El hermoso pueblo y valle de Quillagua, con su gente, con sus reminiscencias y sueños, sus casas antiguas, algarrobos y chañares, tiene connotaciones muy importantes que surgen de su especial ubicación geográfica y que se hacen notar temprano, en tiempos de la prehistoria, cuando confluyeron aquí las culturas atacameña y Pica – Tarapacá, interactuando a veces desde una banda a otra del valle, para luego desarrollar una convivencia e intercambio pacífico, evidenciado en los estudios arqueológicos desde Ricardo Latcham en adelante, como asimismo en los estilosde las figuras representadas en los geoglifos y petroglifos de la zona. Y fueron muchas etnias más que pasaban o permanecían en Quillagua y sus rutas desde y hacia diversos puntos de la costa, del río Loa Alto, del Altiplano y de la actual Bolivia o el noroeste argentino.
Ya en tiempos coloniales, se produciría, en 1704, el descubrimiento del Valle deQuillagua, porel presbítero de Pica, don Antonio de Barboza, vecino de ese oasis de Tarapacá,quien reclama para sí ese territorio “que estaba desierto y eriazo desde la Gentilidad”(tiempos de los Indígenas), y por doscientos pesos se adjudicó, luego de los pregones de rigor, las fanegadas de tierra en ambas bandas del vallequillagüeño, y en los que tenía la obligación de obtener agua y lograr producción agrícola.
Al no concretar el descubridor sus obligaciones con la Corona, perdió ese derecho, solicitándolas años después, en 1740, otro piqueño, don Ventura Hidalgo y sus hijos Manuel, Pedro Ramón y Silvestre Coruncho, los que sí lograrían, por primera vez, en tiempos históricos, hacer producir el valle, por lo cual se le otorgaron treinta fanegadas en el Valle de Quillagua, en el sector de Comanchaca...Las disputas en cuanto a la pertenencia a Atacama o Tarapacá comenzaron cuando llegó, desde Chiu-Chiu, el general don Gregorio Navarro, “en compañía del cura del pueblo y violentamente se apoderaron del trigo y otros frutos de esas tierras que los Hidalgos tenían en sus graneros”. Por esto, acudieron a la autoridad de Pica, quedando plenamente establecido que el Valle y hasta Tocopilla, eran parte del Corregimiento de Arica, luego parte del Departamento de Tarapacá.
Esta situación se mantendrá hasta muy avanzada la fase de las repúblicas, cuando ya eran Bolivia y Perú quienes limitaban en la zona. En la obra de Antonio Raimondi (El Perú, tomo III, Volumen II, Historia de la Geografía del Perú, 1879), se encuentra este texto que refiere al sector de Quillagua, conocido hasta hoy como La Parte. Se señala que allí había un gran algarrobo el que era llamado el “Árbol de la Raya”, que servía como mojón demarcatorio para los límites entre las repúblicas del Perú y Bolivia, correspondiéndole al primero todo el territorio que va desde ese árbol hacia el oeste y hasta llegar a Tocopilla, por lo cual la quebrada homónima constituía el límite más meridional peruano-boliviano.
Hoy Quillagua sigue siendo punto de encuentro. Tiene un pasado remoto pleno de sitios arqueológicos fascinantes, donde confluyeron fuertemente, y en armonía a la vez, las culturas de Atacama y Tarapacá; que luego seguirá los ritmos febriles del salitre y se atenazará a los traqueteos del Ferrocarril Longitudinal, el Longino; a la carretera, en donde hoy todavía se celebra y seguirá celebrando al Arcángel San Miguel, patrono del pueblo, mientras sus hijos dejan atrás las ciudades y emprenden un reencuentro con sus familias y el valle, que en aimara significaría “Agua de Luna” y en LikanAntay (atacameño), “Lugar de Tierras Blancas”.