Tell Magazine

Entrevistas » Cultura

EDICIÓN | Agosto 2012

Alma de niña

Andrea Léniz Valle, pintora
Alma de niña

El arte aflora desde su propio proceso mental, evocando una infancia llena de intensos colores, armonía, magia e inocencia. Cada una de sus pinturas: bailarinas, virgencitas, princesas, ángeles o constelaciones provocan alegría y sonrisas en los pequeños y un suspiro de nostalgia que transporta a los más grandes a esa época de ingenua niñez. 

por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

Cuando era pequeña entraba al taller de su padre y el olor de la trementina (disolvente de pinturas) la volvía literalmente loca. Quedaba fascinada observando a la distancia, los innumerables tubos de pintura y el aroma a óleo impregnado en ese lugar sagrado, porque era prohibido e intocable para los niños. Su padre, marino de profesión, había estudiado en la Escuela de Bellas Artes y la pintura continuó siendo su pasatiempo favorito.

Esta fue su primera conexión con el arte, la que pudo desarrollar con sus propias manos cuando Andrea comenzó a pintar en el colegio y se reencontró con el fascinante aroma que provocaba en ella la trementina.

Pasó el tiempo y cuando debió optar por una carrera profesional se decidió por diseño gráfico, guiada por un consejo familiar. Durante los estudios, al igual que su padre, quería entrar a la Escuela de Bellas Artes en Viña del Mar, pero siguió su camino con la convicción de que algún día podría dedicarse a la pintura.

¿Por qué decides estudiar diseño gráfico si estabas tan impregnada con el arte?
Me aconsejaron que era mejor seguir otra carrera. Me decidí por diseño gráfico en la Universidad de Viña del Mar y todos los años decía ¡me retiro y me voy a la Escuela de Bellas Artes!, pero me iba bien, pasaba todos los ramos y terminé la carrera. Fue un gran aprendizaje porque estudié fotografía, historia del arte, dibujo… me sirvió mucho, pero mi vida estaba enfocada hacia la pintura.

¿Nunca te dedicaste al diseño gráfico?
Muy poco, solo para trabajos puntuales porque, la verdad, no era algo que me llenara. Luego me casé y como mi marido es marino vivimos en diferentes lugares: Calbuco, Iquique, Puerto Williams y, bueno, ahora en La Serena. Comencé a pintar en Iquique, pero era otra temática, más bien figurativa, y en Puerto Williams decidí poner una tienda de decoración a la que llamé “Deco Austral”, donde vendía algunas cosas de mi propia creación, que no eran precisamente cuadros, pero que también estaban inspirados en los niños.

¿En qué minuto te decides por la pintura infantil?
Algo pasó en mí cuando nació mi primera hija que hoy tiene ocho años. Yo pintaba para ella y luego para mi segunda hija.

La maternidad, entonces, fue tu inspiración…
Sí, creo que volví a recordar lo que era ser niña y a maravillarme con los programas, la música y la decoración infantil. Cuando yo era chica no existían cosas tan lindas para los niños como ahora.

Un minuto importante de mi vida fue cuando me liberé de los miedos o prejuicios respecto a la percepción que tenían los demás de mis pinturas. Me di cuenta de que a los niños les encantaba lo que estaba haciendo y las mamás volvían a ser niñas cuando veían mis cuadros… ahí supe que no necesitaba demostrar nada a nadie”.

COLORIDA PROTECCIÓN

Entre tus pinturas llaman la atención estas pequeñas virgencitas ¿cómo nace esta idea?
Yo quería virgencitas para mis hijas, para que las cuidaran en su pieza. Quería que fuesen imágenes más cercanas, alegres y coloridas para que las acompañaran durante la noche y no tuviesen miedo. Son muy alegres y gustan mucho a las mamás.

Aplicas también mucha textura…
Sí, en mis pinturas voy variando entre el acrílico, el óleo y la pintura mixta. Varios de ellos tienen textura y ahora estoy trabajando en una secuencia de diez cuentos infantiles (muestra con orgullo un cuadro de Hanzel y Gretel y la Caperucita “fucsia”). En agosto haré mi primera exposición para celebrar el día del niño, lo que me tiene muy feliz y motivada.

¿Cómo lo haces para combinar tu trabajo con ser mamá?
Estoy a cargo de todo, de la casa, las niñitas, el colegio… pero cada vez que puedo trato de pintar; es mi vicio, así que me arranco al taller y a veces me reclaman.

LIBERTAD DE CREAR

Andrea no solo pinta desde el corazón, también lo transmite y enseña a que los más pequeños abracen el arte porque les nace. Cuando llegó a La Serena tuvo la necesidad de acercar a los niños a este mágico mundo de la creatividad. Hoy tiene un taller de pintura infantil y hace clases a niños desde cinco a diez años.

¿Qué les enseñas?
Lo más importante es que ellos amen la pintura, que se sientan cercanos y que puedan hacer todo. Creatividad y autoestima es fundamental, el “no puedo” o “no me sale” no existe. La expresión, la libertad y la mano de cada uno es lo que yo busco que salga. Hacemos también expresión corporal, pero lo más importante es que vengan a clases contentos porque les gusta. La idea es que sientan con la libertad de crear porque les nace. Me gusta dar seguridad, que se lleven sus trabajos a la casa y que los pongan en un lugar especial.

¿Y cómo ha resultado esta experiencia para ti?, ¿es reconfortante?
Ha sido preciosa, me encanta y me asombra. De los niños aprendo muchísimo y me sorprenden con las combinaciones de colores que elijen. Quedo impactada con los resultados… ha sido muy enriquecedor.

 

“Ahora estoy trabajando en una secuencia de diez cuentos infantiles. En agosto haré mi primera exposición para celebrar el día del niño, lo que me tiene muy feliz y motivada”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+5+9   =