Un patrimonio cultural de gran trascendencia, cerca de dos mil obras de arte en su pinacoteca, un parque de esculturas, sala de exposiciones, sala de teatro y conciertos, como también el aporte de su propia editorial, que ha legitimado obras académicas, de investigación, de arte y literatura, rescatando nuestra identidad regional. Un trabajo nada fácil que, por estos días, realiza Marcela con gran pasión.
Por María Paz Macaya O. / fotografía Javier Gutiérrez A.
A la cabeza de este departamento de extensión y como directora de la Editorial de la Universidad de Talca (UTAL), se encuentra Marcela Albornoz, la mentora de estas dos áreas, quien propone, coordina y organiza una variada cartelera de actividades y presentaciones artísticas y culturales que esta casa de estudios ofrece a la comunidad. Una programación de primer nivel, donde se diversifica un espectáculo que recorre las distintas manifestaciones de arte y cultura, y que logra llegar de manera transversal a toda clase de audiencias.
Marcela Albornoz estudió diseño gráfico,en la Universidad de Chile, y trabajó por seis años en una conocida imprenta de Talca. Luego, en el año noventa y uno, llegó a la UTAL, donde comenzó a trabajar en el área de diseño gráfico, específicamente para los catálogos de extensión cultural y académica. Dos años más tarde se creó la editorial de esta institución, y Marcela empezó a dedicarse por completo a este ámbito, perfeccionándose con un magíster en diseño editorial. El 2005 Albornoz fue nombrada directora de la editorial y en el 2010, el rector de la UTAL la invitó a ser directora de extensión.
Para Albornoz, esta dualidad de cargos, ser directora de extensión y a la vez tener que dirigir la editorial, no es para nada una dificultad, por el contrario, es un trabajo que muchas veces le permite complementar o profundizar los temas culturales. “Son áreas muy distintas, pero ambas convergen en lo mismo, en la actividad cultural y en lo artístico; además, ambas tienen que ver con la imagen de nuestra universidad”.
CULTURA PARA TODOS
El patrimonio cultural que se ha generado ha permitido lograr un material de excelencia con colecciones académicas, corporativas y literarias de grandes autores. “Ahora estamos trabajando en la colección José Donoso. Ya hemos publicado cinco libros, entre los cuales destacan escritores como Sergio Ramírez, Miguel Barnet y otros que han recibido este Premio Iberoamericano de Letras José Donoso que otorga nuestra universidad, desde hace once años”.
Para Albornoz, la responsabilidad social que tiene la universidad en el ámbito editorial es fundamental y va más allá del quehacer educativo propiamente tal. El objetivo es entregar cultura a la ciudadanía, vincular a las personas con el mundo artístico en todas sus manifestaciones, difundir talentos regionales, rescatar nuestra identidad y formar audiencias. En este sentido, la editorial de la UTAL también ha contribuido, y no solo en lo académico, sino que ha logrado llegar a un variado público lector, en forma transversal y con permanencia. “Estamos entregando a la ciudadanía no solo actividades culturales, sino que un producto que trasciende en el tiempo, como es el libro”.
¿Cómo se decide qué temas o qué autor publicar?
Hay un comité editorial presidido por el rector. Todos los años se hace un concurso —Convocatoria de Colección Académica— donde los académicos postulan. Se seleccionan cinco o seis proyectos y se evalúan externamente. Algunas veces, los evaluadores y el comité hacen algunas observaciones o sugerencias al autor, quien las reconsidera para la elaboración final. El libro legitima y respalda una investigación o un trabajo académico, por eso para nosotros es importante fomentar y difundir este tipo de publicaciones.
¿Cuál es el trabajo concreto que realizas en la editorial?
Tenemos que buscar la oportunidad para publicar un buen libro, invitar a artistas a exponer y también tengo que descubrir nuevos talentos. Damos la oportunidad a quienes están empezando su carrera literaria o artística, y también a connotados como el poeta Claudio Bertoni, que publicó en marzo de este año, su libro ¿Qué culpa tengo yo? La editorial ya tiene más de cien obras publicadas de primer nivel. Es una incesable búsqueda, tanto de artistas visuales o literarios, de interesantes temporadas de teatro regional, de orquestas, entre otras manifestaciones.
¿Cuál es el sello de la universidad?
A través de la cultura podemos formar mejores estudiantes y más integrales y ese es nuestro sello. Además, a través de la difusión, proyectamos el ser y la esencia de la institución. La extensión es ese puente visual de la cultura, entre la universidad y todos los sectores de la sociedad. Por lo tanto, el compromiso social es vasto, nuestra responsabilidad cultural es para toda la comunidad; en este sentido es universal.
¿Cuál crees es el aporte que han hecho a la región del Maule?
Desde la universidad hemos contribuido a la cultura y al desarrollo de nuestra ciudad y de la región. Hemos tenido la labor de democratizar la cultura, para llegar a todo tipo de público. Además, hemos rescatado nuestro patrimonio, nuestra identidad, logrando el sentido de pertenencia.
¿El principal objetivo?
La democratización cultural para llegar a todos los sectores de la población. Creo que nos hemos destacado por lograr articular una nueva cultura, más fresca y renovada. Se trata de propiciar una extensión cultural más cercana e inclusiva, generando espacios a la comunidad. Esto nos permite crear nuevos escenarios para el pensamiento crítico, enriqueciendo el conocimiento humanista y la formación de audiencia, para educar en la apreciación artística y fortalecer la cultura, eje fundamental para el crecimiento del ser humano.
ESCULTURA, PINTURA, POESÍA
En el ámbito de las artes plásticas y visuales, la UTAL ha hecho un invaluable aporte, con una pinacoteca que alberga una variada colección que alcanza las dos mil obras de artistas nacionales e internacionales. En esta compilación destacan algunas pinturas atribuidas a Pablo Picasso, Henri Matisse y Diego Rivera. Así como también importantes donaciones de autores como Gracia Barrios y José Balmes. Además de legados históricos como el que realizó Manuel Gómez Hassam, quien entregó gran parte de su obra, más de ochenta pinturas para la Universidad de Talca, porque el artista consideró que esta corporación ha sido una de las universidades estatales que más destaca por su labor cultural. “Esto partió hace diecisiete años atrás, cuando se realizó por primera vez la iniciativa llamada Pinceles del Maule, donde invitamos a pintores a participar y les pedimos la donación de una de sus obras para la universidad. Esto ha ido formando un patrimonio material de incalculable valor, además son artistas que han recibido premios nacionales e, incluso, algunos que ya no están”.
¿Es difícil traer el arte a regiones?
No es tan difícil y es posible traer arte de primer nivel. La Universidad de Talca ha consolidado una trayectoria de excelencia en la oferta programática. Precisamente para entregar muestras artísticas de notable factura técnica y así el público lo ha agradecido. Lo apreciamos en todos aquellos profesores que traen a sus alumnos a maravillarse con una buena exposición o a apreciar el buen teatro.
Sobre el Parque de las Esculturas y a partir de su objetivo inicial... ¿ha seguido creciendo, hay nuevos proyectos?
El Parque de las Esculturas se ha ido consolidando, y tiene un prestigio y una trayectoria de gran valor artístico, precisamente por la calidad de los artistas, entre ellos, Federico Assler, Mario Irarrázabal, Matías Vial, Marta Colvin, Waldemar Otto, Lily Garafulic, Sergio Castillo, Francisco Gazitúa, José Vicente Gajardo, Aura Castro, Marcela Correa, Osvaldo Peña, Raúl Valdivieso, entre otros. Sí hay nuevos proyectos, precisamente este año se incorporará una nueva obra de gran relevancia a nivel nacional que esperamos dar a conocer en los próximos meses.
Sobre tu desarrollo y crecimiento como escritora, ¿en qué momento de tu vida surge este gusto por escribir y cómo lo has desplegado?
Mi desarrollo literario ha sido a través de una formación lectora que me inculcó mi padre, pero por sobre todo me marcó, de una manera notable, la presencia de mi abuela en mi infancia. Ella era una mujer genial que despertó en mí, cuando era niña, la imaginación más genuina y profunda. Era una contadora de cuentos extraordinaria que desarrolló en mí esa sensibilidad. De mi madre aprendí el arte de la paciencia y del buen gusto y todo eso conjugó una suerte de extrema sensibilidad y de darme cuenta de que todo arte exige ser consecuentes, pacientes y perseverantes. Por eso señalo que la poesía es un oficio, jamás un pasatiempo. Mi formación se inició de manera autodidacta, leyendo muchísimo y escribiendo más. Finalmente, he obtenido diversos premios en concursos de poesía. También realicé un diplomado en humanidades, que junto al magíster en edición y mi cargo de directora de extensión me ha permitido combinar muy bien estas áreas, tanto para mi trabajo como para la poesía. En las presentaciones de las exposiciones combino las imágenes visuales con las imágenes poéticas, y ello es simplemente maravilloso. El arte es transversal, todo está comunicado.
“…es importante mencionar nuestro objetivo de democratización cultural para llegar a todos los sectores de la población. Además, creo que nos hemos destacado por lograr articular una nueva cultura, más fresca y renovada”.