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EDICIÓN | Agosto 2012

El rey del Late

Julio Cesar Rodríguez, periodista
El rey del Late

¿Qué tiene el periodista Julio César Rodríguez (42) que encanta?, quizás su seguridad en todos los temas, su empatía con los entrevistados, la naturalidad con que se expresa…  él tiene muy claro que no está en pantalla por facha, pero su particular estilo le ha permitido marcar un sello.

Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.

Su agenda está copada, entre Bienvenidos, el matinal de Canal 13, Síganme los buenos en Vive Deportes y CNN Chile, Podría ser Peor en Radio Bío Bío y la animación de programas varios, como el docureality de Miss Chile. Le queda poco tiempo, pero el suficiente para saber de sus hijos Julieta (2), Joaquín (5) y Felipe (23), producto de su relación con distintas mujeres, y compartir con su actual pareja, la modelo Laura Prieto.


Dejaste Concepción muy chico, ¿qué te motivó?
Yo vivía en Hualpén, pertenecía a una familia de clase media baja y veía la poca empleabilidad que tenían los jóvenes allá. Entendí que solo podía salir de eso estudiando, me fui a la Universidad de la Frontera en Temuco e ingresé a medicina. Pero a los cinco años descubrí que no contaba con las aptitudes emocionales para ser doctor, porque me bajoneaba demasiado y me cambié a periodismo, en la Universidad Andrés Bello de Santiago.

Partiste trabajando en una editorial…
Sí, en Grijalbo, empecé editando libros y en el área de comunicaciones. Después me fui a la radio Universidad de Chile, hice la página del diario electrónico Primera Línea y entré a La Nación, donde llegué a ser editor.

Dicen que entonces eras “otro” Julio Cesar, bastante más seco y parco… ¿te despeinaste con los años?
No sé si era otro, pero claramente la pega que hacía tenía que ver más con periodismo de investigación y de política, pero igual siempre he sido un amante de la música, de los libros y la tv. De hecho, entonces escribía la columna de televisión en el diario.

Y eras súper crítico en tus columnas…
Sigo siendo muy crítico, mantengo la misma postura de hace diez años, creo que el desafío de quienes hacemos tv hoy es hacer televisión entretenida pero inteligente. El buen contenido no tiene por qué ser fome. Yo lo hago a través de mi late show, en el cable, donde me doy el lujo de entrevistar a físicos, premios nacionales de literatura, cantantes, poetas y también figuras de televisión.  

¿Por qué los otros late no funcionan, a tu juicio?
Yo llevo diez años en esto, no es llegar y sentarse detrás de un escritorio y conversar. Tiene una fórmula de entrevista, de acercamiento, fórmula que los protagonistas van legitimando y después quieren estar en tu programa.

¿Qué ha significado la radio en tu carrera?
Me encanta, llevo hartos años en ella, pero uno de los programas que más marcó fue el que hice en Radio Agricultura con Paty Maldonado. Cumplí cinco años en Radio Bío Bío con Podría ser peor, un show de noticias de actualidad.

¿Por qué no haces un late en el 13?
No me gustaría, porque significaría tener que ceder por la sintonía y el espíritu del late es, precisamente, poner contenidos en el cable que no están en la tv abierta.  
 
Te has definido como un seductor, ¿es tan así?
Creo que en la vida uno va seduciendo en su trabajo y a las parejas; cuando uno desea algo, las cosas no llegan solas y ese camino implica mucha seducción. Incluso en las entrevistas, que requieren un espacio de armonía para que las personas se suelten.

¿Cuáles son tus entrevistas Top Five?
La de Volodia Teiltelboim en La tele o yo, la del cardenal Jorge Medina Estévez en Síganme los buenos, Carmen Fernández, ex directora de la ONEMI, en Sin Dios ni late, a León Gieco en SLB y la de Jorge Lavanderos, en SDL. Y en farándula, la de Arturo Longton, que tuvimos que parar e irnos a comerciales porque se puso a llorar. Por lo general hay harta gente que se emociona. Una vez pedí que hiciéramos una reunión urgente con el equipo porque, en una misma semana, de diez entrevistados, ¡se me habían puesto a llorar ocho!.

Al comienzo comentaste que dejaste la medicina porque te afectaba demasiado en lo emocional, ¿te pasa en el periodismo?
No, acá sí logro separar las cosas. Es distinto hacer una entrevista donde alguien se emociona, a que tengas que atender a quien tiene cáncer y sabes que va a morir. Yo he llorado muchas veces con los entrevistados, pero mi tristeza no pasa más allá. 

 

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