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EDICIÓN | Julio 2011

Máxima potencia

Francisco Bartolomé, piloto de rally
Máxima potencia

Con un talento, sin dudas, heredado de su tío —Ángel Bartolomé, piloto de Rally—, este analítico y tranquilo ingeniero civil cambia de profesión a la hora de sentarse en el auto y empezar a rugir motores. Intrépido y apasionado en las carreras, Francisco Bartolomé se juega el todo por el todo en cada competencia. Y aunque reconoce no ser tan ambicioso en lo personal, su carácter más bien conservador toma potencia cuando se pone el casco y comienza su ruta.

Por María Paz Macaya O. / fotografía Javier Gutiérrez A.

Pancho Bartolomé siempre ha vivido en Santiago, pero toda su vida y su familia ha estado ligada a Talca. Desde chico venía a veranear al campo de sus abuelos, porque sus papás eran de acá. “En cierta forma yo me siento talquino, porque veníamos mucho, me gusta el campo, la ciudad es tranquila, está todo cerca. Además, tengo muy buenos recuerdos, sobre todo de los veranos en el fundo Santa Eliana, en Duao”.

De su infancia en el campo, surge el gusto por los caballos, que comparte con su padre, al igual que muchas otras actividades. “Mi abuelo —Pedro Bartolomé— corría en rodeo, por eso siempre hemos estado unidos a los caballos. Mis tíos tienen un criadero. Y mi hermano chico —Martín— retomó la tradición del rodeo. Tiempo después, lo siguió mi papá que desde hace un tiempo, también empezó a correr”.

Los Bartolomé son muy unidos y disfrutan compartiendo estos pasatiempos en familia. “Yo hago un paralelo entre el rally y el rodeo, porque el ambiente que se forma es muy similar; todos se reúnen, se comparte, hay camaradería; al igual que en el parque de asistencia. Cuando uno llega, están tus familiares, amigos y seguidores esperándote, muchas veces te animan, te felicitan, se comenta la carrera, es muy entretenido”.

Desde pequeño, Francisco compartió muchos otros pasatiempos con su papá como fue la afición por los autos. “Desde que tengo memoria mi papá coleccionaba autos antiguos y después tuvo un galpón donde los comenzó a guardar. Me acuerdo que una o dos veces por semana, cuando salía del colegio, me iba a una desarmaduría a buscar cosas y me pasaba tardes enteras. Para mí era un tremendo desafío encontrar piezas originales, en buenas condiciones y únicas. Tenía unos quince años y de ahí en adelante comencé a interesarme en esto”.

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<strong>VELOCIDAD EN EXTREMO</strong>

Francisco escuchó en su casa hablar de tuercas, ruedas y motores desde que tuvo conciencia; como cualquier fanático le gustaba seguir las carreras automovilísticas que se transmitían por televisión y estar informado de las hazañas de los mejores pilotos. Un día recibió una invitación de su tío Ángel: ver la última fecha del Rally Mobil 2002, en Santiago. “Me acuerdo que fuimos juntos; para mí era un panorama espectacular y cuando estábamos allá me dijo que quería empezar a correr”. Francisco apoyó a su tío y le ofreció ayuda, porque le gustaba la idea de acompañarlo en las competencias y comenzó en el rally como mecánico. “Lo acompañé en cuatro o cinco fechas, o sea, alrededor de un año. Pero además de ser su mecánico, siempre lo ayudaba a revisar las rutas, y cooperaba lo que más podía porque era algo que me apasionaba”.

<strong> ¿Cuándo decides comenzar a participar en el rally?</strong><br /> Este es un deporte que siempre he disfrutado mucho, quizás por esta pasión familiar por los autos. Pero nunca me proyecté, ni me imaginé ser piloto. De repente Ángel me preguntó: “¿Pancho, te gustaría correr? …Hazte un curso de navegante y nos vamos a Puerto Montt y corres conmigo”. Así que fui, hice mi curso y partimos para el sur.

<strong> ¿Cómo fue esa primera carrera en Puerto Montt?</strong><br /> Yo tenía diecinueve años, era muy joven y estaba ansioso, era la primera vez que participaba en la carrera desde adentro y tenía la tremenda responsabilidad de guiar a mi piloto por la ruta. Fue mi primer rally y mi primer vuelco; no pudimos terminar porque nos volcamos. Quedé bastante insatisfecho, tenía la duda por no saber si servía o no para navegante. No terminé de sentirme cómodo y seguro con esta tarea. Así que le dije a Ángel que corriera con otro copiloto.

<strong> ¿Qué pasó después, cómo te reanimaste a seguir?</strong><br /> Mi tío siempre ha sido catete, perseverante y él me animó a seguir. Entonces, en esa ocasión no aceptó correr con otro navegante y me dijo: “tenemos que entrenar más, yo quiero correr contigo así que sigamos adelante en esto”. Pero realmente no me sentía bien. Me daba cuenta de que no era lo que él necesitaba. Su aprendizaje era más rápido que el mío, pero siempre me animó, nunca me reprochó nada.

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<strong>LA DUPLA BARTOLOMÉ</strong>

En la época en que Francisco fue copiloto de Ángel Bartolomé, tenía diecinueve años y estudiaba ingeniería civil en la Universidad de Chile. Su escaso tiempo lo dividía entre la universidad y su entrenamiento para las carreras. Pero su participación en el rally fue incompatible con los estudios; como le topaban las fechas con la universidad tuvo que retirarse. “Me dediqué a estudiar, pero siempre seguí a Ángel y me mantuve al margen; iba a ver su carrera, estudiaba la ruta, viajaba los viernes a donde se iban a disputar las fechas con tal de acompañarlo”.

En 2007, Ángel pasó a la categoría N4, donde corren los autos con mayor potencia. Ese año, la última fecha era en Santiago y había competidores sudamericanos de excelente nivel. Ángel no podía ir y le ofreció su puesto a su sobrino Francisco. “Le dije que sí al tiro, y nos pusimos a entrenar. Practicamos con el copiloto de él y me acuerdo que, en uno de los primeros ensayos, Ángel se paró en una área alta del terreno a mirar todo lo que yo hacía y cada vez que pasaba me decía “mal, mal”; hasta que de repente me dijo “¡perfecto… eso es lo que tienes que hacer!” En esa fecha, en la N4 terminamos en cuarto lugar.

El 2008, Francisco y su tío armaron un equipo con dos autos Subarú Impreza STI. Ese fue un año intenso para los Bartolomé, porque corrieron todas las fechas, se afiataron y obtuvieron buenos resultados. “En general nos fue bien, pero a veces la ansiedad me ganaba y rompía el auto. Hacía primes buenos, pero era irregular. Después de la tercera fecha de ese año, competí con Diego Canotti, quien fue mi navegante y me enseñó mucho. Él corría en esta categoría, entonces sabía mejor que yo a qué velocidad andar, cómo usar los cambios, conocía al revés y al derecho el comportamiento del auto”.

Pero Francisco tiene las cosas claras, y sabe que de este deporte no se puede vivir; por eso, en 2009 hizo una pausa en su carrera automovilística para dedicarse a terminar sus estudios y también comenzar un magíster.

En 2010, Francisco tuvo la posibilidad de comprar un Renault, Clio. Con este auto, en la categoría N2, se reintegró a la cuarta fecha de la competencia, que se disputó en Talca. “Yo tenía la sensación de que me iba a ir bien. Y le comenté a mi grupo de mecánicos, porque sabía que con ese auto podíamos pelear la punta. Me acuerdo que íbamos adelante, no manejábamos el tiempo de los demás, llegamos al parque de asistencia, y mi hermano Martín me dijo “buena… Schumacher”. Mucha gente se acercó a felicitarnos, incluso me llamó un piloto de la época de Ángel para felicitarnos. Después de un año sin correr fue un tremendo triunfo”. Después, Francisco Bartolomé cambió su auto y arrendó un Mazda 3, con el que obtuvo el tercer lugar en la categoría N3 y N3 Light.

<strong> ¿Qué cualidades debe tener un buen piloto?</strong><br /> Más allá de la velocidad, uno tiene que ser tranquilo, dominar el auto, pensar antes de actuar y eso te lo da la experiencia, la madurez. Tal vez yo, a los veintitrés años, era muy loco e intrépido. Ahora, en cambio, soy más reflexivo y analizo antes de actuar.

<strong> ¿Cómo ha sido tu participación este 2011?</strong><br /> En el verano me integré al equipo Movistar Honda Racing. Con ellos me he sentido muy cómodo, es un grupo afiatado, profesional y nos ha ido bien. Ya llevo tres fechas; en la primera, Osorno, tuve un accidente y no pude seguir. Fue lo más malo. En la segunda fecha, en Yumbel, hice una carrera que me gustó, muy conservadora, obtuve un buen tiempo y saqué el cuarto lugar en la categoría N3 Light. Y en la última carrera, que fue en Rancagua, ganamos la etapa del domingo.

<strong> ¿Qué metas te has propuesto para este año?</strong><br /> Para este año me propuse hacer kilómetros, conocer bien el Honda Civic, dominar el auto, saber cómo se comporta. Por eso quiero competir de manera tranquila y conservadora. Así, el próximo año, hacer un campeonato bueno de principio a fin. Y un buen desempeño me permite tener más auspiciadores. Y por supuesto, que me vaya excelente en las próximas fechas: La Serena ahora en julio y Talca, Curicó en agosto.

<em><strong><br /> “Yo hago un paralelo entre el rally y el rodeo porque el ambiente que se forma es muy similar; todos se reúnen, se comparte, hay camaradería; al igual que en el parque de asistencia. Cuando uno llega, están tus familiares, amigos y seguidores esperándote, muchas veces te animan, te felicitan, se comenta la carrera, es muy entretenido”</strong></em>

 

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