âQue tengo sueño, que la guagua no deja de llorar, que tengo que ir a la oficina, después ir a buscar a los niños al colegio, dejarlos en las clases de tenis, volver a la pega, salir corriendo a dar papa, hacer las tareas, bañar, acostar⦠¡estoy agotada, tengo estrés!â En el mes de la madre, quisimos rendir un homenaje a aquellas que no pierden el tiempo en quejas, y demuestran que con organización todo se puede. Aquí, los días de Consuelo en Talca, entre sus ocho hijos, su empresa, su marido y su casa en el campo.
Por María Paz Macaya O. / fotografía Javier Gutiérrez A.
Un cuarto para las seis de la mañana suena el despertador; Consuelo (42) se levanta, prepara tres mamaderas para los más chicos y luego, comienza a despertar a los más grandes. A las siete veinte de la mañana, va saliendo camino al colegio, donde se quedan los cinco niños más grandes. Después, deja a Octavia, su guagua de nueve meses, en la casa de su mamá y sigue camino con los mellizos de dos años y ocho meses al jardín infantil Manzana Verde (de su propiedad, en asociación con su hermana), que ya lleva casi un año funcionando. En la tarde, la misma vuelta para regresar a casa a hacer las tareas y compartir con la familia. Los días de Consuelo son intensos, sin pausas ni descansos, en donde cada minuto lo disfruta a concho.
<strong><em>"Las ventajas es que con una familia grande eres más feliz, no te haces problemas por tonteras, no tienes tiempo para pensar que no me miró o por qué me dijo eso. Cuando tienes problemas grandes, tienes que solucionarlos rápido".</em></strong>
Consuelo estudió periodismo en la Universidad Gabriela Mistral en Santiago. Se tituló y se puso a trabajar de inmediato. "Soy activa y me muevo mucho, me gusta la pega, así que hice mi práctica en el canal de televisión La Red, en donde finalmente me quedé un buen rato". Hasta que conoció a su marido, Cristián Gamboa. "Lo conocí en un ascensor, en el edificio donde yo vivía, porque los papás de Cristián también residían ahí. Él estaba a cargo del campo de propiedad familiar, en Talca, y siempre viajaba a Santiago a verlos. Un día me ofreció llevarme a conocer su ciudad, viajamos juntos, a la semana estábamos pololeando y al mes me regaló anillo".
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<strong>UNO Y DOS TAMBIÉN</strong>
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Consuelo se autodefine intensa, positiva, de carácter fuerte e impulsivo. Vive el día a día, hace lo que siente en el momento, no se cuestiona nada. "En mi vida nunca me he proyectado, y si tengo algún problema pienso que Dios me lo mandó para que lo solucione".
Se casó hace doce años y a los tres meses quedó esperando guagua. "Yo ya tenía treinta años, había trabajado bastante; con Cristián queríamos tener hartos niños, pero nunca hablamos de un número". Sin embargo, la pareja nunca pensó que este primer hijo, no era uno, si no que dos. Así fue como nacieron sus mellizos Manuel José y Consuelo (11). Después, al año nació Santiago (10), y sin descanso alguno tuvo a Josefina (9), al año siguiente nació Pedro (8). Esta súper mamá llevaba cuatro años de casada y ya tenía cinco niños.
<strong>¿Cómo fue la llegada de mellizos para una mamá primeriza?</strong><br /> Súper impactante, además fue una etapa muy agotadora y un poco estresante. Todo es nuevo, eres aprensiva y la ayuda se te hace poca. Se enferma un niño y el otro también, nunca paras. Al principio tuve enfermera un par de meses, después me quedé con mi nana.
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<strong>¿Cómo fue ese tiempo de crianza tan intenso, cuando los mellizos tenían sólo dos años y tenías una guagua y venía otra en camino?</strong><br /> Cuando los mellizos cumplieron dos años, Santiago tenía uno y faltaba poco para que la Josefina naciera, yo estaba con guata, cansada y todo se me hacía pesado, más el fin de semana porque no tenía nana. Me hacía cargo de todos y era un poco caótico. Pero en la semana era más ordenado, porque los mellizos empezaron a ir al jardín, el tercero tenía un año y estaba esperando a la cuarta. Como siempre me sentí bien, no era tanto. Pero el fin de semana, hasta el día de hoy, es lo más agotador, no tienes tiempo para nada. Después de que nació Josefina, al año llegó Pedro y fue una etapa más cansadora. Tenía treinta y cuatro años y cinco niños chicos, lo que considerábamos un buen número, así que decidimos cuidarnos, fuimos súper disciplinados y así pasaron cinco años. Siempre he querido una familia grande, aunque nunca pensé que tendría a mis hijos tan rápido.
<strong>¿Cómo lo has hecho para compatibilizar tu trabajo con tantos hijos?</strong><br /> Siempre he seguido trabajando, medio día por lo menos. Cuando los niños eran chicos ayudaba al obispado. Después, cuando Pedro empezó a ir al jardín y los más grandes iban al colegio, me quedó más tiempo libre, así que ahí me fui a la notaría. Además, cuando estaba embarazada seguía trabajando porque con ninguno me sentí mal o tuve contraindicaciones. Me organizo bien, soy rápida, pero tampoco me complico por todo. Soy una persona muy activa, me gusta hacer varias cosas.
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<strong>¡MELLIZOS OTRA VEZ!</strong>
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Después de cinco años de descanso y cuando los cinco hermanos Gamboa Bianchi estaban más grandes, Consuelo quiso tener un hijo más. "Le dije a Cristián que tuviéramos un sexto. Y al tiempo me quedé esperando guagua". Todo iba bien, mucha gente sabía que estaba embarazada y cuando fui a Santiago a hacerme la primera ecografía el doctor me dijo que eran mellizos. Otra vez, no lo podía creer y llamé por teléfono a mi marido para contarle, quedó impactado. No me creía, nadie me creía cuando yo contaba, fue una tremenda sorpresa". En un primer momento, el doctor le dijo a Consuelo que eran dos hombres, pero en una segunda ecografía se vio que era una pareja. Así nacieron Paz y Lucas, que hoy tienen dos años y ocho meses.
La familia creció rápidamente de cinco a siete hijos, y cuando los mellizos ya tenían un año y ocho meses, Consuelo recibió una oferta laboral que le interesó: trabajar en el departamento de comunicaciones de una universidad de la región. Tenía un horario de media jornada que le permitía dedicarse a sus siete hijos.
Pero cuando nadie lo pensaba, pasó lo inesperado. Consuelo se dio cuenta de que estaba embarazada, esperaba al octavo hijo. "Me asusté por la edad, y porque había tenido ya tres cesáreas, y por otro lado no sabía a quién contarle primero, si a mi marido o a mi jefe".
En agosto del año pasado nació Octavia. Y aunque todavía no tiene un año de vida, es la más conocida del clan Gamboa Bianchi. "Ella es famosa, todos se acuerdan y preguntan cómo está, y es que su nombre no es muy común y a nadie se le olvida. Hasta el bombero, cuando voy a echar bencina, me pregunta por la Octavia".
<strong>¿Por qué decidieron que se llamaría Octavia?</strong><br /> Toda la gente piensa que es porque ella es la octava, o porque nació en agosto. Pero la verdad es que con Cristián pensamos que iba a ser hombre, entonces nos gustaba Octavio, además era un nombre con historia para la familia de mi marido. Y cuando pensamos en nombres de mujer nada nos convencía y decidimos Octavia; a pesar de que a nadie le gustaba.
<strong>¿Qué haces en tu tiempo libre, algún deporte, pasatiempos o vida social?</strong><br /> Vida social tenemos muy poca, además, como vivimos en el campo, estamos un poco retirados. Pero lo rico es que los fines de semana son muy familiares, hacemos asados con los niños, mucha vida de campo, van a pescar a un estero que hay cerca. Andan en moto o a caballo. Tenemos una chacra y cosechamos con los más chicos. También hay gallinas y vamos con los niños a buscar huevos. Además, el fin de semana aprovecho de estar en mi casa, ordenar mis cosas y descansar. Compartimos con los niños y estamos tranquilos.
<strong>ACCIÓN LABORAL</strong>
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Cuando Consuelo estaba esperando a Octavia, su hermana, Luz María, le propuso concretar un plan que desde hace tiempo tenían en mente. Poner un jardín Infantil en el sector de Las Rastras. "Fuimos muy arriesgadas, pero creíamos en el proyecto, teníamos seguridad que resultaría. Seguimos nuestro instinto con mucha convicción".
Con sus propias ideas, y con sus propios recursos, pusieron en marcha el jardín infantil, que funciona desde hace ocho meses y que se ha posicionado con un éxito increíble. Consuelo lo administra junto a su hermana que es educadora de párvulos. "Estamos felices y muy agradecidas porque hemos logrado esto con mucho esfuerzo y todo lo que nos hemos propuesto nos ha resultado."
<strong>¿Cuándo tienes tiempo para ti?</strong><br /> Nunca he dejado de hacer algo que quiero. Si quiero ir al gimnasio o a Santiago, o a comprarme un par de botas que necesito, voy y punto. Cada dos meses necesito ir a la peluquería, me organizo y parto. No me postergo para nada.
<strong>A tu juicio, ¿cuáles serían las desventajas y ventajas de una familia grande?</strong><br /> Desventajas no tengo muchas, porque cuento con el apoyo de mi marido, que trabaja en el mismo campo donde vivimos, y para mí eso es una suerte. También tengo el apoyo de mi mamá, sobre todo ahora que me cuida a la Octavia. Tal vez una desventaja es el cansancio físico que te pasa la cuenta. O que hace mucho tiempo no tenemos vacaciones solos con Cristián, pero más adelante podré hacerlo. Siempre hay sacrificios, pero agradezco que haya tenido paciencia y buena salud para criar a mis niños. Lo que sí puedo asegurar es que con una familia grande eres más feliz, no te haces problemas por tonteras, no tienes tiempo para pensar que no me miró o por qué me dijo eso. Cuando tienes problemas grandes, tienes que solucionarlos rápido. Por otro lado, los hijos son mucho más solidarios, no son egocéntricos y saben respetar a los demás.
<strong><em>"Cuando estaba embarazada seguía trabajando porque con ninguno me sentí mal... Me organizo bien, soy rápida, pero tampoco me complico por todo. Soy una persona muy activa, me gusta hacer varias cosas".</em></strong>
<strong>¿Quieres tener más niños?</strong><br /> No, porque en diez años tuve ocho hijos, y ya tengo cuarenta y está en riesgo mi salud. Pero mejor no digo nada...