Es joven y llena de energía y representa en Antofagasta a una institución que busca potenciar a las organizaciones sociales, mediante la entrega del recurso más escaso de nuestros días: el tiempo. Así, buscando el apoyo de profesionales con vocación de servicio, generan proyectos y talleres orientados a la superación de la pobreza.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías por Andrés Gutiérrez V.
La primera vez que estuvo en un campamento fue el año noventa y uno, luego del aluvión de Antofagasta. Sus papás los llevaron a ella y su hermano, para ofrecer ayuda a los cientos de damnificados de ese desastre. Como familia habían estado un tiempo largo en Francia, entonces el contraste fue aún más duro. Ver cómo la gente trabajaba sin descanso para recuperarse de esta adversa circunstancia dejó una marca indeleble en su vocación.
Y aunque quizás nunca pensó en dedicarse profesionalmente a lo social, su historia siempre estuvo vinculada a importantes proyectos. Formó parte de Un Techo para Chile, cuando solo admitían a mayores de dieciocho años. “En ese tiempo no recibían secundarios, pero fui persistente y terminé formando parte activa de este voluntariado maravilloso. Con el paso del tiempo fui asumiendo más y más responsabilidades. Es que era parte de mi vida”.
Luego de terminar el colegio, se decidió por periodismo y se fue a Santiago, donde continuó su relación con el Techo, en labores administrativas y de terreno. También fue precursora del Techo en Latinoamérica, cuando se iniciaba en Argentina. Ella estaba por un tiempo en Buenos Aires “y coincidió todo”, dice riendo.
Mientras, seguía construyendo su carrera profesional. Alguna experiencia en medios audiovisuales y un contacto con el periodismo duro de The Clinic, son ahora parte de un lindo recuerdo. Aunque le gustan las comunicaciones, “algo” le faltaba.
¿Entretenido trabajar en The Clinic?
Aprendí mucho. Ser irónico manteniendo como base la verdad y el respeto, es un ejercicio interesante y que requiere mucho trabajo para lograrlo.
¿Y qué pasó después?
Trabajé como representante en Chile de una marca multinacional de cosméticos. Sé que suena un poco raro: joven, periodista y con cero experiencia en ventas. Sin embargo, lo interesante de este desafío es que trabajábamos mucho con nuestro equipo, con las bases. Casi todas son mujeres jefas de hogar, con historias de vida de mucho esfuerzo y entonces, para mí era un constante aprendizaje. Yo esperaba que ellas se dieran cuenta de mis capacidades. Mientras me hice un lugar, me dediqué a escuchar y poner atención a todas las lecciones que diariamente me entregaban.
¿Te sentías plena?
Estaba feliz. El desarrollar esa faceta oculta que tenía, en lo referente a la administración de un proyecto desde la planificación hasta la puesta en marcha, me ayudó a decidir que mi futuro está ligado al trabajo con las personas. Me gusta la gente y soy feliz cuando puedo aportar a sus vidas.
¿Ahí apareció la Fundación Trascender?
Fue una mezcla de factores. Mi regreso a Antofagasta fue una decisión de amor. Mi pareja, que también trabaja en una ONG, tenía que venirse al norte y yo me vine con él. Junto con el cambio de ciudad, hubo un golpe de timón en mi carrera y asumí que quería dedicarme de lleno a lo social. En Fundación Trascender trabajamos muchos jóvenes y tenemos esa vocación de luchar contra la pobreza desde la creación de liderazgos. Es como ese refrán de “enseñar a pescar”.
¿Cuál es específicamente la labor que desarrollan en Trascender?
Nuestro trabajo está enfocado en crear redes de profesionales que nos puedan ayudar con su tiempo en la generación y desarrollo de talleres de diferente índole, pero con un objetivo común: potenciar las organizaciones sociales y crear liderazgos. En este sentido, los voluntarios colaboran con su trabajo, regalan horas de conocimiento para compartirlo con los demás. Claro que también hay otros tipos de socios, pero lo básico es que unimos a organizaciones sociales sin fines de lucro dedicadas a la superación de la pobreza con los profesionales voluntarios. Realizamos proyectos específicos, a los que les hacemos un seguimiento y evaluación de resultados.
¿Crees que esta es una solución a la pobreza?
Al menos es una respuesta concreta y a corto plazo. En realidad, aporta desde muchos ángulos, pues no solo empodera a los grupos organizados, sino además, ayuda a otros a asociarse entre sí, arma redes entre diferentes tipos de entidades y orienta esfuerzos a necesidades específicas.
¿Qué es lo que más te ha marcado?
La cantidad de líderes que existen en la región. Es realmente notable la claridad de los planteamientos, el conocimiento profundo de su entorno y las ganas que tienen de hacer cosas. Sin embargo, muchas veces no saben a quién recurrir o carecen de ciertas herramientas de gestión. Nuestra idea es entregarles estas herramientas para que puedan construir su propio camino.
SER SOLIDARIO
Durante 2011, la Fundación Trascender realizó una encuesta sobre solidaridad. La Región de Antofagasta resultó una de las más “generosas” alcanzando un noventa y siete por ciento de tasa de donación, cuatro puntos más que el promedio nacional. Sin embargo, cuando la pregunta cambia y, en vez de pedir efectivo, lo que se solicita es tiempo, la respuesta cambia. “Obvio que es mucho más fácil meterse la mano al bolsillo que sacrificar nuestro descanso. Pero la recompensa es tan grande, integrar un proyecto solidario se transforma en parte de la propia esencia”, nos cuenta Javiera.
¿Hay formas de ayudar más valiosas que otras?
Creo que todas son igualmente válidas. Si una persona cree que dar el vuelto es positivo, entonces está bien. Si otros son más activos, también es bueno. Lo importante es que, como sea, tenemos un deber con nuestra sociedad y si tuvimos las oportunidades, entonces no podemos andar por la vida como si fuéramos los únicos en el mundo. El primer paso para ser solidarios, es ser conscientes de lo que nos rodea.
¿Qué opinas de la indigencia que se da en el norte? Casi todos la relacionan con delincuencia…
Es que no somos nadie para juzgar a los demás. Si a mí un borrachito me pide monedas para comprarse una cañita, yo no soy quien para darle lecciones y lo único que me queda es decidir si le quiero dar plata o no. Cada persona tiene una historia de vida que no podemos adivinar y si ellos están en la calle, lo más probable es que no sea por opción, sino producto de un sistema bastante perverso, donde además de los modelos de éxito imperantes, hay una enfermedad social gravísima: la drogadicción.
Pero ¿no crees que un adicto eligió su propio camino?
Puede ser que en algún momento tuviera opciones, pero llega un punto en que pierden todo por la droga. Para mí es un tema dramático y muchas veces pasa desapercibido. Imagínate que casi no hay centros de rehabilitación y, sinceramente, creo que sería mejor invertir en ese tipo de infraestructura, que necesitar decenas de cárceles nuevas más adelante.
Sin embargo, la posición más común es que si yo me sacrifico para tener lo que tengo, por qué mis impuestos deben destinarse a gente que no quiere salir adelante…
Puede ser una forma de verlo, pero también hay que tener en cuenta que nuestro presente es producto de generaciones y generaciones que han sido dejadas de lado. No es un problema de ahora y quizás no vale la pena caer en ese análisis en este espacio. Lo que sí es cierto es que la solución la tenemos en nuestras manos y debemos hacer algo, no podemos desentendernos.
¿Quiénes son los responsables? ¿Las personas o los gobiernos?
Ahí sí que puedo ser firme e intransigente: el asistencialismo no conduce a nada. Ese festival de bonos que se entregan con bombos y platillos creo que es bastante dañino, es la política de la aspirina. Y ojo que no es algo de un gobierno en particular, las últimas décadas han estado llenas de medidas populistas que son insostenibles en el tiempo y que, muchas veces, provocan graves consecuencias a largo plazo.
¿Te sientes a veces como bicho raro?
Trato de no serlo. Mi familia y mis amigos tienen la misma postura frente a la vida. Hemos tenido la suerte de crecer en un ambiente muy protegido y sin culpas. Yo tiendo mi mano a todos quienes puedo, pero tampoco me complico por comprarme una chaqueta que me gusta. En los carretes o reuniones sociales hablo de todo, como cualquier persona… claro que siempre reclutando voluntarios.
¿Cuáles son tus sueños?
En realidad es un sueño compartido con mi novio. En algún tiempo más queremos salir de Chile, estudiar. En mi caso, quisiera especializar mi conocimiento en políticas públicas para seguir dedicándome al servicio social. Y si me proyecto aún más adelante, quisiera traer al norte alguna institución como la Fundación Paréntesis que enfoca todos sus esfuerzos en la rehabilitación, pero sobre todo en la reinserción de quienes han sufrido la enfermedad de la droga. Espero que muy pronto la sociedad se sensibilice y logre entender que si nos sanamos de esta enfermedad terrible, podremos solucionar muchos otros temas asociados y quizás ahí sentar las bases de una mejor sociedad, más amable e inclusiva. En resumen, más justa.
“Mi familia y mis amigos tienen la misma postura frente a la vida. Hemos tenido la suerte de crecer en un ambiente muy protegido y sin culpas. Yo tiendo mi mano a todos quienes puedo”.