Es la magia de poder transformar un cacho de vaca en la joya más hermosa y delicada que usted se pueda imaginar. Detalles que no dejan nada al azar, porque este artesano empieza con un dibujo y termina con la copia del mismo en la forma de un collar, una pulsera, unos aros calados… Aquí una historia de esfuerzo y de tremendo talento. No se la pierda.
Por María José Pescador D. / Fotografías Danny Bolívar U.
Las joyas de Pepe seguramente usted ya las ha visto en innumerables ocasiones. Pero bajo otro nombre, otra marca. Y es que los comienzos de este artista no fueron nada de fáciles, y debió trabajar para subsistir bajo el alero de otros. Otros que se llevaban todos los aplausos y beneplácitos, mientras él trabajaba en su taller, día y noche, para cumplir con todos sus pedidos.
Gatica nació en la capital, a los tres años se trasladó junto a la familia a Codegua. Una vez mayor, y ya con un hijo, decidió buscar la paz y tranquilidad de la región del Libertador, esa que había sentido durante su primera infancia. Aquí se estableció definitivamente, en Graneros. “En este lugar soy feliz, me siento pleno, estoy al lado de la cordillera, de los ríos donde encuentro mi paz, donde me siento mejor”.
Fue en estos parajes en los que este hombre se transformó en artista. Primero estudió diseño gráfico, pero el “destino”, como él mismo lo dice, se encargó de ponerle en el camino a Jean Vuignier, un joyero francés que al ver los dibujos de Pepe, le dijo inmediatamente que lo suyo era la orfebrería; entonces dejó su carrera y tomó clases con quien fuera su mentor. Pronto nuestro artista viajó a Francia para especializarse en temas más específicos de la orfebrería. De vuelta a Chile y la sexta región, armó su taller.
De eso hace ya veintidós años. Sus primeros trabajos los expuso en la Expo Joyas de Casa Piedra, en 1996. “Recuerdo que para aquella me inspiré en la fecundación, utilicé muchas piedras y calados”. Fue a partir de esta colección que se le acercaron distintos diseñadores. Ellos buscaban algo que hasta ese momento no habían podido encontrar: la persona que pudiese llevar a cabo sus diseños, alguien con tanta meticulosidad y perfección como fluía del trabajo de nuestro orfebre. “Fueron mis joyas las que me acercaron a distintos diseñadores y aprendices, ellos necesitaban hacer prendas y querían a alguien que fuera capaz de realizar sus requerimientos. De repente sonaba mi teléfono, y llegaban más y más pedidos”.
NO MÁS
Dentro de la gran variedad de diseñadores que se pasearon por el taller de Pepe durante quince años, solo hubo una que, según este artista, es digna de llevar este título: la argentina María Moreno. “Llevamos diez años trabajando juntos, a veces viajo a Buenos Aires para trabajar con ella, y otras ella viene a Chile”.
Hace cinco meses que Pepe Gatica decidió independizarse. Resolvió que estaba cansado de hacer joyas para los demás, para aquellos que nunca se interesaron siquiera en el proceso, en saber cómo se hacían las joyas. “Lo único que les importaba era el producto final y la venta del mismo”. Bien sabe Pepe que quien quiere ser diseñador, primero tiene que enterarse de los procesos, mancharse las manos, aprender a cortar, lijar, usar las máquinas. “Hay diseñadoras que se hacen llamar orfebres y ni siquiera saben para qué se usa cada herramienta. En ocasiones les preguntaban delante de mí si ellas habían hecho la pieza y respondían que sí, sin ningún escrúpulo. Me aburrí de eso”.
Fue una decisión difícil, sobre todo por el tema económico, pero quien no se arriesga, no cruza el río, dice el dicho. “Decidí salir del anonimato, primero porque sentía que se me estaba yendo la vida realizando sueños de otros, y también porque mi labor no era valorada. Llegó un momento en que me desmotivaba trabajar para otros, no quería levantarme, necesitaba hacer mis cosas y decir esto ¡lo hice yo! Y que la gente que compraba mis cosas supiera que se esculpieron con mis manos, que yo las diseñaba. Así nace mi marca Pepe Gatica, por una necesidad creativa y profesional”.
¿Quién fue tu apoyo en este proceso de independencia?
Mi compañera, Tamara Foster, fue un pilar fundamental en este proceso. Ella se dedicó a gestionar las ventas y la distribución dándome la oportunidad de dedicarme solo a crear. Así me di cuenta de que somos el complemento perfecto porque me siento apoyado y, realmente, hoy las cosas han dado tremendos frutos.
ÚNICAS E IRREPETIBLES
Así son las joyas de Pepe, no hay un collar igual a otro. El cacho es tratado con tal dedicación y cuidado, que se pueden ver los magníficos detalles de sus calados con diferentes formas. “El cacho tiene una particularidad especial que lo hace ser un misterio, nunca sabes cómo quedará hasta que lo terminas, nunca resultan los mismos tonos, ni colores, ni formas. El cacho hace que cada pieza sea única”.
¿Otros materiales?
Mis materiales predilectos, además del cacho, son el cobre, el bronce me gusta por su oxidación, cómo va cambiando con el tiempo, cómo se hacen antiguos. Me gustan las maderas: el ébano, el picoyo, esto de convertir un trozo de palo o tabla en una joya que la luces con orgullo, algo tan simple y que otorga tanta belleza. También me gusta la plata y su nobleza.
¿El objeto o joya que hayas hecho y que recuerdes con mayor orgullo?
Tengo recuerdos de algunos trabajos que me han marcado mucho; por ejemplo, la Colección Bicentenario, una serie hecha con picoyo, madera con dos mil quinientos años de antigüedad, que se hizo para conmemorar los doscientos años de la Independencia de Chile. Otra es la pequeña ánfora que llevaba Felipe Camiroaga y sus hermanos, en la cual estaban las cenizas de su madre que habían traído de España.
¿Dónde se pueden ver tus joyas?
En la oficina de la Ruta del Vino en Santa Cruz. Pero si se quiere algo más personalizado se puede pedir una cita en mi taller.
¿Cómo es la nueva colección que acabas de lanzar?
Trata de mostrar un poco de todas las líneas y materiales que exploro. Hay mucho color y mucha variedad de material. La idea es la gente con solo ver las joyas pueda conocer el recorrido de todas mis tendencias.
¿Qué se viene en tendencias?
La exploración de lo autóctono, seguiré trabajando con materiales en lo posible chilenos y, sobre todo, los naturales, fibras, telas, cueros.
¿En lo personal?
Estamos en proceso de instalar nuestra propia tienda y también tengo muchas ganas de abrir una pequeña escuela, donde la gente pueda aprender joyería artística sin la necesidad de viajar a Santiago.
“Algunos trabajos me han marcado mucho como la pequeña ánfora que llevaba Felipe Camiroaga y sus hermanos, en la cual estaban las cenizas de su madre que habían traído de España”.