Y que viva por siempre, porque este joven empresario encontró, en la coronta de este alimento, un montón de beneficios con los que hoy hace diversos productos, desde alimento para mascotas, hasta camas para animales de laboratorio. Detrás de una montaña de siete mil toneladas de esta materia prima ultra eclógica, está su fábrica, en San Francisco de Mostazal.
Por María José Pescador D. Fotografías Danny Bolívar U.
Impresionante es llegar a esta empresa. Siguiendo el camino Los Lagartos, es imposible no darse cuenta dónde está. Las tremendas montañas que de lejos parecen de tierra, de cerca son miles de millones de pequeñas corontas de choclo. Único en Chile y Sudamérica, este emprendimiento de Raúl Maffei tiene un camino que va directo al éxito, cosa que ya se está dando.
Maffei es ingeniero agrónomo, con especialización en ganadería, de la Universidad Católica, y luego de trabajar por diez años en una reconocida empresa de insumos agrícolas y de jardinería, decidió hacer un cambio en su vida y renunció sin tener nada bajo la manga. Luego de un año sabático en el que viajó y se dedicó a investigar qué es lo que podía hacer de forma independiente, de repente se acordó de las corontas de choclo. Así, indagando qué se hacía en el mundo con esta materia prima, encontró que en Estados Unidos había plantas que procesaban las corontas que quedaban de la industria de las semillas de maíz. Nada más interesante para este agrónomo que empezó a crear la empresa el 2008, y la planta empezó a funcionar entre el 2009 y 2010.
“La inversión para generar la producción no es menor; la planta, la maquinaria y el espacio que uno necesita es un tema. Por otro lado, comenzar a fabricar un producto que nunca se ha hecho antes y que tiene un mercado desconocido y que hay que ganarse, no es nada de fácil”. Principalmente, lo que se hace es un proceso de molienda y secado y lo más complicado es, luego, separar las fibras más duras de las más blandas. Las primeras, que son pequeñas “pelotitas” que parecen piedrecillas, se usan como abrasivos o para limpiar estructuras metálicas, cemento o madera; la ventaja es que vienen libres de polvo. Normalmente para limpiar este tipo de estructura se usa arena, de ahí la palabra “arenado”, pero es muy contaminante, por lo que se necesita un galpón para realizar el trabajo en un lugar cerrado, además de que se ha concluido que es altamente peligroso para la salud de quien manipula esta materia. “Por lo mismo, los empresarios están evitando usar este elemento”.
También existen otras que son más grandes y se utilizan para hacer camas de animales de laboratorio, “se le pone un lecho a los animales de laboratorio o bien cualquier mascota menor, como cuyes, gatos, hámster, ardillas, hurones, entre otros. Ahí el animal vive y hace sus necesidades. La gracia es que este es un producto altamente absorbente y tiene un alto poder de retención de amonio (que está en el pipí y genera el olor). La ventaja de nuestros productos es que son vegetales —totalmente inofensivos— y por lo tanto, biodegradables, se puede dejar en el suelo o llevar a un vertedero. Para un limpiado más fino, como remover pintura u óxidos, se utiliza otro derivado que es bien parecido a la arena, pero la diferencia es que un granito de arena al chocar contra una estructura se parte en millones de pedazos. En cambio, con los que ha creado Maffei, este problema no existe, porque los granos no se despedazan y se pueden volver a utilizar hasta tres veces.
Por otro lado, también está la harina que se saca de la fibra más blanda de la coronta. Esta se utiliza como excipientes para formulaciones de alimentos de animales de ganadería. Es absolutamente natural, no tiene nada químico.
DE CHILE AL MUNDO
El secreto de estos productos es que en el proceso de fabricación se obtienen todas las fibras juntas, lo que no se sabe es cómo Maffei las separa para crear sus distintos usos y así generar los diez productos que hoy se elaboran. Del total de la producción, un cincuenta por ciento se queda en Chile y el otro se exporta. Para ser una empresa tan nueva e innovadora, los resultados ya están a la vista.
¿No te preocupa que llegue alguien y te copie la idea?
No, porque es muy difícil. Nosotros tenemos un convenio con una planta en Estados Unidos que hace esto hace mucho tiempo y este año nos trasladaron la parte tecnológica. Obviamente tenemos exclusividad con ellos. Entonces las probabilidades de que alguien quiera hacer lo mismo es complicado, porque tendría que empezar con el tema de la prueba y error y eso es caro.
¿Cómo empezaste con la difusión de tu producto?
Por teléfono y mail. En el extranjero ha sido más fácil porque este es un producto que ya se conoce afuera. Las exportaciones han sido buenas, ya que para los demás países llevar este producto tiene un menor costo debido a que en Estados Unidos las empresas productoras de coronta están en medio del país. Nosotros estamos al lado del mar. Allá primero hay que pagar un flete terrestre que no es menor y, luego, el barco. Hasta el minuto tenemos contratos de distribución en Inglaterra y Brasil. También hacemos ventas directas y hemos exportado a Perú, Argentina, Australia, Turquía y, a través de un distribuidor nacional, también hemos llegado a Nicaragua y Colombia.
¿Cuánto estás produciendo?
Tenemos proyectado unas cinco mil toneladas de productos en estos primeros años. El 2010 fue bien lento, estábamos empezando y el terremoto no nos ayudó en la parte comercial para nada. Pero el objetivo es llegar a doce mil toneladas. Recién este año logramos cerrar el contrato con Brasil, así que lo que se viene es bastante auspicioso.
¿En un tiempo más, la idea es aumentar las exportaciones o quedarse en el plano nacional?
No, la idea es enfocarnos en las exportaciones. Cada vez estamos creciendo más en este ámbito.
¿Algún otro producto más específico que hagas con las corontas?
Las harinas se utilizan también para pegamento industrial de madera. Otra fibra, para las perforaciones mineras o petroleras. En estas perforaciones se utiliza “lodo de perforación”, porque es necesario que la máquina que cala vaya sacando la tierra, para eso se utiliza un barro medio adherente que agarra la tierra y la tira hacia afuera, y dentro de ese barro está la fibra que nosotros producimos y que va dentro de ese compuesto. También hacemos un producto que sirve para pulir y darle el acabado final a cualquier pieza de plástico o metálica pequeña, como bisagras, botones, hebillas. Los granos se echan dentro de una tómbola con los productos y empieza a vibrar. Deja los objetos brillantes. Por otro lado, los casinos u hospitales tienen máquinas en donde se introducen los tenedores y cuchillos lavados para secarlos, y utilizan estos granos para pulir y dejar brillante. También se utiliza como transportador o vehículo para pesticidas agrícolas: si se tiene un pesticida líquido, pero necesitas que sea granular, le puedes echar el líquido y los granos lo absorben y se deja en el suelo. Si necesitas controlar un gusano o larva, este es el producto. Pero para una polilla, por ejemplo, no sirve porque estas están en el follaje.
¿Hay algo que te sobre de la coronta de choclo?
No, nada, todo se ocupa.
¿Cuánto genera económicamente la venta de tus productos al año?
Entre ochocientos o novecientos mil dólares, que es lo que esperamos para terminar el 2012, si este segundo semestre es bueno. La idea para el próximo año es superar el millón doscientos o millón trescientos mil dólares.
¿Las corontas de los choclos que se comen en una cazuela te servirían?
Sí, servirían. El problema es cómo las recolecto…
“La inversión para generar la producción no es menor, la planta, la maquinaria y el espacio que uno necesita es un tema. Por otro lado, empezar a fabricar un producto que nunca se ha hecho antes y que tiene un mercado desconocido y que hay que ganarse, no es nada de fácil”.
“Tenemos proyectado generar unas cinco mil toneladas de productos en estos primeros años. Pero el objetivo es llegar a doce mil toneladas. Recién este año logramos cerrar el contrato con Brasil, así que lo que se viene es bastante auspicioso”.