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EDICIÓN | Agosto 2012

China, el Dao, y la innovación tecnológica

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
China, el Dao, y la innovación tecnológica

Dice Lao-tzí: “Dao, es un pozo de agua fresca que nunca se extingue, por más que se extraiga líquido cristalino.  Nunca se agota, (porque) Dao es el eterno vacío (lleno) de infinitas posibilidades.   (Y aunque) Dao está oculto a la visión, está perenemente presente y es visible al ojo bien alerta.  Dao, lo  que no se oye ni se nombra, empuja la creación y es la causa del conocimiento. 

Hace poco la Organización Mundial de Propiedad Intelectual certificó que ZTE, grupo chino líder en telecomunicaciones, fue el que más patentes de invención solicitó el 2011, desplazando a Panasonic al segundo lugar. El tercer puesto mundial es hoy de otra empresa china: Huawei.

China ya no es la fábrica del mundo, si no se transforma en el polo tecnológico del orbe.  Y si bien aún Estados Unidos es quien más invierte en investigación y desarrollo (I+D), China le pisa los talones. En investigación e innovación, este país está a punto de sobrepasar a Europa completa, porque hace mucho rato que superó a cualquier país europeo por separado. China, el país donde se hacen copias baratas y de poca calidad, será sólo recuerdo folclórico. Gasta el 11.5% de su PBN en I+D.   PBN que seguirá creciendo, así antes que termine el decenio China estará invirtiendo en I+D más que Estados Unidos. Y a ese ritmo, hacia fines del próximo decenio, China invertirá en innovación y desarrollo de productos, más que todo occidente.  Si hoy en nuestra casa tenemos una cantidad importante de productos chinos, en diez años la mayoría de los artefactos tecnológicos novedosos serán inventos logrados en ese país.

Desde el año 2000, el enfoque chino no es copiar. Si en los ochenta las empresas occidentales se asociaban a sus pares chinos para gozar ventajas y bajos costos, el esquema evolucionó hacia la sinergia.  Hoy se fabrica en China conservando las marcas prestigiosas europeas o americanas; no obstante, la inclinación es al producto chino puro; y el ideal es consagrar el concepto “si se hace en China, ha de ser creación nuestra”.

La apertura impulsada por Deng Xiaoping motivó a las empresas del Estado a buscar la inversión extranjera para atraer así la tecnología occidental.  Pero, en los años ochenta, aún la tendencia centralizaba la investigación en la Academia de Ciencias, y toda búsqueda científica se orientaba a temas con trascendencia nacional.  A chino alguno se le habría ocurrido investigar para aplicar sus pesquisas a la producción masiva y a la conquista de los mercados externos, aunque eso sí estaba en la mente del empresario extranjero que invertía en China.  Pero, el gradual proceso de aprendizaje despertó el natural apetito por dominar todas las fases de cada negocio.  Entonces, ya no bastó con comprar patentes (y muchas veces ni siquiera las compraban), sino que se empezó a hacer las cosas al modo chino. El trabajo y la meticulosidad, virtudes valoradas y cultivadas, más la adaptación y la experimentación, llevó al desarrollo de las marcas propias. Así se llegó a los años recientes, en que las empresas chinas ya no son instalaciones manufactureras para inundar el mundo con productos baratos; hay tiempo y capital para la búsqueda de los más variados caminos.  Detrás está el Estado, para animar a la independencia tecnológica.  Con el lema “a más variedad de investigación, tanto mejor”, da todas las facilidades para la libre elección de campos de investigación.  No sólo avanzar en tecnología que respalde la soberanía e integridad nacional (temas militares, agricultura, energía, etc.), sino innovar en cualquier ámbito.  De esa manera se ha universalizado la búsqueda, descentralizado toda forma de estudio e innovación y se han dado todas las facilidades para que cada entidad lidere en lo que es suyo: turbinas, aspas, remedios, alimentos especiales, o zapatillas de competición.  Eso es notorio en las postulaciones a doctorado.  Alguna vez se exigió que los proyectos pasaran por las manos de un comité político. Sólo se aprobaban las investigaciones útiles a la construcción de la China comunista. Hoy, si un estudiante desea investigar sobre polímeros para ruedas de skate, hay respaldo, laboratorios, y dinero para ese trabajo.  Y si el estudio se trasforma en patente industrial y luego en producto masivo, mil veces mejor.

Dao es la inagotable fuente de innovación, porque Dao es causa de la infinita variedad.  En el silencio concentrado de una obrera que monta computadores, o de un científico que investiga en una cura para alguna enfermedad, se abre la mente creativa como flor al nuevo día, para esparcir sus semillas incontables. China eternamente creativa, inagotable, busca y sigue la huella del Dao.

“A ese ritmo, hacia fines del próximo decenio, China invertirá en innovación y desarrollo de productos, más que todo occidente.  Si hoy en nuestra casa tenemos una cantidad importante de productos chinos, en diez años la mayoría de los artefactos tecnológicos novedosos serán inventos logrados en ese país”.

 

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