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EDICIÓN | Agosto 2012

Ruta del Pisco, Valle de Elqui

Destilados con historia

Fino aguardiente de uva, resultado de una centenaria tradición vitivinícola o el destilado más popular de Chile, pueden ser algunas definiciones para el pisco. Producto con denominación de origen, que tiene su cuna en el ancestral norte chico del país. Pero si el pisco es chileno o peruano, es polémica de antaño.

Por Víctor Godoy Jiménez / Fotografía: Patricio Salfate Traslaviña

Este será un recorrido que tendrá un sabor y olor inolvidable. Partimos temprano hacia las principales pisqueras en el Valle de Elqui. Una fría mañana, cotidiana por estos días, nos recibe. Por la Ruta 43 nos encontramos con una espesa neblina, un poco inusual por estos lados.

EL SECRETO DE LO ARTESANAL

Nuestra primera destilería está emplazada cuatro kilómetros arriba de Pisco Elqui, antes de llegar a Horcón. A mano izquierda, vemos una atractiva y antigua casona con un letrero que dice “Fundo los Nichos”. Clientes habituales y turistas ya estaban esperando que abrieran las puertas para comprar los prodigiosos piscos artesanales: Los Nichos (35°) y Espíritu de Elqui (40°), producidos en este hermosísimo lugar.

Atendidos por su propio gerente, Luis de la Jara, comenzamos la visita que es gratuita. Cuenta que, por el 1878, Rigoberto Rodríguez Rodríguez se convirtió en uno de los pioneros en la tradición vitivinícola. Fundó las actuales viñas en estos fértiles faldeos e innovó. Nichos mortuorios fueron construidos de forma subterránea, no precisamente para difuntos, sino para almacenar, con la mejor temperatura, cientos de botellas de vinos y destilados, antiguamente de su marca propia Tres Erres, en honor al nombre de su creador; posteriormente se vendió este nombre a la Cooperativa Control.

Visitamos los sectores de vendimia, fermentación, alambiques y embotellado, donde en cada uno podemos sentir los aromas propios de las etapas del proceso de producción. Pero nuestras ansias aumentan por conocer los famosos nichos, que dieron el actual nombre. Llegamos a un antiguo galpón, donde entre rejas de fierro y adobes se resguarda el pisco en cientos de barriles de madera de roble. Entramos a un místico subterráneo que nos lleva a la sala de guarda, donde antaño, Rigoberto Rodríguez compartía largas juergas con sus amistades. No se trataba de un cementerio, sino de una serie de sepulcros en las paredes que aún contenían botellas de pisco con centenares de años; ahora solo están como recuerdos, cubiertos por una rejilla para evitar que se los roben.

Este lugar almacena cinco generaciones familiares y uno de los mejores piscos del país. Así fue confirmado en el último concurso nacional “Catador 2012”. El pisco Los Nichos de 35° obtuvo Gran Oro, el mayor galardón; mientras que los piscos, Espíritu del Valle de 40° y 45° se llevaron medalla de Plata y Oro, respectivamente.

CAVAS MISTRAL

Bajamos nuevamente al pueblo que le hace honor a este destilado: Pisco Elqui. Es frente a la bella plazoleta central que se encuentra la planta y centro turístico del pisco Mistral. Este destilado pertenece a la Compañía Pisquera de Chile y se ha transformado en uno de los más importantes, en términos de calidad.

En este lugar fue que anteriormente funcionaba Tres Erres, por eso visitamos un museo destinado a todos los arcaicos implementos que se utilizaban en la antigua producción. Nos damos cuenta de que los olores acá ya no son una característica especial, debido a que solo realizan la recepción y molienda de la uva hasta obtener el mosto. También hay una enorme y bella sala de guarda, especialmente acondicionada para el Pisco Nobel de 40°, una de sus especialidades. El resto del trabajo lo hacen en las plantas ubicadas en el Valle del Limarí.

De todas formas, visitar este sitio es una sutil parada para conocer más de este destilado. Lo más novedoso, sin duda, es que los mismos clientes, pueden embotellar el pisco de su elección. Por seis mil pesos por persona podrá disfrutar de una experiencia que vale la pena conocer cualquier día del año.                                                            

ARTESANOS DE COCHIGUAZ

Seguimos nuestro viaje. Bajamos por la Ruta 41, ahora hacia Monte Grande. Destacada, por ser la cuna de Gabriela Mistral, esta pequeña localidad también presenta una parada obligada dentro de nuestra ruta pisquera.

De la cooperativa Capel, la planta del pisco Artesanos de Cochiguaz solo se dedica a la molienda para la elaboración del mosto que, posteriormente, es trasladado y convertido en destilado en la planta matriz de Vicuña. A pesar de lo solitario del lugar, ya que no es tiempo de vendimia, había bastantes turistas mientras estuvimos allí. La mayoría, atraídos por los variados cocteles que ofrece esta marca, incluyendo el famoso y solicitado “pajarete”, un vino dulce artesanal que solamente es comercializado aquí y en Capel.

LA PLANTA MATRIZ

Nuestra última parada. Camino a Peralillo, en Vicuña, encontramos la pisquera Capel. Desde afuera, ya podemos observar el estilo rústico e industrial, esa mezcla entre tradición y modernidad que lo ha convertido en un atractivo centro turístico.

Con ansias comenzamos a conocer la elaboración de este popular pisco que ha cautivado a Chile por años y que tiene excelentes resultados también en el extranjero. Una planta matriz, única en el país, donde realizan toda la producción de este destilado. Mientras caminamos por este bello lugar, entre la flora local, vemos en el centro un pequeño “pueblito artesanal” para turistas, construido con antiguas cubas de madera.

La encargada turística nos explica cada detalle del proceso de elaboración. Pasamos por el amplio sector de molienda donde separan los restos inservibles del grano de uva. El tipo Moscatel de Alejandría es la materia prima. Son traídas desde el valle de Huasco para la producción del pisco Alto de Carmen, mientras que para los piscos Capel, Artesanos de Cochiguaz y sus diferentes variedades de cocteles (sours y cremas), la uva es cosechada en este mismo valle. Vemos enormes cubas y percibimos el fuerte aroma a jugo de uva. En acero, el mosto decanta para luego ser almacenado en más de cincuenta barriles de concreto para fermentar por, al menos, medio mes.

Avanzamos con el recorrido en esta planta que data de los años sesenta. En la etapa de destilación, comienza el proceso en el cual el vino, con ayuda de vapor, da origen al preciado alcohol. Sentimos con mayor fuerza ese aroma cítrico y floral, que emerge directamente de este aguardiente que supera los setenta grados.

Entramos a las bodegas donde el licor ya está destilado. El pisco de guarda permanece por más de dos años en barriles de madera de roble americano, a una temperatura y luz perfecta. Por su parte, los piscos transparentes pasan mucho menos tiempo en grandes cavas, los que son producidos especialmente para tragos mezclados, tal como una apetecida “piscola”.

Seguimos caminando hasta llegar al último y más moderno proceso: el envasado y embotellado. Desde arriba apreciamos largas huinchas deslizadoras y un automático sistema con el que llegan a embotellar cerca de quince mil cajas diarias de pisco y seis mil de cocteles. Así ya están listas para ser servidas en nuestras mesas y bares.

Bella también es la cava principal. De forma subterránea esconde un museo vitivinícola, una sala de exposiciones y degustaciones y, lo más preciado, cuatro mil barricas de madera conforman, ante una dorada y tenue luz, una perfecta postal. Acá se absorbe el aroma real a pisco, el más potente de todo el viaje. Fin de un paseo que cuesta mil quinientos pesos por persona y diez mil por un tour premium, que incluye catas y coctel.

Un entretenido viaje de lo artesanal a lo industrial, nos hizo oler, ver y conocer lo que hay detrás de cada botella del destilado nacional por excelencia. Y, para que no le pase como  a nosotros y pueda disfrutar al máximo de las bondades de este tour, se hace necesario llevar siempre un chofer designado.

 

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