abuela murió. ¡Una marioneta que reprime sus sentimientos! Y el público se da cuenta de aquello. Fue un gran desafío, la gente sale muy conmovida de la obra, así que me imagino que logramos el objetivo.

¿Qué te dice Las indomables?
Que es teatro, porque hay un público, una escenografía, una representación, en fin, hay teatro para todo tipo de público y yo no tengo nada contra la diversidad. Sí, es reprochable la cobertura que tienen ciertos eventos versus la que tienen otros. En general en Chile el público de teatro es el mismo de siempre y es muy difícil acceder a nuevas audiencias, porque no hay mucha información al respecto.

¿Qué te parece la farándula chilena?
Lo encuentro detestable, no lo puedo entender, de verdad, no me entra en la cabeza, la falta de límites para la estupidez, no conozco a las personas que salen ahí… habiendo tantas cosas buenas, divertidas y bonitas de ver. Tiene que ver con la idiosincrasia nuestra, a la gente le encanta ver lo que hace el vecino. A mí no me interesa lo que pase en la casa de al lado.

¿Tú mejor película?
Machuca.

¿La mejor película chilena que hayas visto?
Cien niños esperando un tren de Nacho Agüero. Sin dudas. Y también muy recomendable  No, la película que tuve la oportunidad de ver en su estreno.

¿Algo pendiente?
Nada. Lo que he tenido que hacer lo he hecho.

¿Penas en el ámbito profesional?
No. No he tenido penas, he sido bastante libre en ese sentido.

¿En el personal?
Algunas muertes que he tenido que experimentar.

¿Por qué ser la cara de una campaña contra el cáncer de útero?
Porque me lo pidieron y no tuve problemas. En ese entonces yo ya había tenido esta enfermedad hace más de diez años. La tuve cuando tenía cinco meses de embarazo, menos mal que la operación fue sólo sacar el tumor malo. Nada más. Pero que hayan encontrado esa vacuna es maravilloso, si la gente tiene oportunidad de vacunar a sus hijas que no lo deje de hacer.

¿Tu mayor éxito?
Mi hijo. Y mis marionetas.

¿Algo más que decir?
Que la gente siga teniendo ganas de ver teatro, que no dejen de ir al teatro, que sepan el por qué del teatro y que vean la importancia de este. Que no nos quiten los escenarios, que no nos quiten la inteligencia, o la capacidad de pensar o interesarse en la belleza, la capacidad de encontrar satisfacción en otra parte que no sea en el consumo. Y ¡que disfruten la función!

 

 “El hecho de entrar a una escuela (de teatro) para satisfacer tu ego, que es llegar a ser famoso, te puede destruir. Un actor que siente que fracasa, siente que fracasa su vida. He visto caídas impresionantes”.

“Las marionetas las utilizamos como herramientas expresivas teatrales. Más allá de la metáfora de la marioneta que es un ser inerte manipulado por fuerzas superiores, que somos nosotros, hay algo más, algo que le vino como anillo al dedo a nuestra primera obra que fue El Capote”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación6+3+6   =