En muchos países del mundo hispano se celebra el mes del corazón y cuando pensamos en cuidarlo aparecen muchos consejos que tienen que ver con la alimentación, el ejercicio y evitar situaciones de estrés. Sin embargo, pocos analizan que para cuidarlo es necesario cuidar el alma, que parece tener comunicación directa con este órgano, pues se alimentan mutuamente.
Esto tiene que ver con cultivar la paz, la paciencia y tantas otras virtudes que parecen pasadas de moda y que son las que, en el fondo, le otorgan la verdadera salud al corazón. Siempre he dicho que le adjudicamos al corazón toda nuestra vida emocional. Sentimos que nos duele, que lo tenemos herido y que desde ahí salen las mejores y las peores cosas de un ser humano.
Es importante proteger lo que llamamos corazón, cuidando nuestra capacidad para decir lo que sentimos, para tener siempre la sensación de que no nos quedan cosas pendientes al acostarnos. La retención de información es un aspecto clave de todas las enfermedades del alma y, por lo tanto, intentar andar ligero de equipaje, como dicen los sabios, parece ser clave para mantenernos sanos y felices.
Quizás en este mes del corazón debiéramos preguntarnos si estamos tomando o no, todos los días, decisiones que nos lleven a ser felices y si este "órgano" está o no en plenitud. El corazón, evidentemente, es más que un órgano, es un símbolo del amor y del sufrimiento. En él se encuentra representado lo mejor y lo peor del ser humano y, por eso, es fundamental que, dada la importancia que tiene en nuestro mundo emocional, sepamos cuidarlo.
Tener la capacidad de decir lo que sentimos, tener sentido del humor, no guardar rencores, perdonar y andar por la vida con una actitud positiva me parece tanto o más importante que cuidar el colesterol y otros índices que también se relacionan con los estados del alma y no solamente con los índices del cuerpo.
Tratemos de cuidar nuestro corazón en el más amplio sentido de la palabra, seamos sanos, intentemos hacer el bien y tengamos la capacidad de centrarnos en aquellos que nos hacen bien y no al revés.
Elijamos estar con gente que nos haga bien, que nos aporte, que nos permita ser libres para expresar, para amar y, sobre todo, para jugar, ya que si esa capacidad la tenemos, nuestros corazones estarán en perfecto estado para darnos el soporte que nos mantiene vivos en buena forma.
“Tener la capacidad de decir lo que sentimos, tener sentido del humor, no guardar rencores, perdonar y andar por la vida con una actitud positiva me parece tanto o más importante que cuidar el colesterol.”