Tell Magazine

Reportaje » Fotoreportaje

EDICIÓN | Agosto 2012

Río Amazonas

Fotoaventura Amazonas, Perú

Quisimos regalarles la aventura en la que se embarcó uno de nuestros fotógrafos colaboradores en la amazonía peruana: Un mar verde muy intenso con afluentes sinuosos, muchos ríos pequeños y otros más grandes, todos con su característica forma de "s".

por José Luis Urcullú O. y Héctor Mendieta V. / fotografía José Luis Urcullú O.

Luego de unas semanas de preparación que implicaron varias  visitas al vacunatorio  para prevenir la fiebre amarilla y la malaria, llegó a mis manos el libro de cabecera de mi abuelo,  la historia de Francisco de Orellana,  descubridor quien bautizó como  “Río de las Amazonas”  luego  de haber tenido un combate con unas mujeres intrépidas y guerreras, el 24 de junio de 1542.   

UNA CIUDAD DETENIDA EN EL TIEMPO

Aterrizamos en Iquitos aproximadamente a las 9:20 de la mañana y la temperatura era de  treinta grados, mucha humedad,  el cielo estaba nublado con cirros muy altos. Un avión anfibio se veía cerca y una de las primeras cosas que nos llamó la atención fue la precariedad del entorno, en especial la del aeropuerto, que con una losa agrietada, restos de helicópteros y chatarra diseminados por doquier, parecía más bien una gran desarmaduría perdida en medio de la selva.

Iquitos es la capital de la Región de Loreto, y está ubicada en la selva nororiente de Perú. A orillas de un brazo secundario del río Amazonas, esta ciudad es un lugar de mucho mercado en la vereda, de mucha vida callejera y de sectores como detenidos en el tiempo, que perfectamente podrían retratar el estilo de vida de la primera mitad del siglo pasado. El sector más popular es el “Bajo Belén”, donde todas sus casas están sobre pilotes —debido a las crecidas del río en temporada de lluvia—, y otras, están simplemente flotando sobre balsas de madera, amarradas para  no ser arrastradas por la corriente.

En sus alrededores se pueden apreciar variopintas edificaciones, todas producto de la fiebre del caucho del siglo pasado. Están las antiguas casonas de mosaicos frente al malecón, y la primera vivienda prefabricada de América: la Casa de Hierro, diseñada y construida por Gustave Eiffel,  traída desde Europa por partes (tuercas y pernos incluidos) para luego ser instalada en el centro de la ciudad.

La única manera de acceder a Iquitos es por avión o a través de embarcaciones fluviales trans amazónicas. El costo de traer vehículos es altísimo, por eso el medio de transporte más popular son los llamados “mototaxis”. Llama mucho la atención que, si bien  nos encontramos en medio de la selva, el sonido urbano es ensordecedor, especialmente el de los motores. No existen normas de seguridad, nadie va amarrado ni usa casco,  no es extraño encontrar a parejas en motocicletas con sus hijos y guaguas colgando de los brazos, o acarreando grandes cantidades de carga y fletes de un lugar a otro.

EL MERCADO DE BELÉN

El mercado de Belén es casi un capítulo aparte. Siempre  comentan que es un poco peligroso, pero no nos pasó absolutamente nada. Los animales se venden tal cual, con sus cabezas e interiores, sin refrigeración ni medidas higiénicas de ningún tipo. Los peces y las carnes están generalmente con moscas, y las personas están tan acostumbradas a ellas por lo que no es extraño verlas sacudiendo constantemente unos pequeños abanicos para espantarlas.

Entre los platos típicos servidos están el “Tacacho con Cecina” —que es un plátano frito o asado con pellejo de cerdo frito—, el “Sábalo Ahumado” y el “Paiche Pango”, que es el pez más grande del Amazonas y que posee una carne muy suave. De todas formas, el manjar más apetecido por los lugareños es el famoso “Suri”, nada más y nada menos que un gusano que crece en los troncos de las palmeras, conocidos como los “gusanos del aguaje” —debido al nombre de las palmeras donde crecen—, se dice que son muy ricos en proteínas, y por sólo dos soles, pudimos degustar una brocheta con tres de estos abundantes especímenes. El sabor es similar a un ñoqui a medio cocer.

NAVEGACIÓN Y VISITA A LOS YAGUAS

Al día siguiente fuimos recibidos por un cordial lugareño de nombre Never, quien sería nuestro guía oficial durante toda la expedición. Una vez a bordo de nuestra primera embarcación, comenzamos una navegación de aproximadamente dos horas río abajo,  notando la gran cantidad de vida fluvial en torno a la ciudad. A medida que descendíamos, Never nos iba explicando que, el río Amazonas, es el río más largo, el más caudaloso y el que tiene la cuenca de mayor superficie de nuestro planeta. Su longitud (6.800 km), supera a la del río Nilo en más de cuarenta kilómetros, desde su naciente en Arequipa Perú, en los glaciares del sur, hasta su desembocadura en el Atlántico. Estudios aseguran que su gran afluente podría llenar el lago Ontario en aproximadamente tres horas.

Otra de las particularidades de esta verdadera vena continental es que es siempre necesario contar con un navegante especializado para recorrerlo, y es por eso que las embarcaciones que vienen desde el Atlántico deben cambiar a su capitán una vez que llegan a su desembocadura. Hay profundidades que alcanzan los ochenta metros, y en algunos tramos no se puede ver desde una orilla a la otra, por lo que algunos  lo denominan  el “río-mar”.

LOS YAGUAS

Una de las actividades de aquel día consistió en visitar una aldea de la etnia Yagua, una de las pocas que aún mantienen parte de sus costumbres y tradiciones. Never nos relató que, antiguamente, en los alrededores del Amazonas peruano existían alrededor de sesenta y seis grupos tribales, sin embargo, éstos se fueron reduciendo con la llegada de los europeos en la época del caucho, y la consiguiente explotación forestal que aún se mantiene hasta nuestros días.  Actualmente existen ocho grupos, y entre los que más se conservan están los ya mencionados Yaguas, los Boras, los Achamingas y los Ocainas. Aproximadamente ciento cincuenta millas más abajo de Iquitos se pueden ubicar algunas de estas tribus, las cuales aún conservan sus dialectos y parte de su estilo de vida.

Un joven de nombre Hinston, fue el primero en recibirnos y nos introdujo en uno de los rituales llevados a cabo por sus antepasados. Éste consistía en soplar un dardo a través de una cerbatana y apuntarle a un gran tótem, ejercicio que requería de gran capacidad pulmonar y, obviamente, de puntería. Sin embargo, todo este espectáculo con el paso de la tarde se tornó un tanto forzado, lo que  nos hizo reflexionar acerca del verdadero sentido de aquella actividad, indudablemente montada para la gran cantidad de turistas que visitan el lugar. 

Más tarde llegamos al Sinchicuy Lodge (lugar que nos acogió de forma extraordinaria durante casi toda nuestra estadía), un complejo de cabañas montadas sobre pilotes y cubierto con hojas de palmera. No hay electricidad y el sonido de la selva se puede percibir en toda su magnitud. Luego de una extenuante jornada,  nos ofrecieron un reponedor jugo de  “camu-camu”, que es un cítrico que posee trescientas veces más vitamina C que el limón.

En los alrededores pudimos apreciar un sinfín de animales autóctonos, tales como  perezosos, caimanes, algunos guacamayos y una que otra intimidante serpiente. Es muy común ver a los niños tomando en sus brazos a algunos de estos animales cuando van pasando los turistas y, una vez que les sacas una foto, ellos se te acercan muy sutilmente y te susurran “un sol, un sol”.  Los monos, a su vez —que se ven aparentemente muy cariñosos—, no se acercan para darte un beso, sino en realidad para extraerte la sal que emana de la transpiración del cuerpo.

RITUAL CHAMÁNICO

En la noche fuimos invitados a presenciar un ritual chamánico, y un poblador llamado Esteban —conocedor de los ritos y características de estos curanderos de la selva—, nos habló sobre los distintos rituales: “Acá tenemos los naturalistas (especialistas en plantas medicinales), los tabaqueros, los espiritistas (que pueden llamar a los espíritus de los ya fallecidos para hablar con sus familiares), y los ayahuasqueros (conocedores de las propiedades de la famosa ayahuasca)”. Algo que nos llamó la atención fue que, en los alrededores del Amazonas, este tipo de curanderos son mucho más frecuentados que los médicos tradicionales, y cada uno satisface distintas necesidades dependiendo de la aflicción que sufra la persona. 

Esteban nos comenta que estos últimos son los más populares, y que su función es, básicamente, sacar las malas vibras del cuerpo: “El ayahuasca te derriba y te deja sentado, por eso le dicen la planta del muerto. Con esta planta, algunas veces comienzas a ver cuando eras niño; piensas que estás volando por sobre los árboles, mirando desde lo alto… sientes que se te meten las estrellas del cielo en el cuerpo, o sientes que eres un animal, un jaguar, una fuerza tremenda. Algunos incluso sienten que están dirigiendo una sinfónica, siempre es distinto. El efecto alucinógeno de esta planta dura alrededor de tres horas y su consumo no es recomendable para gente que sufra de diabetes o colesterol alto”.

ECOSISTEMA DE YANAYACU

Palabra quechua que significa “agua negra”  (yana = negro, yacu = agua), Yanayacu es el nombre de uno de los ríos más característicos del Amazonas, siendo a su vez una de las reservas ecológicas más importantes de Sudamérica. Una vez allí, emprendimos rumbo al “tambo” del mismo nombre, que es la forma en que los antiguos caminantes Incas denominaban a sus posadas o lugares de descanso.

Aquí la actividad principal es la pesca, en especial la del sábalo y de la tan temida piraña, la que es, sorprendentemente, una de las especies más fáciles de atrapar, quizás por su voracidad extrema. Arriba de una canoa construida de un solo tronco impulsada por un motor de nombre “peque-peque”, que cumple una doble función; motor y timón al mismo tiempo.

La caña para pescar que utilizamos estaba hecha de “barandía-caspi”, una madera suave y flexible, y la carnada contenía principalmente hígado de pollo.

El ambiente que se generó entre nosotros y los lugareños fue muy agradable, de sana competencia, y una vez que pescamos una buena cantidad de pirañas, éstas fueron servidas en la cena de la noche. Todos tuvimos la oportunidad de pescar algo, siendo éste uno de los momentos más íntimos del viaje, cobijados tanto por las nubes como por la tranquilidad del río al atardecer.

Una vez de vuelta por el río, la selva se veía muy alta de lado a lado, muy densa, casi como un túnel… el agua era barrosa, turbia y, a medida que avanzábamos, veíamos canoas varadas en la orilla con precarias escalinatas que subían a las casas de los nativos. Lianas y troncos gigantescos se cruzaban en nuestro camino, muchas raíces, coloridas mariposas, peces que saltaban y, de fondo, un atardecer de increíbles tonalidades pasteles.

EL REINO DE LOS ÁRBOLES  GIGANTES

Al día siguiente nos dirigimos a otro lugar de gran interés de este ecosistema: el alucinante “Reino de los Árboles Gigantes”, un sector que parecía transportarnos directamente a la prehistoria, y  donde la naturaleza nos hizo sentir una vez más lo realmente pequeños que somos. En todos aquellos árboles hay una línea que determina el nivel que alcanza el agua en temporada de lluvias, el cual queda impregnado en su corteza como la línea de flotación de los barcos. En estas zonas inundables es muy común divisar al “renaco”, también conocido como el “ahorcador de árboles”, debido a que éste se adhiere al tronco al igual que una serpiente tratando de llegar a la copa.  El lado triste, de todas formas, fue el sonido constante proveniente de las moto sierras, siendo la deforestación un fenómeno que pudimos apreciar a simple vista en distintos lugares.

De regreso al tambo y luego de un sabroso almuerzo, dormimos una merecida siesta en las hamacas dispuestas a lo largo del corredor, hasta que la lluvia mezclada con el calor intenso nos obligó a despertar. La lluvia allá es gruesa, con unos goterones que pegan ruidosamente en el techo de hojas de palma. A lo lejos sentíamos truenos  y, a medida que caía la tarde, se podía escuchar el sonido de los pájaros y la selva, aprontándonos así para la que sería nuestra última noche en aquel maravilloso lugar.

DE REGRESO  A LA CIVILIZACIÓN

Una vez en al avión, al mirar hacia atrás recordábamos que todo era tan distinto, los estímulos tantos y tan variados, que la ansiedad por captar la mayor cantidad de imágenes y momentos era casi inevitable. Tampoco podíamos dejar de acordarnos de aquella gran película de nombre Fitzcarraldo, que nos fue sumamente  recomendada antes de la travesía  y lo bien que ésta retrataba la vida de hace noventa años, aún vigente en muchos de aquellos sencillos poblados amazónicos. Todo pareció confluir  de manera perfecta, y  tarde o temprano, deberemos volver a ese lugar, y saciar así un poco más ese deseo inagotable de aventura, proveniente de un sentimiento atávico heredado, sin lugar a dudas, de nuestros avezados y soñadores antepasados.

 

“El río Amazonas, es el río más largo, el más caudaloso y el que tiene la cuenca de mayor superficie de nuestro planeta. Estudios aseguran que su gran afluente podría llenar el lago Ontario en aproximadamente tres horas”.

Otros Reportajes

Territorio mágico
Recorriendo
» Ver todas los Reportajes


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación6+3+4   =