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EDICIÓN | Agosto 2012

La magia de coincidir

Marcelo Fuenzalida, consultor
La magia de coincidir

Lleva años dedicado a acompañar a mineros y mineras en diferentes procesos. Desde crear y mejorar un ambiente de trabajo en equipo, hasta potenciar la adaptación a procesos en la operación. Su experiencia le ha permitido acercarse a la realidad de quienes trabajan en una industria de alta competitividad y circunstancias extremas, donde la actitud y la capacidad de adaptación son fundamentales y pocas veces reconocidas por su entorno cercano y familiar. Aquí Marcelo nos explica algunos detalles de la personalidad de quienes tienen “corazón de minero”.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Gentileza Catalejo Consultores

La vida por turnos no es fácil. Menos aún estar lejos de casa. Y aunque son múltiples las profesiones en que se da esta condición, en la minería se suma el ambiente adverso, las condiciones de riesgo y una constante presión para mejorar índices de productividad y rentabilidad. La vida del minero es muy particular y, a veces, compleja de entender, incluso, para sus familias.

Marcelo Fuenzalida es sicólogo, consultor senior en Catalejo Consultores, donde se especializó como director de proyectos en diferentes áreas de desarrollo productivo. Sin embargo, con el paso del tiempo, ha consolidado vínculos especialmente sólidos con la industria minera, lo que permite que nos entregue una mirada a fondo del trabajador minero y sus características.

¿Tienen los mineros de terreno un perfil especial?
Me parece que lo especial no es el perfil, sino más bien las condiciones en que se desempeña el trabajo minero. Para entenderlo mejor, distingamos perfil psicológico, de perfil de competencias. El primero es el conjunto de características que reúne un ser humano y que determinan su carácter, sus actitudes, aptitudes y determinados comportamientos frente a una situación particular, en este caso, el trabajo. Y el segundo es el perfil de competencias, que es el conjunto de las características subyacentes de cada persona, que están relacionadas con un correcto desempeño en su puesto de trabajo y que se basan en la motivación, en los rasgos de carácter, en el concepto de sí mismo, en actitudes o valores, en una variedad de conocimientos, capacidades y conductas.

Y en ese sentido, ¿cuáles serían las principales características de un minero o minera?
En un estudio publicado el año 2004, por el colega David Pino, sobre el perfil psicológico para trabajar en faena minera, se pone de manifiesto cuatro dimensiones relevantes del perfil de un trabajador minero, que se ven afectadas por la naturaleza y condiciones de su trabajo: tolerancia a la frustración, buen sentido de auto eficacia, locus de control interno y una alta flexibilidad.

¿Nos puedes describir estas dimensiones?
La tolerancia a la frustración dice relación con la capacidad de postergar los deseos y necesidades frente a una situación de ausencias y carencias, canalizando las energías en tareas compensatorias temporales. La frustración, en algunos casos, puede inducir a comportamientos desviados, implicando agresividad desbordada como también pasividad e inactividad. La condición de aislamiento determina una discontinuidad de las satisfacciones y de las necesidades personales y comunitarias. Un buen sentido de auto eficacia, se refiere a la creencia de ser capaz de enfrentar situaciones exigentes y complejas, sobre todo para tolerar el trabajo bajo presión. La sensación de incapacidad moviliza recursos personales para sobrellevar un ritmo de trabajo con una alta responsabilidad. Se ha visto que las personas que tienen una buena disposición para asumir responsabilidades tienden a ser más eficaces, porque son activos e innovadores cuando enfrentan los desafíos laborales.

Fuenzalida explica que el locus de control interno es la creencia que se tiene que el control lo posee la persona, y que puede modificar su ambiente para lograr un mejor bienestar personal. “Se es capaz de actuar frente al entorno sintiéndose bien. Si, contrariamente, no se tiene el control, la persona puede experimentar cierta apatía y desmotivación, asumiendo una actitud escapista. Y por último, pero no menos importante, la flexibilidad, que se entiende como la tendencia a cambiar de método, hábitos y preferencias, pudiendo adaptarse a contextos y personas diferentes. Los escenarios organizacionales imponen cambios rápidos y radicales, por lo que la persona debe adecuar su comportamiento”.

¿En qué se diferencian con otros trabajadores o todos sufrimos el mismo estrés?
Para evitar las obviedades, creo que es necesario explicar que el estrés es un proceso adaptativo natural con que nuestro organismo se hace cargo de situaciones nuevas y/o imprevistas, como es el caso de un susto o un proceso de inducción laboral. A este tipo de estrés le llamaremos estrés episódico, es decir, es una situación adaptativa a una condición transitoria y es intrínseco a la experiencia de vivir. Ahora, hay que diferenciarlo del estrés laboral patológico. Este último implica conjunto de reacciones fisiológicas y psicológicas que experimenta la persona cuando se le somete a una fuerte y sostenida demanda en el trabajo. Este fenómeno tiene dos componentes básicos; por un lado, los agentes estresores y, por el otro, la respuesta de la persona.

¿Existe relación entre la salud física y la "salud emocional"?
En una lectura de herencia filosófica tradicional, se podría interpretar que, en situaciones puntuales como el estrés, la “salud emocional” afecta a la salud física, pero a mí me parece que esto es un error. Comencemos diciendo que las emociones son, en sí mismas, una reacción física. Un ejemplo de ello es cuando nos da miedo. ¿Qué es el miedo como experiencia? Nos aumenta el pulso cardiaco, se nos tensiona la musculatura, sudamos frío, a veces tartamudeamos, se incrementa la actividad cerebral y la sensibilidad de los sentidos, preparándose para reaccionar con más rapidez y efectividad y, finalmente, nuestra disposición corporal se prepara para la fuga o el ataque. Lo contrario ocurre con la ternura.Esto nos muestra que las emociones son parte de lo que llamamos salud física o el cuerpo es parte de lo que llamamos salud emocional.

Funcionamos como un todo….
Efectivamente. Otra prueba de ello es la actividad deportiva. Las personas que realizan actividad deportiva o actividad física son personas más felices o viven en una emocionalidad distinta de quienes no lo hacen. También ocurre con las defensas del cuerpo. Hay estudios recientes que demuestran que pacientes con patologías como el VIH en condiciones de consumo de triterapia tienen significativas diferencias positivas cuando el paciente realiza actividad física, que con pacientes que no la tienen.

Es decir, ¿salud hay una sola y debemos cuidarla en su integridad?
Exacto. Podemos potenciar más un ámbito de acción u otro, pero, en definitiva, todos afectan al ser humano en su integridad.

¿Debemos sentirnos culpables del tiempo que dedicamos al relajo?
Muy por el contrario, es necesario, tal como dormir y trabajar. Es parte del modelo que diseñamos para ser felices. Es importante nunca perder de vista que nuestro trabajo nos tiene que brindar satisfacción en el proceso mismo de realizarlo y no solo cuando logramos las metas o recibimos la remuneración mensual.

¿Cuáles son los síntomas de estrés laboral?
Hay que distinguir síntomas del estrés, también llamados síntomas de primer orden, de las patologías asociadas al estés. Los primeros pueden ser de tres tipos: los fisiológicos que consideran aumento de la presión cardíaca, tensión muscular, dificultad para respirar, entre otros; los cognitivos, como son las preocupaciones, dificultad para la toma de decisiones, sensación de confusión, irritabilidad evidente, y los motores, como hablar rápido, temblores y tartamudeo, entre otros.

ESTAR, COINCIDIR

Marcelo enfatiza en que el sistema en sí puede afectar a las personas, cuando estas no tienen la estructura que les permita enfrentar y adaptarse a situaciones complejas. “El problema de los turnos tiene que ver con una palabra: coincidir”.

¿Y cómo revertimos este potencial problema?
Diseñando y ejecutando agendas de actividades compartidas que sean gratificantes, divertidas y abundantes de interacción, es decir, de una alta calidad emocional. Ello se debe complementar con la participación del “ausente” en las actividades rutinarias de casa. Finalmente, esto se llama integración.

¿Y el rol de las familias? ¿Cómo pueden ayudar?
Acoger a quien está lejos y, en la medida de lo posible, flexibilizar las rutinas familiares para integrarlo.

¿Es importante que los hijos entiendan el trabajo de sus padres?
Si es que nadie les da las explicaciones, muchas veces, el mismo niño va construyendo un relato que le permite entender el comportamiento de presencia / ausencia que tiene el papá o mamá que trabaja lejos de casa. Pero es bueno conversarlo de manera recurrente, para que exista una mayor comprensión y disposición a compartir familiarmente en los tiempos en que todos pueden estar juntos. Se necesita la comprensión de toda la familia, pues de lo contrario, es muy difícil coincidir física y emocionalmente como un núcleo.

 

“…las emociones son, en sí mismas, una reacción física. Es decir, son parte de lo que llamamos salud física o el cuerpo es parte de lo que llamamos salud emocional”.

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