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EDICIÓN | Agosto 2012

Rebelde con causa

Jocelyn Lizana Muñoz, seremi de minería
Rebelde con causa

Contra viento y marea ha logrado todo lo que se ha propuesto. Estudiosa, obstinada, trabajólica y tenaz, de sonrisa fácil y explosiva, ha conquistado no solo a un sector industrial —el más productivo del país—, sino también al ámbito público, en el que se ha dado a conocer por sus méritos e inagotable perseverancia. Fue calificada con nota máxima en su memoria de título, su profesor le dijo a su madre que después de Hernán Büchi no había visto un examen tan bueno. Recién ese día su familia comprendió que esta “loca rebelde” —como la llamaban— tenía una causa y con ello grandes sueños.   

Por Verónica Ramos B.  /  fotografía Patricio Salfate T.

Una videoconferencia en la Intendencia Regional retrasa la entrevista programada para el mediodía. Mientras, espero sentada en un sillón verde pistacho, primer indicio de la mano femenina que lidera esta seremía. Minutos más tarde, aparece acelerada y sonriente, pide disculpas por la demora. Sus ojos tienen un brillo especial, Jocelyn Lizana (31) —la primera mujer seremi de minería de la región— está embarazada de su tercer hijo y luce radiante… feliz, porque la familia crece junto a sus pequeñas mellizas.

En su oficina, Jocelyn se pone cómoda en una silla también de color verde pistacho. A su espalda, sobre un mueble, galardones, reconocimientos y una pala retroexcavadora de juguete se entremezclan con dibujos y fotos de sus hijas. Esta vez, sí está segura que es un solo bebé, pues hace tres años, por instinto maternal, tuvo el convencimiento desde un principio que serían dos.

“ME CREO EL CUENTO”

Su madre quería que Jocelyn estudiara en el Liceo Nº 1 y ella, por su cuenta, postuló al Carmela Carvajal y quedó. Tiempo después, la decisión de ingresar a la universidad fue un drama familiar, no había dinero para costear este nivel de gastos. Su madre le rogaba que hiciera un secretariado, pero entre llantos, peleas y respaldada por un notable rendimiento académico, postuló a ingeniería plan común en la Universidad de Chile, envió una carta para obtener una beca y lo consiguió. A los veinte años se fue a vivir sola, lo que significó otra discusión y dolor de cabeza para sus padres. La difícil situación económica de la familia sumado a la obstinación de Jocelyn por cumplir el sueño de ser una gran profesional, la convirtieron en una mujer trabajadora incansable hasta hoy. Es categórica en afirmar “yo me creo el cuento… eso en la vida es fundamental”.

¿Los estudios siempre fueron tu prioridad?
Sí, siempre fui muy estudiosa, al grado de que mi mamá me castigaba por estudiar tanto.

Apostaría a que estudiabas con una linterna en tu cama para que no te descubrieran
(Se ríe) Sííí… justamente te iba a contar esa anécdota. Mi mamá me amenazaba si me encontraba estudiando con la linterna debajo de la ropa de cama. La verdad es que fui muy matea, un poco nerd.

Pero, ¿te dabas tiempo para la distracción?
Tenía una religión cristiana muy exigente y me dedicaba a eso. Pero me daba tiempo para todo… practicaba gimnasia rítmica, creaba empresas de colegios, me inscribía en todas las actividades extra programáticas, hice radio y una revista, escribía poemas, fui jefa de alianza, trabajé con niños en riesgo social a través de un programa municipal. La verdad es que estaba en todo.

¿Y también tenías que trabajar?
Claro, desde los catorce años y en diferentes emprendimientos personales. Vendía ropa usada y cachureos hasta que me descubrieron que vendí una botella de pisco y la reemplacé por una con agua. Después de esto me suspendieron todo tipo de negocio (se ríe).

Estudias dos años plan común ¿por qué optas por ingeniería civil en minas?
En la universidad vi un cartel que decía ¿Quieres conocer a doña Inés? y más abajo un aviso de postulación. Junté todos los papeles, mis notas y una carta dando las razones de por qué debía ganármelo. La carta fue lo que llamó la atención y junto a otra compañera, me gané una visita para conocer la mina “Doña Inés de Collahuasi”. En ese entonces, Diego Hernández era el presidente del directorio de esta empresa y nos recibió. Acá me cambió la vida, no sabía lo que era una mina y cuando me decían que estaban a cinco mil metros de altura me imaginaba un precipicio gigante, con una nube alrededor y que había que llegar en helicóptero (entre risas se cubre la cara de vergüenza).

¿Y cuál fue tu impresión después de toda esta fantasía?
Lo primero fue constatar que había que subir por el cerro (risas). Nos recibió el biólogo de la compañía y nos explicó cómo ellos rescatan la flora y la fauna del lugar…eso lo encontré espectacular, porque tenía otra visión de la minería al respecto. Luego nos mostraron la mina y quedé alucinada. Bajé del cerro y dije ¡quiero estudiar minas! ¡quiero estudiar minas!.

LAS MELLIZAS DE UN TANGO

Y así fue, Jocelyn estudió ingeniería civil en minas, una carrera de preferencia masculina. Otro motivo más que causó una discusión familiar a tal punto que la trataron de rebelde y de “loca soñadora”. Es en ese momento cuando decide vivir sola y seguir trabajando para costear sus gastos. Tiempo después, Jocelyn, hace un llamado telefónico para agradecer a quien le había dado la posibilidad de una práctica profesional y sin pedirlo le ofrecen trabajar en el proyecto “Mansa Mina” de CODELCO, el resultado… recibe su primer sueldo formal de doscientos cincuenta mil pesos.

¿Cómo lo hacías para trabajar y rendir en tus estudios?
Trabajaba en la mañana en CODELCO y en la tarde estudiaba con fotocopias de Cristián Cabiedes, que era mi salvación. No iba a clases porque tenía que trabajar, solo asistía a los laboratorios y daba las pruebas.

Dentro de esta vorágine de trabajo y estudio ¿había tiempo para el amor?
Fui muy polola… tuve como quince pololos (lanza una carcajada). Pero eran pololeos express, al mes hacía un sondeo y si no funcionaba ¡chao! A los veintidós años conocí al que fue mi marido y el padre de mis hijas. A él lo conocí en una tanguería.

¿Trabajaste también en una tanguería?
No bebo alcohol, no fumo, pero bailo apretado (risas). Bailo tango desde los diecinueve años, me encanta, incluso hice clases y, en ese mundo, mujeres y hombres suelen ir solos a bailar a las tanguerías. Una noche lluviosa y fría, él me sacó a bailar.

Y siguieron bailando…
Sí, me conquistó, pero al tiempo me fui a trabajar como jefa de mina en Chuquicamata y después de seis meses me vine a La Serena porque comencé a trabajar en Teck Carmen de Andacollo, empresa donde estuve cerca de dos años y de un día para otro me nombraron jefe de ingeniería. Tenía veintiocho años, ya estaba casada y quería ser mamá, así que no acepté el cargo y cuando renuncié me enteré de que ya estaba embarazada de las mellizas. Fue la mejor decisión.

¿Y cómo reaccionaste ante esta hermosa noticia?
Yo sabía porque soy súper ordenada en mi pega, pero muy desordenada en lo doméstico y mi mamá siempre me molestaba diciéndome que iba a tener mellizas, que una se me iba a perder en la lavadora y, la otra, en el canasto de la ropa sucia (se ríe). Cuando vi la ecografía, el médico me dijo ¡no se entusiasme, pero parece que son dos!, yo le contesté ¡sí lo sé, son dos!

VOCACIÓN Y MÉRITO
El nacimiento de las pequeñas no fue pretexto para que Jocelyn dejara de trabajar. Con quien era su marido hasta ese momento, formó una empresa de red de hospedaje en Andacollo y de otros servicios para la minería. Pasaron siete meses y comenzó a desesperarse trabajando desde la casa, necesitaba interactuar con la gente y el terremoto del 27F gatilló en ella la necesidad de ayudar. A la semana siguiente circuló un aviso del intendente regional en el diario que decía “escogeré a mis seremis por meritocracia”. Fue su ex marido quien la motiva a postular y a darse una nueva oportunidad.

Entonces reúnes todos tus papeles y adjuntas una carta…
Sí, también mandé una carta, pero antes tuve que hacer mi currículo porque siempre me habían llamado de las empresas. Escribo en la carta que no pertenezco a ningún partido político, que no me preocupa el sueldo que me paguen, que quiero trabajar por vocación y que como tengo hijas chicas no puedo ir al sur para ayudar en la reconstrucción, entonces me propongo para trabajar como seremi porque tengo las capacidades técnicas.

Y de eso ya han pasado dos años ¿cómo ha sido la experiencia de trabajar en el servicio público?
Muy positivo, he logrado que esta seremía sea la más grande de Chile; tengo treinta personas a mi cargo y sigo creciendo. Ha sido muy enriquecedor porque había trabajado en consultoras, en terreno, en minas, en proveedores para la minería, entonces este era el eslabón que me faltaba para ver todas las caras de la moneda del sector.

¿Cuál ha sido el sello de tu gestión?
El sello que ha marcado esta gestión tiene que ver con la articulación, es decir, reducir las brechas entre grandes y pequeñas mineras, entre proveedores, en la relación con la comunidad, etc. Gasto mucho tiempo en mediar entre las partes, además de todos los proyectos que tiene esta seremía. Por otra parte, el sello interno es que sé delegar y tengo una red de apoyo fundamental.

¿Ha sido muy difícil mediar este trabajo con la vida familiar?
Tiene sus costos. Me separé hace más de un año, ahora tengo una nueva pareja y estoy feliz con mi tercer hijo, pero equilibrar los tiempos es muy difícil; hace cuatro meses que no tengo nana y estoy haciendo magia.

¿Qué viene después de seremi?
Mis decisiones se basarán en la calidad de vida que le pueda dar a mi familia.

¿Y si Golborne llega a ocupar el sillón presidencial?
(Ríe) Bueno, puede ser una alternativa, no me cierro a nada, pero hoy solo quiero estabilizar mi familia y hacer bien mi trabajo.

 

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