Este es el lema de una empresa familiar con tradición de excelencia. Estamos hablando de ese jugo ciento por ciento natural que seguramente usted consume, o esas frutas frescas, o las deshidratadas, o bien esa miel de palma o de abeja, que provienen directamente de los huertos del fundo La Rosa en Peumo, sexta región, y que llegan a la mesa tanto de los consumidores nacionales como en las de todo el mundo.
Por María José Pescador D. Fotografías Pablo Mardones S.
"Esto empezó por allá por 1824, hace seis generaciones, con Francisco Ignacio Ossa de Mercado, quien fundó primero la viña y bodega La Rosa en el Valle del Cachapoal. Pero, bueno, la historia está para que la escriban los historiadores, lo que ahora interesa es el futuro, para dónde vamos...", cuenta el señor Ossa con un cigarro en la mano, un vaso de agua en la mesa y un desplante propio de quien es más que un experto en su rubro.
<em><strong>¿Y para dónde van?</strong></em><br /> La idea es seguir creciendo, abrirse al turismo y esas cosas, pero de a poco, todo a su tiempo.
<strong><em>¿Y de dónde vienen?</em></strong><br /> De España, los Ossa llegaron de España a Perú y se metieron en negocios mineros en el norte de Chile. Ganaron dinero y entonces encontraron y compraron estos terrenos de la zona de Peumo y Quillota, en donde ya había viña y ganado. Zonas súper particulares por el clima, que es propenso para producir hasta paltos, porque están pegados a la Cordillera de los Andes y además tienen mucho flujo marino por la tarde.
<em><strong>¿Es verdad que los terrenos, la viña, la bodega y hasta la casona del fundo fueron del presidente don Blanco Encalada?</strong></em><br /> Sí, es verdad, pero la historia es larga y no la alcanzaremos a contar en en dos páginas...
<em><strong>¿En tres?</strong></em><br /> Tampoco. Lo que interesa es que todas estas cosas uno tiene que ver cómo las proyecta, en el sentido de cómo es la formación de las personas que hoy día están, de sus antepasados y de su país. Es necesario entender que hoy estamos muy influenciados por las estructuras económicas de Estados Unidos, y también por las raíces europeas. Esa combinación es la que hay que saber manejar, la cultura anglosajona con la europea.
<strong><em>¡Qué difícil! Me imagino una hamburguesa contra un queso gruyere...</em></strong><br /> Es que ambas cosas se mezclan y confunden en este país que es una isla, hasta antes del internet vivíamos muy incomunicados. Aquí hay que hacer un desarrollo armonizado, entendiendo las raíces y tomando lo bueno de uno y de otro sin perder de vista de dónde venimos. Y como chilenos podemos hacer muchas cosas que sumen y estamos sumando. Porque vamos madurando y uno como empresario o agricultor tiene que entender eso, para no desafinar...
<em><strong>¿Más empresario o agricultor?</strong></em><br /> Más servidor.
<em><strong>¿Y fue a este servidor a quien se le ocurrió transformar la fruta en jugo?</strong></em><br /> Me tocó tomar esa decisión, hubo algunos intentos antes, porque esta es una empresa que siempre está buscando, pero el salto cuántico en el mundo rural fue gracias a las comunicaciones. Entonces busqué gente y tecnología para lanzar el jugo, pero ciento por ciento natural. Hicimos estudios con profesionales especializados de la Universidad de Chile. Nos demoramos un par de años en tener todo listo. Hoy el jugo se encuentra en el mercado desde hace quince años.
<em><strong>¿Y cómo supo que había un nicho que gustaría de este nuevo producto?</strong></em><br /> Porque está claro hace ya varios años que la gente vive estresada y quiere todo rápido. Buscan alimentos listos para comer o tomar y sanos, naturales, pero verdaderamente naturales.
<strong>RÁPIDO Y FURIOSO</strong>
En la sala de reuniones de su oficina, en pleno centro de Providencia -porque vive tres días en Santiago y los otros cuatro en el fundo- sube un gran telón, ese típico que se usa para ver presentaciones en power point. Sin el telón, se destapa un tremendo mapamundi que cubre toda la pared, "a mí me gusta ver el mundo", dice.<br /> Cuenta que antes de la apertura mundial o globalización, el universo rural, y el trabajo del agricultor eran muy difíciles. Pero una vez llegado el teléfono, la televisión, "porque yo soy viejo, ni tele existía en mi época", y el internet, "todo se hizo muchísimo más fácil, yo viví ese cambio, un cambio tremendamente fuerte".<br /> "Yo soy orgánico, y siento que produzco oxígeno y trato por todos los medios de que el campo se maneje de la manera más orgánica posible".
<em><strong>¿Cómo lo hacía antes de?</strong></em><br /> Esto era una isla, no había los centros comerciales que hay hoy en día, así que se mandaban las frutas al por mayor al mercado.
<em><strong>¿Y después?</strong></em><br /> Empezamos a trabajar con el primer supermercado que se abrió en Chile, que fue en Santiago, en Providencia. Nos comunicábamos con un teléfono que se escuchaba pésimo. Les mandábamos las frutas en malla. Fue simpático, ¡fue un hito! Ahora ya la cosa se hace a través de las grandes distribuidoras de las cadenas de supermercados.<br /> Como comenta don Ismael, nuestro país ha crecido muy rápido, y vamos a la velocidad de la luz en temas de desarrollo, "sólo hay que pensar que hoy día Chile es el mayor exportador de uva de mesa del mundo". De esta manera y junto con el país, Sofruco fue creciendo de forma abismante; hoy venden alrededor de unos sesenta millones de dólares anuales; de lo que produce -entre la fruta, la miel y el jugo- se exporta un noventa por ciento, principalmente a los mercados de Europa, Estados Unidos, Canadá, Asia, Australia y Latinoamérica.
Así el volumen de cosecha de todos los productos de la empresa es de cincuenta mil toneladas. "Esas cincuenta mil toneladas se procesan y exportamos alrededor de unas cuarenta mil toneladas". Todo esto se hace principalmente en el fundo la Rosa Sofruco, que posee mil trescientas hectáreas plantadas con árboles frutales y ochocientas de viña, en total dos mil doscientas hectáreas. Aquí se concentran las plantaciones de ciruelos, naranjos, paltos, perales, uva de mesa, y kiwis.
<em><strong>¿Y dónde entra Viña la Rosa?</strong></em><br /> La viña es parte de la empresa, es una filial. Exportamos el noventa por ciento de los vinos que producimos -seis millones de botellas al año, equivalente a quinientas mil cajas de doce botellas, que se van principalmente a Europa, Asia, Latinoamérica y algo a Estados Unidos-, y es a lo mejor poco conocida en Chile porque no necesitamos publicidad, vendemos toda nuestra producción. Esta es una viña muy exclusiva, hacemos un vino que nace del campo de una hacienda, es un vino genuino, que lo fabricamos con nuestras propias uvas.
<strong>NATURALEZA PRESERVADA</strong>
Don Ismael Ossa es un ferviente amante de la naturaleza; de hecho, gracias a su negocio, se han plantado miles de árboles y parras que para él son un orgullo, ya que ayudan a descontaminar el mundo. Según lo anterior, la teoría de este empresario es que pronto la gente va a dejar la capital y va a preferir vivir en las regiones, donde se puede disfrutar del campo, de una mejor calidad de vida, de una mayor tranquilidad.
"En la cultura se va a ir internalizando el tema de las tecnologías, pronto la gente no va a necesitar juntarse para una reunión, porque a través de la web puede hacerse una negociación, o conversación vía conferencia. Hay que pensar que cuando hay un fin de semana largo todos huyen de la ciudad, se escapan de esta urbe contaminada y congestionada en donde somos hormigas estresadas; en Santiago se vive en una jaula. Aún la gente quiere ver a la otra persona, tenerla al frente, pero pronto eso va a cambiar. De hecho, luego votaremos por internet y habrá más participación ciudadana en temas de encuestas sin tener que pasar por comisiones y otros".
<em><strong>Es difícil ser agricultor, porque lo que manda en este rubro es el clima. ¿Cómo lo ha vivido usted?</strong></em><br /> La vida es muy potente, cuesta morirse... entonces la naturaleza es también muy potente; uno tiene que bailar con ella, seguirla, no se le puede atajar, pero sí se pueden tomar precauciones y estar preparado para todo evento. Hay que ir arbitrando medidas para ir asegurándose, pero no se puede vivir sin la naturaleza, ella pone la música y uno la baila.
<em><strong>Usted como defensor de la naturaleza, ¿ya ha entrado al tema eco amigable u orgánico?</strong></em><br /> Es que yo soy orgánico, y siento que produzco oxígeno y trato por todos los medios de que el campo se maneje de la manera más orgánica posible. La viña es orgánica, pero este año sale la primera cosecha certificada como tal, lo que no quiere decir que antes no lo haya sido. Todo lo que nosotros hacemos, y ese es el valor que tiene, la fruta, los jugos, etc., está hecho con una fórmula de empatía con la vida. <br /> <em><strong><br /> ¿Pero usan químicos?</strong></em><br /> Lo mismos que usa una persona cuando le da remedios a su guagua porque está enferma. Pero las personas no andan con la inyección encima. Indudablemente que uno tiene que usar la tecnología con el sano criterio, si tengo una neumonitis tengo que tomar antibióticos. Nosotros siempre hemos manejado así el campo, mucho antes de que existieran estos movimientos orgánicos, etc.
Dentro de uno de los fundos pertenecientes a la empresa desde hace más de cien años, La Palmería, existen cientos de hectáreas con palmas chilenas -hay entre treinta mil a cincuenta mil-, y para preservarlas nace el Parque Natural de palmas "Palmería de Cocalán". Esta especie, la más austral del mundo, puede vivir más de dos mil años, y a los trescientos llegan a la altura de veinte o treinta metros. Esta hierba gigante se encuentra en vías de extinción, por lo que dentro de la empresa se creó el vivero Sofruco, en donde se reproducen palmeras chilenas con el fin de seguir plantando en el campo y, a la vez, comercializarlas o donarlas para parques o avenidas. "Son palmas nuevas; las antiguas no se tocan por ningún motivo". Una vez que los coquitos de las palmas se caen, los toman para retirarles la miel, "sin siquiera tocar la especie", comenta el empresario.
<em><strong>Cuénteme sobre la Palmería de Cocalán.</strong></em>..<br /> Yo tengo un compromiso de sangre que se lo voy a entregar a mi descendencia y que espero lo cumplan como lo han hecho todos nuestros antecesores: no botar nunca una de esas palmas chilenas que nadie sabe cómo llegaron a nuestro territorio. Yo las quiero, las cuido, les hablo; de hecho, calculo que debe haber algunas de antes de Cristo, qué no han visto esas palmas, qué es lo que no han visto...