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EDICIÓN | Agosto 2012

Prevención de enfermedades cardiovasculares: Una oportunidad para unir esfuerzos

Doctor Carlos Echeverría Frías Jefe Unidad de Cardiología Hospital Regional de La Serena
Prevención de enfermedades cardiovasculares: Una oportunidad para unir esfuerzos

Las enfermedades cardiovasculares —infarto agudo al miocardio y accidentes cerebrovasculares— representan la primera causa de muerte en la población adulta en Chile y la segunda en la IV región, donde son superadas por la mortalidad asociada a causas oncológicas, fenómeno único en el país.

Cada año, estas patologías son las principales responsables de que compatriotas, física y psíquicamente activos y productivos, vean súbitamente modificadas sus existencias por alguna de estas enfermedades, asociadas a elevada mortalidad y grados significativos de invalidez residual. Los costos afectivos, económicos y sociales son obvios y enormes.

Chile, a través de políticas públicas y reformas al sector salud, ha hecho ingentes inversiones en dotación de medios de diagnóstico y terapéutica cardiovascular, estimulando el desarrollo de centros de referencia de alta complejidad y de una red nacional de unidades de atención de pacientes coronarios críticos.Lo anterior, sumado a una legislación que asegure estándares mínimos de atención a pacientes con patología coronaria aguda, implica avances notables en diagnóstico y tratamiento de la enfermedad cardiovascular ateroesclerótica.

Sin embargo, los factores que determinan una mayor posibilidad de presentar alguna de las principales enfermedades cardiovasculares —sedentarismo, diabetes mellitus, hipertensión arterial, trastornos en el metabolismo del colesterol, sobrepeso y obesidad—, lejos de estar controladas, se han incrementado en nuestra población adulta, tal como lo muestran los resultados de la última Encuesta Nacional de Salud 2009-2010.

Estas condiciones son mucho más prevalentes en estratos más vulnerables y de menores ingresos. ¿Qué podemos hacer como sociedad para modificar esta situación? Creo que la solución pasa por educar a nuestra población para inducir un cambio vital en los estilos de vida y nutrición.

La dependencia de estas enfermedades respecto de factores ambientales y estilos de vida, la transforman en una condición potencialmente prevenible y desde esa perspectiva, cobran importancia todas las acciones de promoción, fomento y educación.

Es posible educar, desde luego con el ejemplo, como actores fundamentales en la ejecución de las políticas de salud. Y si bien existen directrices comunes y transversales como país, existe un amplio espacio para la investigación y la implementación de estrategias inspiradas en la particular realidad epidemiológica y geográfica de cada región.

Esta fue la inspiración de las “Primeras Jornadas Clínicas de Hipertensión Arterial, Diabetes y Colesterol de la IV Región”, organizada por la Unidad de Cardiología del Hospital de La Serena y patrocinada por la Universidad Católica del Norte, a través de su Facultad de Medicina.

Este evento fue concebido como una instancia de reflexión respecto de la prevención cardiovascular, para establecer un diagnóstico regional, incentivar el análisis de nuestras fortalezas y debilidades, y estimular la formación e integración de nuestros equipos de salud respecto de temas esenciales en los mayores factores de riesgo para enfermedad cardiovascular.

La convergencia integrativa entre la salud pública, representada por el nivel de atención primaria y los centros hospitalarios regionales, y el ambiente científico universitario, encarnado por futuros médicos, gestores y potenciales líderes de los próximos equipos de salud, representan el aporte más relevante y sustantivo de estas jornadas clínicas, y proyectan su crecimiento y desarrollo en el tiempo.

Esta integración puede procurarnos una masa crítica, dotada de un mensaje potente que permita educar y transformar positivamente los hábitos y estilos de vida de nuestra población regional, logrando así no solo modificar nuestras actuales cifras de morbimortalidad, sino transformar el actual paradigma de enfrentar las consecuencias de la enfermedad, en una oportunidad para prevenir la aparición de la misma.

 

 

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