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EDICIÓN | Agosto 2012

La movilización a sangre

Floreal Recabarren
La movilización a sangre

“Santiago fue la primera ciudad que instaló la moderna movilización a tracción animal. La inauguración se realizó bajo el gobierno del presidente Manuel Montt, en 1856. A fines del siglo XIX se sumaron nuevas ciudades: Valparaíso con carros cerrados en 1863. A comienzos del nuevo siglo, más de veinticinco ciudades habían iniciado la movilización colectiva instalando tranvías de sangre”.

El auge económico e industrial del siglo XIX, estimuló un fuerte crecimiento de la vida urbana. Las ciudades crecieron aceleradamente. Los campesinos abandonaron los trabajos agrícolas y emigraron en busca de mejores salarios en la actividad fabril. Se instalaron a vivir en sectores marginales, creando problemas de abastecimiento y movilización, entre otros.

La movilización en caballo y carricoches no se adecuó al traslado de masas de ciudadanos. Si la carga se transportaba en carretas arrastradas por animales, ¿por qué no aplicar el sistema en la movilización de personas? La idea se puso en práctica en Inglaterra y la iniciativa correspondió a la Compañía Aystermouth. Los carros con ruedas de fierro se deslizaban por rieles. La fuerza motriz la aportaban caballos o mulas. De allí el nombre: Tranvías de Sangre. Comenzaron a circular en 1802.

El éxito de los carros entusiasmó a los franceses, que los acogieron en 1856. Cinco años más tarde, la locomoción colectiva conquistó a Francia. Chile ocupó el cuarto lugar y el primero en Sudamérica.

EL FLAMANTE TRANVÍA EN CHILE

Santiago fue la primera ciudad que instaló la moderna movilización a tracción animal. Un caballo percherón o una mula de fuerte contextura, fueron los animales usados para arrastrar el armazón sobre un tendido de rieles. La inauguración se realizó bajo el gobierno del presidente Manuel Montt, en 1856. El tranvía salía de la Estación Central, avanzaba por la Alameda hasta la calle Arturo Prat.

A fines del siglo XIX se sumaron nuevas ciudades: Valparaíso con carros cerrados en 1863. A comienzos del nuevo siglo, más de veinticinco ciudades habían iniciado la movilización colectiva instalando tranvías de sangre.

Las ciudades del norte habían acelerado su proceso demográfico. El salitre había conquistado la agricultura mundial. Las máquinas productoras brotaban como callampas. Al término del siglo, Tarapacá contaba con 99 oficinas y Antofagasta con 85. Las ciudades estaban al servicio de la poderosa industria; puertos, ferrocarriles, etc. El censo de 1885 arrojó un total de 45 mil habitantes en Iquique y en Antofagasta, 21 mil. El censo de 1895 dio cuenta del aumento demográfico: Iquique 87.000 y Antofagasta 44 mil.

Iquique adoptó el sistema de tranvías, en 1865, con coches de dos pisos. El recorrido tenía una extensión de dieciséis kilómetros. Los tranvías se desplazaban por las calles Baquedano y Tarapacá y convergían en la plaza de los abastos. Los conductores eran mujeres y hombres. Los vecinos más pudientes los utilizaban, para salvaguardar el vestuario que la tierra de las calles ensuciaba. Los reducidos salarios derivaron en conflicto con los patrones. Uno en 1884 y el otro en 1905. El aumento fue de $0.50. Dejaron de recorrer las calles de Iquique en 1930.

En Antofagasta se instalaron ocho años más tarde. Para el tendido de rieles se utilizaron los que quedaron cuando fracasó el ferrocarril que intentó construirse entre Mejillones y Caracoles. El contratista fue Eliseo Miranda, quien no los reparaba porque una empresa estaba ofreciendo tranvías eléctricos. Un regidor denunciaba que los tranvías avanzaban más lentos que las carretas.

En Tocopilla se inauguraron en 1906. El proyecto pensaba unir el sector norte con el sur desde Freire hasta Baquedano. El tranvía de sangre nunca funcionó con normalidad por los obstáculos que surgieron de la empresa del Ferrocarril del Toco.

 

 

 

 

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