Rancagüina de tomo y lomo es esta cantante que cuando habla de su ciudad pone la mano en el corazón. Un corazón fuerte y apasionado al que no le entran balas porque, desde hace un tiempo, ella decidió ponerle una coraza, una armadura tan potente como su propia voz, para seguir adelante con su sueño, sin mirar atrás. Decidida y ambiciosa, asegura que puede lograr todo lo que se imponga y que nadie ni nada le impedirá ser la mejor de todas.
Por María José Pescador D. fotografías Danny Bolívar U. y gentileza Carolina Soto
Hasta ahora, Carolina Soto (27) había pasado casi, sólo casi, inadvertida. Hasta que su voz llegó al concurso de talentos en formato reality, La Academia Bicentenario en México, conducido por Rafael Araneda, el mismo que la vio crecer en Chile, en el también ex programa juvenil de talentos Rojo, Fama Contrafama. Fue en este último que Carolina creó su primera placa discográfica Deseo, bajo el sello de Warner Music -se vendieron diez mil copias-, luego de haber ganado la final de las finales -"el Gran Rojo"-, donde compitieron sólo los vencedores de las cinco temporadas que duró su transmisión. Esta fue la primera ventana que se abrió, y tal como las que vinieron luego, todo fue casi, nuevamente, casi, una broma de destino.
Pero hoy, después de haber ganado el segundo lugar -por votación del público- en el programa azteca, Carolina empieza a caminar con pasos de gigante. Cuatro meses estuvo dentro del reality, en donde al principio compartía en una "casa estudio", con cincuenta y un compañeros, seleccionados dentro las millones de personas que acudieron al casting. Pero antes de México pasaron muchas cosas, y durante, aún más, mientras las noticias en Chile enfatizaban su potente voz, los programas de farándula destacaban los problemas de su separación y el drama de no poder ver a su hija.
Hoy Carolina ya es un emblema nacional, una cantante chilena que triunfó en México, uno de los mercados más difíciles de emprender en cuanto a la música, primero porque son millones los que quieren una estrellita en Hollywood, y segundo, porque los mexicanos son terriblemente nacionalistas e, incluso, racistas con el extranjero que viene a quitarle un puesto al oriundo. Pero la voz de esta cantante cautiva de inmediato a cualquiera. La gente allá la quiso, y la quiere; salió del programa y en la calle la saludaban, le pedían autógrafos, estuvo en todos los estelares, diarios y revistas. Pero las ganas de ver a su hija Francisca de tres años, la hicieron regresar.
Aquí fue a Primer Plano, Animal Nocturno, y a cuanto programa existe, pero no a contar su historia de separación y de no haber podido ver a su hija porque su padre no dejó que viajara a México, sino que a cantar, sólo a cantar, porque este don de Carolina mueve masas, mueve el corazón, despierta el alma...
BROMA DEL DESTINO
Carolina siempre supo que iba a ser cantante, "desde que tengo uso de razón que canto. Escuchaba Luis Miguel, Pablito Ruiz, Myriam Hernández, Celine Dion...". Así y cuando tenía ocho años entró a clases de música en la escuela de la Extensión Cultural del Teniente (EXTECU). Sus primeros premios los recibió cuando ganó el tercer lugar en el festival "Verano Canta al Cobre", que se realiza todos los meses de febrero en Rancagua. "Me presenté todos los años al festival, hasta que gané el primer lugar".
Luego participó en un festival de grandes talentos de Rancagua, donde el premio era una beca para estudiar en la escuela de Myriam Hernández, premio que Carolina ganó. "Fue difícil porque tenía que compatibilizar el colegio, con el trabajo -porque cantaba los fines de semana en un pub en Coya- con los viajes a Santiago, que eran todos los días, para ir a la academia". En ese entonces, Carolina tenía sólo catorce años.
El 2002, y luego de haber estudiado por cinco años en la academia de Myriam, se presentó la oportunidad de ir a un casting para un programa de talentos en Santiago. Era Rojo, y Carolina fue a la audición. "Había miles de personas y yo empecé a pasar todos los coladores, menos el último, ese no lo pasé y no quedé seleccionada. Me dio mucha rabia, dije que nunca más iba a un casting". Pero unos días después recibió una llamada de la producción del futuro programa: uno de los seleccionados no iba a poder participar. Entonces la invitaron a enfrentar un nuevo casting donde había noventa personas más. Ella fue la vencedora y logró entrar a Rojo, como una broma del destino. En este programa fue la ganadora del "Gran Rojo" y de "Rojo Internacional".
El 2005 se casó y pronto tuvo a su hija Francisca, hoy de tres años, que es la luz y los ojos de Carolina. Mientras estaba embarazada, la cantante sacó su segundo disco Debajo de la piel. "Elegimos el nombre por lo mismo, por mi embarazo, y con un tema de ese disco fui a representar a Chile en el Festival de Viña del Mar en el 2008. Aunque fui finalista y no gané, se me abrieron muchas puertas, me hizo ser más fuerte y más tocada en las radios".
MÁS BROMAS
Al nacer Francisca, Carolina se retiró un tiempo de la música, se dedicó a su pequeña hasta que apareció en un programa de tv, con veinte kilos menos y un nuevo corte de pelo. Entre tanto se separó, pero, según cuenta, su cambio de facha no la atribuye a esta situación, más bien a una necesidad personal. "Aquí empezó el tema de que me invitaban a los programas porque estaba flaca, no por mi canto, era como la nueva vida de Carolina Soto..."
Así, más madura luego de vivir esa amarga experiencia, empezó a trabajar con el compositor chileno Cristóbal Aedo en su tercer disco Corazón de hierro. "Está basado en una ruptura, obviamente en la mía, y la canción principal, que tiene el mismo nombre, habla de la reinvención de la mujer después de una separación. En la canción dice: que me cambia la piel, que soy otra mujer con distinta piel, que no soy la misma que hubo ayer, he vuelto a nacer y que ya no me destruyo tan fácilmente. Es como un mensaje para la mujer, de que todas las cosas pasan por algo, no todo es tan malo, no todo es tan negativo, el amor no tiene que hacerte mal, tiene que hacerte bien".
Como la salida al mercado de este último disco se demoraba mucho, y Carolina supo que se estaba haciendo un casting para representar a Chile en La Academia Bicentenario -en donde participaron personas de todos los países de Latinoamérica que celebraron el año pasado su bicentenario- decidió dejar en pausa el disco y probar qué ocurría si asistía a esta nueva oportunidad. La elección se hizo en el programa Calle Siete, donde la gente, durante una semana y vía mensaje de texto, votaba por su favorito. "Se dio a conocer el ganador un jueves, y quien saliera tenía que irse ese mismo sábado... yo tenía cinco contratos cerrados hasta agosto, es decir, si ganaba tenía que cancelar todo y partir".
Pero no ganó; con un porcentaje del treinta y ocho por ciento el ganador fue Juan David -también participante del ex Rojo-, y Carolina estaba en segundo lugar con un treinta y seis por ciento. "Sí, pero Juan David dijo que no podía viajar y que me cedía el puesto a mí", broma del destino. Entonces preparó sus cosas, dejó a su hija con el papá, armó maletas y partió al DF. Pero cuando llegó se encontró con la tremenda sorpresa de que allá también había que pasar por una audición, y varios quedaron fuera, entre ellos Carolina. "No lo podía creer... gracias a Dios nuevamente fue una broma del destino y todo había sido un error de la productora, de donde me llamaron para decirme bienvenida a La Academia Bicentenario.
Carolina era la única chilena entre cincuenta y un personas, y la única mujer extranjera, y junto a otros nueve participantes logró llegar a la final. Conoció mucha gente y vivió buenos pero también malos momentos. "Tuve un mal pasar con un mexicano que me discriminó por ser extranjera, pero hoy somos muy buenos amigos".
¿Cuáles fueron los mayores problemas que viviste en el encierro?
Me vinieron varias crisis y me quise volver a Chile, porque echaba mucho de menos a mi hija. Lo pasé muy mal, empezaron a correr muchos rumores, incluso fue un periodista de Chile a cubrirme a México, entonces ahí yo me di cuenta de que algo grave estaba pasando.
¿Tú sabías que el Rafa iba a exponerte durante el programa al contarte que tu hija no había podido viajar para su cumpleaños?
No, no tenía idea.
¿Qué te pasó en ese minuto?
Yo tenía la ilusión de que ella fuera para su cumpleaños, tenía la esperanza, pero no fue y punto. Igual sabía que era difícil, ella cumplía tres años, muy chica para tremendo viaje; además, iba a estar muy expuesta, fue mejor. Prefiero que ella esté al margen de mi carrera.
¿No le dijiste nada al Rafa?
No, porque él tenía que hacer su trabajo, y lo hace muy bien, la gente allá lo quiere mucho.
¿Cuántas veces quisiste irte?
Una. Veníamos llegando de aquella presentación en donde me habían dicho que Francisca no venía y al llegar a la casa, me fui al baño con una manzana, un café y un cigarro, y me puse a llorar, lloré y lloré, hasta que no podía respirar de tanto llorar. Y decidí irme, entonces empecé a golpear la puerta hasta que llegó un productor y hablé con él fuera de cámara. Me preguntó qué quería para quedarme, y yo le dije que era mamá y necesitaba saber de mi hija. Entonces pude llamarla por teléfono día por medio.
La competencia se regía sólo por votación popular y eran los mexicanos los que votaban. ¿Qué sentiste cuando ganaste el segundo lugar?
Lloré y pensé que había valido la pena haberme quedado acá. No tenía idea de que en Chile se sabía que yo había concursado y ganado este lugar. Entonces, cuando llegué al aeropuerto en Santiago, estaba lleno de periodistas esperándome, estaban todos los medios, todos. Fue una experiencia muy rara, pero muy entretenida. No podía creer lo que pasaba. Fue maravilloso, me di cuenta de que había valido la pena, el no ver a mi hija, el estar encerrada, etc.
¿Qué pasa ahora, qué va a suceder?
Quiero terminar mi último disco y lanzarlo en Chile y en México. Y aprovechar la vitrina que me dio este programa, porque se ve no sólo en el país azteca si no que en toda América Latina. Deseo, por lo mismo agradecer, al público mexicano.
¿Conclusiones de esta experiencia?
Me di cuenta de que puedo ser más tolerante, que soy fuerte, que puedo lograr cualquier cosa que me proponga, cualquiera.
"Quiero terminar mi último disco, y lanzarlo en Chile y en México. Y aprovechar la vitrina que me dio este programa, porque se ve no sólo en el país azteca si no que en toda América Latina. Deseo, por lo mismo, agradecer al público mexicano".