Es de vital importancia reforzar el compromiso con la formación de profesionales de un área prioritaria para el crecimiento y desarrollo de la región y el país.
Las grandes riquezas minerales, y en muchos casos de características únicas, hacen que nuestra región sea denominada Capital Minera donde la estimación proyectada de inversión en el área para este año es superior a los ocho mil millones de dólares y los compromisos para inversiones futuras sobrepasan incluso las estimaciones más auspiciosas.
Para el desarrollo de la industria minera nacional, en el marco de todas estas nuevas inversiones, se requiere de un gran número de profesionales en diversos ámbitos, especialmente en minería, geología y metalurgia, ya que se visualiza una crisis de disponibilidad de capital humano calificado que ya se siente en distintas áreas del proceso en esta industria.
Los desafíos no sólo se encuentran en la cantidad de profesionales disponibles, sino que se debe considerar además que las organizaciones en las que estarán insertos también han cambiado. Son de organigramas más planos, trabajan en redes internas y externas y, en la mayoría de los casos, dada la envergadura de las empresas mineras, éstas son de tipo global, por tanto las habilidades que se hace necesario desarrollar están relacionadas con capacidades de trabajo en equipo, negociación y comunicación transcultural, entre las más destacadas.
Otra variable a considerar es que los jóvenes que ingresan a la educación superior también han experimentado cambios en la última década, producto de la nueva cultura global. Ellos cuentan con mayores fuentes de información y de rápido acceso, que les permiten generar numerosas redes. En general son jóvenes que requieren que se les ofrezcan metodologías de aprendizaje más activas y dinámicas. En la elección de sus carreras se encuentra la vocación pero sin dejar de prestar atención a la calidad de vida, y es en este aspecto donde las organizaciones deberán también explorar cambios que las hagan atractivas para los nuevos profesionales.
Hoy resulta vital para el país y para la industria minera, reforzar el compromiso con la formación de profesionales de un área prioritaria para el crecimiento y desarrollo de la región y de Chile. El desafío no sólo considera desarrollar las competencias técnicas que requiere la industria, sino también es imprescindible abarcar la tarea que implica la formación de personas con valores sociales tales como la solidaridad, empatía y el logro de objetivos en el trabajo en equipo. Esto permite crear redes y vínculos entre las personas, para desarrollarse como individuos únicos y a la vez aprender a relacionarse con los demás.
Son desafíos mayores que desde la educación superior deben enfrentarse con responsabilidad y bajo la confianza de aportar al crecimiento del país y al mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes.
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