Tell Magazine

Entrevistas » Deporte

EDICIÓN | Agosto 2012

Remando en Gales

Brenta Henríquez, deportista
Remando en Gales

Si un concepto puede definirla es el orgullo. A punta de perseverancia, y con una historia llena de episodios que alcanzan para armar un anecdotario, esta remera chilena, residente en Gales, ha logrado consagrarse como una competidora de las carreras a mar abierto más exigentes en el mundo.

Por Francisco Ortiz C. / Fotografía Vernon Villanueva B.

Para Brenta Henríquez Perocarpi (50) nada ha sido impedimento al momento de conseguir sus objetivos. Dueña de una mentalidad ganadora a toda prueba, esta viñamarina pasa sus días en Gales, junto a su esposo e hijos, donde se ha convertido en una remera de alta competencia, pese a no ser una profesional en la disciplina. Tan así es su pasión por este deporte, que ya registra tres participaciones en el Celtic Challenge Rowing Race, una de las carreras de remo más extremas del orbe que se realiza cada dos años.

La competencia consiste en cruzar el mar desde Arklow, Irlanda, hasta Aberystwyth, Gales, tramo cercano a los ciento cincuenta kilómetros, a mar abierto, bajo condiciones climáticas que pueden transformarse en extremas y cuya duración sobrepasa las quince horas sin descansar, debiendo competir día y noche. Todo esto a bordo de un bote de cuatro remos con timonel y sin asientos deslizantes, algo que complica aún más la competencia, debido a la exigencia física que ello implica.

CONTRADICCIONES QUE MARCAN

Brenta Henríquez se aleja del clásico prototipo de deportista y más aún de un remero, quien debe contar con condiciones físicas acordes para el ejercicio en un bote. Sin embargo, su orgullo y su mentalidad, sumado a la tenacidad, han hecho que una mujer que repudiaba todo lo relacionado con el ejercicio, se convirtiera en una amante de la actividad. “Entré a la universidad odiando al deporte, era algo que no podía hacer, no tenía facilidades ni la actitud”, comentó.

Mientras estudiaba construcción civil reafirmó que en los estudios estaba lo suyo; sin embargo, al momento de egresar, se dio cuenta de que necesitaba de otro tiempo para salir al mundo laboral. “Entré a la Universidad Técnica Federico Santa María, pasaron cinco años y luego participé en una expedición, donde descubrí cosas que mi cuerpo y mi mente podían hacer, sin tener la habilidad física. Pero sabía que tenía la fuerza mental”.

Es ahí donde se marca un antes y un después en la vida de Henríquez. Previo a titularse, “un día, llegando a la casa, cojo la revista Ercilla y veo Operación Raleigh. El nombre no me sonaba a nada, no sé por qué me puse a leerlo y a medida que avanzaba en la lectura algo se me iluminó. Dije: esto lo quiero hacer, una expedición alrededor del mundo, uno participa por tres meses, hace actividades de aventura, científica, ayuda a la comunidad. Así que partí a Santiago a inscribirme”.

Desde entonces, su vida giró en ciento ochenta grados al momento de participar en esa aventura en el sur de Chile entendió qué es lo que quería y al poco tiempo conoció al que sería su marido. Dos hechos que convergieron para que se dedicara al deporte aventura en Gales.

AVENTURA EN GALES

Así es como Brenta descubrió su pasión por el deporte extremo. Pero no solo su actividad recreativa comenzó a realizarse de esa manera, sino que también sus decisiones. Esto porque al hombre que conociera en la Operación Raleigh decidió seguirlo de por vida, algo que los llevó a la tierra natal de él: Gales.

Es allí donde comienza la aventura de su vida. Con las típicas tareas del hogar, esta chilena buscó una forma de recrearse y salir de la rutina. “Estando allá, en un lugar muy rural, y con el afán de conocer gente, entré al gimnasio. Empecé a ir de a poco a hacer deporte, y un día nos juntamos cinco amigas y dijimos: ¿por qué no vamos a remar? Y así empezamos, muy de a poquito, nos hicimos miembros de un club. Era casi como un grupo de terapia, porque nos liberábamos de la casa”.

Pero sus ganas por seguir creciendo en lo deportivo no quedaron ahí. “Progresivamente comenzamos a cumplir metas, empezamos a entrenar, nos metimos a la Liga de Remo de Gales. Participamos de muchas carreras, llegó un momento en que nos fue muy bien, nos ganamos todos los premios. Y así empezó el gusto por el remo, porque uno está al aire libre, porque es un deporte de grupo, yo no soy para estar sola. Empezó a ser muy metódico, entrenando dos o tres veces por semana, compitiendo los fines de semana. Así llegaron metas físicas de gran esfuerzo”.

Luchando contra la adversidad y cumpliendo sus objetivos auto impuestos, llegó el momento de pensar en algo mayor: el Celtic Challenge Rowing Race. “El desafío era grande. Con mucho miedo, porque me mareo. Pero ya había cumplido muchas otras metas, que me estaban quedando chicas”.

¿En qué fecha se lleva a cabo?
En los comienzos de la primavera, en el feriado del 1 de mayo. Son todos aficionados y todos trabajan, por lo que ocupan el fin de semana largo.

¿En qué consiste esta carrera?
En recorrer una distancia de unos ciento cincuenta kilómetros. Uno cruza desde Irlanda a Gales. Entonces, el equipo completo se traslada a Irlanda, con bote, zodiac, yate y todo el grupo de soporte. Empezamos en un puerto en Irlanda y ahí atravesamos a Gales. El equipo consta de doce remadores. En total, uno rema de siete a ocho horas. Como es un evento que puede durar entre dieciocho y treinta horas, te toca remar incluso de noche. Parte a las cuatro de la tarde y llegas a las ocho o diez del día siguiente.

¿Todo esto bajo condiciones adversas?
El mar es bravo. Uno llega allá y los organizadores deben esperar el minuto preciso en que se den las condiciones climáticas para poder partir. Entonces uno llega el día jueves y la carrera puede comenzar el mismo jueves, el viernes, el sábado o el día domingo. Si no hay condiciones el día domingo, se cancela.

¿Qué es lo más difícil?
En el evento en sí, el remo no es lo más difícil; lo más complicado es vencer tu mente. Tienes que pasar más de veinte horas, durante la noche, comiendo, superando el frío y el movimiento del yate. Es que uno nunca sabe cómo va a reaccionar tu cuerpo en ese momento. Y ahí, si te llega el mareo, perdiste.

¿Cómo fue tu primera competencia?
La primera vez fue el 2008 y no lo pudimos cumplir. Empezamos la carrera, llevábamos un tercio de distancia cubierta, y más de la mitad de la tripulación del equipo nuestro se enfermó, se mareó completamente. Cuando te llega el mareo ya es imposible, porque hay que comer, mantener la energía e hidratarse. Cuando ya descubrimos que eran como seis o siete los mareados, tuvimos que abandonar la carrera.

¿Mucho esfuerzo en vano?
Cuando tú te preparas por ocho meses, entrenando tres veces por semana, con toda la logística, porque debes conseguirte un yate, un zodiac y todas las cosas que necesitas, alojamiento en Irlanda y los ferry que tenemos que ocupar con todo el equipo, una cantidad de dinero, duele. La segunda vez que competí logré terminar, junto al equipo completo, pero no en muy buena posición.

¿Y este año, que fue la tercera carrera?
En esta ocasión, veintitrés equipos participaron y doce terminaron. Once equipos no pudieron llegar por distintos motivos: porque la tripulación se enfermó mucho, porque les falló algún equipo… Tú estás atravesando el mar, y la seguridad tiene que ser al ciento por ciento. Uno tiene que cumplir con ciertos requisitos, no puedes iniciar la carrera si no tienes todos los equipos. Debes tener las bengalas, GPS, brújula, etc., todo completo.

¿Resultados positivos al fin y al cabo?
Este 2012 todo se dio muy bien, a pesar de que tuvimos muchos problemas antes de llegar allá, a pesar de que hubo gente que se enfermó, pero tuvieron la fuerza suficiente para subirse al bote y continuar. Pero esta vez todos los remadores cumplimos nuestros turnos. Y llegamos segundos en nuestra categoría y cuartos en la general, detrás de dos equipos de hombres… nosotros éramos un equipo mixto.

Pero en esta oportunidad te exigiste más cosas. ¿Qué realizaste?
Yo necesitaba agregarle un poco más de esfuerzo al asunto. Me fui en bicicleta a Irlanda y cuando terminé el remo fui a caminar a un cerro, como una triatlón. Fue un desafío personal más que nada. El remo fue parte del evento, pero para mí fue el hecho de agregarle la bicicleta y la caminata.

¿Por qué realizar todo esto?
No lo sé. Yo siempre estaba muy nerviosa antes de las competencias, y ese miedo te toca el orgullo. Pero no tengo idea por qué me metí en estas cosas. Mi marido es un hombre de mar, es práctico de puerto, conoce el mar, ha navegado, y dice que soy una loca por las cosas que hago, porque es peligroso (ríe).

¿Alguna motivación en especial?
Todo esto se hace por obras de caridad. La gente y las empresas pagan por el esfuerzo de uno. A mayor esfuerzo, mayor ayuda, creo yo.

Brenta sigue disfrutando lo que le gusta y sabe hacer. De vacaciones en nuestro país, cuenta los días para volver a subirse a un bote y poder remar. En septiembre viene una competencia en el río Támesis de Londres, donde nuevamente pretende estar. Siente que ya no está para grandes eventos, como el Mundial de Remo Costero del año 2010, en el que participó y para el que tuvo que prepararse durante un año completo.

Con uno de sus hijos trabajando en Chile y el otro recién ingresado a la universidad de Gales, todavía se ve lejana la posibilidad de regresar al país, pese a que es su deseo en el futuro. En Gales, paralelo a la actividad física tiene un trabajo independiente, relacionado con la arquitectura tecnológica, lo que le permite manejar sus tiempos. Si hay mayores desafíos planeados, solo ella lo sabe, pero deja entrever que le gustaría cumplir más de algún sueño a bordo de un bote, practicando la pasión de su vida: el remo.

 

“En el evento en sí, el remo no es lo más difícil; lo más complicado es vencer tu mente. Tienes que pasar más de veinte horas, durante la noche, comiendo, superando el frío y el movimiento del yate”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación5+7+4   =