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EDICIÓN | Julio 2011

Recompensa al Corazón

María Paz Velasco, Fundación Paula Jaraquemada
Recompensa al Corazón

Una mujer con vocación por la ayuda social, sobre todo por los niños desamparados, que se ha preocupado de entregar a las familias herramientas para sobreponerse y superar la vulnerabilidad. Una labor que ella disfruta y que en ningún caso le quita energía, sino que, muy por el contrario, cada día la fortalece y le da más vitalidad.

Por María Paz Macaya O. / fotografías Javier Gutiérrez A.

María Paz está segura de que sus papás fueron los que arraigaron en ella esa motivación e interés por el trabajo social. En su casa el ayudar a los demás era una forma de vida que esta mujer definitivamente heredó y aprendió. “Recuerdo cómo mi papá trabajaba junto con el padre Hurtado, específicamente en un proyecto llamado “El esfuerzo y el ejemplo”, hace muchos años atrás, cuando todavía no se hacían este tipo de campañas sociales masivas que hoy se realizan”.

Proveniente de Santiago, es la cuarta hija de una familia de seis hermanos. Estudió pedagogía en inglés, a los veinticuatro años se casó y dejo su vida en la capital para irse a vivir al campo, en Colbún, junto a su marido, Germán Donoso. “Estuvimos seis años viviendo allá, yo no trabajaba y me dediqué a cuidar a mis niños. Entre medio, hacía clases particulares y colaboraba con el Hogar de Cristo o ayudaba en actividades de pastoral”.

Por razones laborales y porque tenían familia, se trasladaron a Linares, y pronto a Talca. Luego de estar cinco años en esta ciudad María Paz quiso hacer algo que no le demandara tanto tiempo, así que empezó a trabajar en el departamento de extensión del Colegio Inglés de Talca, lo que le permitió compatibilizar un espacio laboral para ella, ligado a lo social, junto al horario escolar de sus hijos y el resto de sus actividades.

Pero pronto asumió (2001), como directora en uno de los centros de la Fundación Paula Jaraquemada, en la comuna de San Clemente, un trabajo que le permitió desarrollar al máximo su vocación.

Esta institución fue creada hace treinta y cuatro años en nuestro país, con el objetivo de atender a menores de escasos recursos y en riesgo social. Es un organismo colaborador del Servicio Nacional de Menores y también es sostenedor de varios colegios subvencionados. En sus inicios comenzó con centros de menores, de atención diurna, donde se les acogía y se les daba alimentación. La idea es que los niños asistan a estas sedes de forma extraordinaria al colegio. Aquí obtienen apoyo escolar, psicosocial, formación de valores, de hábitos, y mucho cariño y atención.

La idea de estos establecimientos es la de prevenir situaciones donde se vulneren los derechos infantiles, incorporando la participación de las familias y juntas de vecinos. “También consiste en guiarlos y conectarlos con las redes sociales que ellos requieran para acceder a beneficios. Y cuando se detecta una situación de riesgo, derivar a las instancias que correspondan”.

Pero Maria Paz se compenetró demasiado con los problemas que atendía y empezó a verse agobiada por tanta necesidad. “Estuve cuatro años en ese cargo, me gustaba mucho, pero fue una etapa agotadora para mí. Estaba muy estresada, me involucré demasiado con mi labor, ayudar a los niños, sobre todo acompañarlos en los malos momentos es un trabajo que retribuye mucho en lo personal, pero si uno no sabe separar las cosas y si emocionalmente no se está preparada, las realidades de vida que te toca conocer afectan y consumen tremendamente”.


FUERZA DIVINA

De esta manera María Paz, dejó su cargo con mucha tristeza, para dedicarse a su familia. Fue el 2006, un año tremendamente difícil y duro en términos emocionales, debido a la muerte de su padre y de su hermana. “Dios te manda la fuerza para enfrentar estas situaciones extremas. Nosotros somos débiles, pero la fe y el cariño de la gente puede ayudarnos a salir adelante”.

Un año más tarde, se hace cargo de la pastoral de una universidad privada de la región, donde organizaba el año litúrgico y estaba a cargo de cualquier actividad de acción social de la institución. “El objetivo de la pastoral era involucrar a los estudiantes con los más necesitados, formarles conciencia de que ellos a través de sus distintas carreras, con sus potencialidades y capacidades pueden ayudar a personas en situación de vulnerabilidad. Por otro lado también ayudé al padre Rafael Villena a crear una casa de acogida destinada a todos esos jóvenes estudiantes que vivían en localidades rurales y que no tenían los medios para viajar o arrendar algo cerca”.

Con el paso del tiempo, además de todo lo que le ha tocado vivir a esta fuerte mujer, hoy está nuevamente enfrentando una situación muy delicada debido al cáncer que afecta a su marido desde el año pasado.

¿Cómo han enfrentado la enfermedad de tu marido?
Ha sido difícil, sobre todo porque estas cosas pasan de un momento a otro, de repente en un control médico te dan este diagnóstico lo que es bastante fuerte. Pero me siento elegida y estoy muy agradecida porque de cien casos de cáncer al páncreas, veinte son tratables, y de esos veinte, diez son operables y alrededor del dos por ciento de estos casos se recupera. Dentro de ese dos por ciento está el caso de Germán. Por eso nos sentimos privilegiados, pero hemos pasado por quimioterapia, además tuvo tratamiento de radioterapia por seis meses, ha sido tremendo. Desgraciadamente es en estos casos que uno valora mucho más las cosas buenas. Me impresiona la capacidad de los niños para enfrentar todo esto, lo unidos que hemos estado y la fuerza de mi marido.

NIÑOS MÁS FELICES

Mientras apoyaba a su marido y en agosto de 2010, María Paz decide asumir y retomar su antiguo trabajo, ahora como directora del centro Tutelkan, de la Fundación Paula Jaraquemada, que atiende a las comunas de San Clemente y Maule. “Este es mi ideal de vida, mi vocación y además es un trabajo remunerado, algo que necesitamos. Me encanta trabajar con niños, sobre todo porque los acompañas en los momentos difíciles y ayudas a salir adelante”.

Después de diez años de haber trabajado en la fundación Paula Jaraquemada ¿Cómo ha sido este regreso, como directora de un centro?
Totalmente distinto, porque ya tengo más experiencia. Ha sido bueno, especialmente porque la institución está más organizada, hay más ayuda de personal y colaboradores, como asistentes sociales y psicólogos. Hoy en día la ayuda se da en forma más cercana, se trabaja directamente con las familias.


¿Por qué decidiste volver?
Porque es lo que me gusta, me sentí preparada y se dio la oportunidad.

¿Qué tipo de talleres se dictan en el centro, para formación y para la prevención de conductas de riesgo?
Tenemos módulos de formación, y de auto-protección con los niños. Otro es de desarrollo de recursos personales, por ejemplo que una mujer se defienda y pida ayuda frente a una situación de violencia familiar. Tenemos el taller de desarrollo de habilidades sociales como es el caso de los cursos de costura o cocina. Y otros como el que dicta la matrona para embarazadas o el de motivación escolar para combatir la deserción escolar.

¿Qué te pasa cuando una situación te afecta mucho?
Siento que no puedo estar tranquila, me sirve porque me motiva a buscar mayores recursos, a moverme más para conseguir cooperación y apoyo de otras instancias, en forma más efectiva. Y eso es lo gratificante, que ahora la red se mueve de manera eficiente; porque antes no se le daba importancia a los derechos de la infancia, y ahora se pueden ver los resultados en el niño.

¿Un ejemplo de lo que te toca vivir en la Fundación?
Hace poco nos tocó ver un caso que me llegó mucho, una mamá, muy joven, con seis niños chicos, drogadicta, el papá de los niños también drogadicto, sin trabajo, sin casa. Estaban apadrinados por una pastora evangélica que los recibió, los ayudó, pero después tuvieron que dejar ese lugar y no tenían donde ir. Así que el centro los ayudó, los reubicamos en una casa que ellos arriendan, están los dos en rehabilitación, ella está trabajando y sale en las tardes a vender calzones rotos o sopaipillas. Es tremendo y cuesta sacarlos de ese círculo, hemos ido varias veces a visitarlos, un par de veces me acompañó mi hija Sofía y les llevamos ropa o comida, porque esos niños me han preocupado mucho.

¿Qué proyecciones futuras tienes en el centro que está a tu cargo?
Ahora estamos poniendo en marcha varios talleres. La idea es que esto no sea un centro de consulta, de atención sicológica individual, sino que se acoja a toda la familia. Que se realicen talleres para mamás, jóvenes y niños. Por ejemplo, un taller de bordado para las mamás, en las que paralelamente estamos educando, cuando se conversa y se tratan temas de formación, mientras se borda. En otro aspecto, queremos lograr que los niños se sientan identificados con el centro de la fundación. Que ellos sientan nuestro respaldo, que lleguemos a ser una familia que los ayuda y acoge. En estos momentos estoy organizando el día del niño y para fin de año quiero celebrarles la navidad. Estoy en conversaciones con la Seremi de Cultura para realizar una obra de teatro y recaudar fondos para la navidad.

“Ahora estamos poniendo en marcha varios talleres. La idea es que esto no sea un centro de consulta, de atención sicológica individual, sino que se acoja a toda la familia. Que se realicen talleres para mamás, jóvenes y niños”.

 

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