Asistimos a la fiesta de La Tirana, en el pueblo del mismo nombre en la región de Tarapacá, donde no solo constatamos la devoción de los fieles, sino también nos maravillamos con su música, bailes y tradiciones. Esta es la historia.
Texto y fotos Rodrigo Ponce V.
El pueblo de La Tirana, ubicado a unos veinte kilómetros de Pica, es un lugar tranquilo, prácticamente vacío, con escasos moradores. El que transite por ahí en casi cualquier época del año encontrará sus casas deshabitadas, los postigos y ventanas cerrados y los candados resguardando las puertas… eso la mayor parte del año, pues durante la segunda quincena de julio, la situación cambia radicalmente.
La fiesta de La Tirana congrega en estos días una cantidad inmensa de fieles, peregrinos, grupos de baile y visitantes en general. Miles de personas —llegadas de lugares tan diversos como Puerto Montt, Santiago u Oruro— abarrotan sus calles, dando cuerpo, color y música a un espectáculo que asombra y maravilla a los que tienen (tenemos) la suerte de asistir.
Apenas llegamos al pueblo, una escena cinematográfica: cientos de buses y automóviles, miles de personas acampando alrededor, las calles llenas de fieles, las veredas tan colmadas de gente que apenas se puede caminar, puestos de comida, la música atronadora que trasmite alegría y entusiasmo. Personalmente venía “solo” a fotografiar, y ahora tengo ganas de bailar.
LA HISTORIA
La tradición de esta fiesta se origina en una leyenda que data de 1535, cuando Diego de Almagro salió del Cusco a conquistar Chile.
Cuenta la historia que en la comitiva iba Huillac Huma, último sacerdote del extinguido culto del sol, acompañado de su hija, Ñusta Huillac, los que componían la expedición en calidad de prisioneros y rehenes para conservar la sumisión de los miles de yanaconas que lo acompañaban. Cuando el ejército avanzaba cerca de Pica, huyó la joven seguida por su padre y otros servidores, al bosque de Tamarugos, hoy llamado Pampa del Tamarugal.
Durante cuatro años trataron de defender la causa de su Nación. Ñusta fue temida por sus enemigos y conocida con el nombre de la bella "Tirana del Tamarugal". Un día llegó un joven expedicionario portugués llamado Vasco de Almeida que había perdido su ruta hacia la mítica "Mina del Sol". El flechazo entre la bella reina y el lusitano fue inmediato, enamorándose perdidamente el uno del otro. Cuando su relación fue descubierta, los seguidores de Ñusta se sienten traicionados, se vuelven en su contra (y claro, también de su enamorado) siendo ambos condenados a muerte.
Por su parte, Vasco de Almeyda, que profesaba la religión católica, convence a Ñusta Huillac para que se bautice y lograr así, tras su muerte decretada y segura, la vida eterna y el reencuentro en el más allá y vivir unidos para siempre. Ambos son descubiertos en la ceremonia y son asesinados por los nativos.
En 1540, pasaba por el pueblo de "La Tirana" el fraile Antonio Rendón, quien encontró la tumba con una cruz, se enteró de la historia y como forma de homenajear a estos jóvenes, construyó en el lugar una capilla bajo el nombre de "Nuestra Señora del Carmen de La Tirana”.
La Fiesta de la Tirana es una festividad andina relacionada con la madre tierra, la Pachamama, vinculada originalmente a la Virgen de Copacabana. Su origen como fiesta es más bien minero, atribuido a los obreros aymaras, bolivianos y peruanos que trabajaban en las minas de cobre y plata en Huantajaya, Santa Rosa y Collahuasi y llegaron a San Lorenzo de Tarapacá como obreros del salitre. En el siglo XIX, la fiesta fue redefinida con el auge salitrero y se celebraba el 16 de julio en la pampa y el 28 de julio en Iquique. A fines del siglo XIX, luego de la Guerra del Pacífico, la fiesta se celebraba en diversas fechas: 6 de agosto para los bolivianos, 28 de julio para los peruanos y 16 de julio para los chilenos.
Así recogía el periódico El Nacional, la fiesta de La Tirana en 1932: “Las diversas cuadrillas de danzantes que se dirigieron a solemnizar las fiestas del Carmen de La Tirana, regresaron anteayer de Pozo Almonte, en un convoy de 19 carros. Los recién llegados dicen que la concurrencia que asistió a la fiesta lo pasó agradablemente, pues, aparte de las ceremonias religiosas que ofició el ilustrísimo señor Obispo, los devotos y los profanos han pasado verdaderos días de campo gozando a sus anchas [...] Los preparativos para las próximas festividades del 28 de julio, siguen la pampa en su punto. En la oficina Rosario de Huara se prepara un gran baile para el que ya se han repartido más de 100 invitaciones. Iguales manifestaciones se preparan también en otras oficinas de los alrededores de Huara. Parece, pues, que el próximo 28 de julio será celebrado ruidosamente por peruanos y chilenos, en amable consorcio, que indudablemente contribuirá a borrar las asperezas del pasado, honrando esta fecha común a todo Latinoamérica.”
Recordemos que hasta antes de la Guerra del Pacífico, la zona del pueblo de La Tirana no era chilena. Por lo tanto, pasada la guerra, hacia el año 1910, y como parte de la chilenización de Tarapacá, se incluye esta nueva festividad en el calendario chileno un único día, el 16 de julio, que evoca a la Virgen del Carmen, patrona del Ejército de Chile. Las cofradías peruanas y bolivianas fueron desplazadas de la celebración a partir de 1911, concediéndose al baile "El Chino", el más antiguo de los bailes chilenos de La Tirana (fundado en 1908), el derecho de sacar a la Virgen durante la procesión. Como fiesta, hasta 1917, estuvo separada de las autoridades de la iglesia. Fue el entonces obispo José María Caro quien acercó los bailes al rito católico.
LA FIESTA
Más allá de la historia y los datos, llegar al pueblo en esta fiesta es toda una experiencia: la música y bailes sorprenden y maravillan. Muchos bailarines, niños, jóvenes y no tan jóvenes, hombres y mujeres, devota y cuidadosamente vestidos y adornados, siguen con vistosos bailes la música, interpretada mayoritariamente por instrumentos de viento y percusión.
Se respira el esfuerzo que pone cada participante en el diseño y confección de sus trajes, se aprecia la gracia y desenvoltura de sus bailes y, finalmente, aunque uno no lo espere, se contagia el espíritu festivo y de entrega a “la Chinita”, que es como se conoce a la virgen. Basta ver las caras sudorosas bajo las máscaras (sí, aquí hace mucho calor), las expresiones a veces de cansancio y fatiga de los participantes que, a pesar de ello, no abandonan su esfuerzo, para experimentar la potencia de esta fiesta.
Existen muchos tipos de bailes, con nombres difíciles como los Antawaras, Chinos, Chunchos, Gitanos, Kayahuallas, Kullacas y Morenos, cada uno con orígenes tan distintos como las ceremonias de culto al sol, de esclavos o de inspiración en indios de Norteamérica, y a su vez con ritmos y coreografías propias, como danzas en puntas de pie, trotes, brincos y equilibrios y una larga variedad difícil de detallar. Asimismo, existe una gran diversidad de indumentarias, de acuerdo al grupo que pertenezcan los participantes; en todo caso, desde lo más simple —como niños ataviados con trajes más bien sobrios—, hasta los trajes y máscaras más elaborados —ojos con luces LED incluidas—, siempre es posible apreciar en cada participante una preocupación y devoción que, de alguna manera, impacta y emociona.
Al arribar al pueblo, los peregrinos cantan con alegría diversas canciones, y las hermandades religiosas danzantes inician sus homenajes una a una, a través de un saludo en el mismo lugar, conocido como "El Calvario". Así, la fiesta continúa en el templo, con los tradicionales cantos y danzas, saludos y procesiones. En el templo, lo primero es el saludo al Altar Mayor de la virgen y en forma individual o en grupos pequeños, los peregrinos realizan diversos sacrificios para cumplir con sus mandas o peticiones. Entre los más comunes destaca caminar los diez kilómetros desde el cruce hasta llegar al Templo, en donde son ayudados por un grupo de jóvenes en el camino.
Si bien la fiesta dura varios días, todo el mundo está esperando un momento en especial: ese momento llega cuando el reloj marca las 00:00 del día 16 de julio y estallan fuegos artificiales y la fiesta alcanza su punto máximo en música, danza y cantos para celebrar el cumpleaños de la Virgen. Es lo que se conoce como "La Víspera". En la plaza se celebra una misa con toda la población del lugar que canta El alba.
Luego de terminar la misa de Víspera, los danzantes comienzan sus despedidas a la Virgen hasta el otro año. Luego regresan hacia la cruz del Calvario a decirle adiós a la imagen de Jesús y dar los últimos agradecimientos a la hermandad, cantando un "trote" hacia la sede de la cofradía.
Nosotros también nos vamos, con una sensación dulce y de asombro: Dulce, porque hemos asistido a una celebración preciosa y auténtica, llena de color, devoción y emoción; asombro, porque aunque son imágenes que hemos visto en libros e imágenes desde siempre, es distinto estar ahí y asistir en vivo a un espectáculo que, sin duda, nos maravilla y sobrepasa con holgura nuestras expectativas.
La recomendación: haga un esfuerzo y conozca La Tirana y su fiesta, su gente y su música, no se arrepentirá. ¡Nosotros ya tenemos las reservas para el próximo año!
Ya me voy, ya me voy yendo,
de este pueblo tan querido.
¡Me voy a ir!
Dejando tristes corazones