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EDICIÓN | Agosto 2012

Capital Humano

Susana Tonda, directora ejecutiva Hogar de Cristo
Capital Humano

Un vaso de agua, millones de palabras sin pausa, una hora de entrevista. Suficiente para saber que si hay alguien en este país que puede sacar de la pobreza a los más de dos millones de chilenos que la viven y eliminar la palabra indigencia de nuestro diccionario, esa es Susana Tonda. Alma, pasión y gestión. Aquí su historia y su misión.

Por María José Pescador D. / Fotografías Andrea Barceló
 

Susana (57) viene de una familia tradicional y católica. Su padre, Ildo Alfredo, era un hombre de mucha fe, de misa diaria y, además, exitoso empresario. Su madre, Noemí, dueña de casa. Su hermana Marta, dos años mayor que ella —yuntas—, y Rodrigo, el concho —nació cuando ella tenía dieciséis años—. Su país de nacimiento es Argentina, pero solo tenía cuatro años cuando la familia se trasladó a Antofagasta. Aquí vivió hasta que llegó el momento de emigrar a la capital para empezar la universidad: Licenciatura en Matemáticas, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, carrera que eligió porque una de las pasiones de esta mujer es la docencia.

En segundo año de universidad y con solo dieciocho años, a Cecilia le cambió la vida; se casó, se fue de luna de miel al extranjero y cuando llegó todo había cambiado. La escuela no existía, ya nada era lo mismo, el golpe militar arrasó con todo a su paso. “Fue terrible, me quedé sin clases, así que me dediqué por unos años a mis hijos”. En ese minuto, Susana quedó embarazada de Francisca (37) y luego de Federico (35). Fueron unos cinco años de solo cuidarlos. Cuando regresó a la universidad, volvió sabiendo que quería estudiar ingeniería comercial en la Universidad Católica. “Las matemáticas me fascinan, pero faltaba el componente social, porque sola es muy árida”. En cuarto año quedó embarazada de Felipe (29) y en quinto año de Fernanda (27).

LA EMPRESA DE LA POBREZA

Durante su vida laboral ha sido una destacadísima ejecutiva en todas las grandes empresas privadas en donde se ha desempeñado, nada menos y nada más, que como gerente general: Bancard y Fincard, Banefe, Lan Chile, Casa&Ideas. Aquí conoció y se afirmó en el mundo del lucro, en las organizaciones empresariales, en el universo de lo privado, en esa área quizás fría, y que se puede ver tan lejana a los temas que le importan y por los que lucha el Hogar de Cristo: la pobreza.  

Quizás el destino de Susana estaba escrito, y es que el giro que dio su vida hace seis años fue radical. Y aunque ella siempre supo que quería trabajar en esta fundación, la vida no le permitió hacerlo hasta el 2006, cuando pasó a ser la cabeza de una “empresa” sin fines de lucro. “Hace quince años ya me habían llamado para ofrecerme trabajar en el Hogar. Pero por un montón de razones, entre ellas económicas, no pude irme. Eso desató en mí una tremenda frustración, un cargo de conciencia horroroso de no haber podido irme por plata, porque en aquel entonces teníamos muchos gastos, los niños en el colegio, en fin”.

Así llegó, diez años después, una segunda oportunidad, que Susana cataloga como algo no casual. “Aquí estuvo la mano del Padre Hurtado, y la de mi padre que ya había fallecido. Y es que pocas personas tienen una segunda oportunidad, eso es por algo. Además, esta vez, yo ya tenía la capacidad de decir que sí, y la experiencia de años trabajando en el mundo privado, experiencia que me ha servido muchísimo para desenvolverme en esta nueva etapa, para ayudar a cambiar las cosas, para insertar lo bueno del mundo privado en el mundo de lo público. Creo que si hubiese aceptado irme la primera vez, no hubiese sido como ahora, quizás no me la hubiese podido…”.

Hogar de Cristo es una fundación que tiene los medios de comunicación a su alcance. No hay chileno que no la conozca, y se hacen campañas televisivas para tener más socios. ¿Aún así no alcanza?
El Hogar de Cristo es muy grande en términos de tamaño y desde este punto de vista somos enormes, porque podemos atender a más de treinta mil personas al día en nuestros hospedajes. Pero en relación con la pobreza es muy chico. Si uno se remonta al año noventa, en Chile teníamos un cuarenta y cinco por ciento de pobreza. Hoy, según la medición básica que se hizo el 2009 —está por salir la Casen 2011— tenemos un quince por ciento de pobreza, y casi un cuatro por ciento de personas indigentes. Uno dice ¡qué poco!, pero estos últimos son seiscientas mil personas, y los pobres más de dos millones. Si miramos esta ONG desde este punto de vista, somos enanos. No nos alcanza.

¿Medición básica?
A aquellas personas cuyo ingreso no les alcanza para cubrir el costo de las calorías diarias que se necesitan para sobrevivir, es decir, que no son capaces de comprar la canasta básica diaria, que cuesta al día poco más de mil pesos, se les llaman indigentes. Los pobres son aquellos que cuentan con el doble del ingreso que los indigentes, dos mil y tantos pesos diarios, pero que además de alimento, tienen necesidad de abrigo, vivienda y traslado. Esta es la medición básica.

¿Quiénes duermen en los hogares?
Las personas que están en situación de calle, mujeres y niños agredidos… en fin, la misión del Hogar es atender a los más pobres entre los pobres.

¿Cómo se mantiene el Hogar de Cristo?
Con miles de socios, miles de voluntarios y los empleados del Hogar que somos un instrumento para gestionar, preocuparnos de que la plata llegue a los más necesitados, que no se use mal el dinero, y que además los modelos de intervención social sirvan para dar oportunidades. Ese es el gran milagro del Padre Hurtado, el haber creado esta ONG para los pobres, no para sus trabajadores.

NO AL ASISTENCIALISMO

Tal como dice su directora, la misión del Hogar es tremenda, ya que no solo debe asistir a los más pobres, sino que además la idea es proporcionarles oportunidades para salir de la pobreza. “Nosotros tenemos que acoger con dignidad y amor a los más pobres entre los pobres para darles una vida mejor. La asistencia es necesaria, pero la misión es ayudarlos a generar ingresos”. Para esto, el Hogar creó la Fundación Emplea, que trabaja con grupos de personas dañadas con la idea de otorgarles auto empleo, gracias a microcréditos. O bien hacerles capacitaciones para que logren encontrar trabajo.

¿Cuántas de estas personas logran generar ingresos?
Depende. La mayoría de las mujeres jefas de hogar lo logran. Un porcentaje no menor de las personas en situación de calle logra emplearse, pero por un tiempo, no lo hacen de forma estable.

Hogar de Cristo tiene en Chile dieciséis sedes, que son las cabezas regionales. Además, cuenta con quinientas cincuenta obras —hospederías, residencias o comedores— que se agrupan en dieciséis centros provinciales y estas, a su vez, poseen cuatro sedes zonales. También se trabaja en centros comunitarios apoyados por las municipalidades y parroquias, lo que sirve para ir creando un catastro de la situación de cada lugar. Según esto se va viendo qué metodologías aplicar dentro del Hogar para ayudar y a su vez se van traspasando algunos casos a otras fundaciones. Así nace la atención ambulatoria y centros diurnos para la tercera edad, con la idea de ayudar a las mujeres a que salgan a trabajar. Por lo mismo es que se llegó a un acuerdo con el Estado para que en las políticas públicas se incluyan las tres modalidades: ayuda ambulatoria, centros diurnos y residencias.

Por otro lado, se han creado los hogares especializados para niños extremadamente dañados, y que no son factibles de estar en otro tipo de hogar como la Fundación San José o María Ayuda. “A la primera les traspasamos a los lactantes y, a la segunda, a niños más grandes. Nosotros, entonces, decidimos abrir los especializados para los niños más complejos”.

¿Y LA EMPRESA PRIVADA?

El Hogar de Cristo ha creado cuatro fundaciones que son más específicas en términos de ayuda: Fundación Paréntesis, que se preocupa de los jóvenes drogadictos y alcohólicos; Fundación Súmate, encargada de dar oportunidades de educación e inserción; Fundación Emplea y Fundación Rostros Nuevos, que trabaja con personas adultas con problemas mentales y psíquicos.

Para que el Hogar de Cristo, en su conjunto, se mantenga financieramente necesita, al año, treinta y cinco mil millones de pesos, poco más de ocho millones de dólares anuales. Dinero que no contempla ningún tipo de crecimiento ni mejora en estructura. Se desglosa en: un tercio del dinero llega a través de subsidios estatales, los otros dos tercios son privados, de estos, un ochenta por ciento viene de los socios —cuota promedio de tres mil pesos al mes— y el otro veinte por ciento de empresas privadas.

Es por lo mismo que el Hogar ya empezó —desde el 6 de julio hasta el 6 de agosto— una campaña dirigida a los empresarios para que estos ayuden más. “Queremos decirles a los empresarios que cooperen. Nosotros no tenemos costos variables, si no nos llega el dinero, simplemente tenemos que ir cerrando sedes. Lo importante es transmitir que tengamos o no la plata, igualmente tenemos que dar comida, dar techo. No dejamos a ningún acogido en la calle”.

¿Qué te pasa cuando vez una noticia de una persona de la tercera edad que vive encerrada comiendo restos de un colchón?
Horroroso. Sensación de angustia terrible, me produce nauseas. Cómo es posible que no haya una familia, alguien que levante la voz de alarma antes. Por otro lado, me alegra ver que, por primera vez, estemos trabajando como país en una política nacional donde haya subsidios, porque si los hay, el día de mañana va a haber otros operadores.  

¿Por qué hay que ser voluntario?
Tenemos ahora alrededor de ocho mil voluntarios que trabajan gratis, un promedio de poco más de dos horas a la semana. Hay que ser voluntario, porque es algo maravilloso, porque el conocer la pobreza es un regalo, porque uno se da cuenta de que son personas igual que nosotros, pero no han tenido nuestras oportunidades. Cuando uno los conoce, te das cuenta que son personas queribles y que ellos te quieren también, y que si les das una mano, muchos salen adelante. Es una experiencia transformadora, de pura alegría.

¿En qué has avanzado como personas estos últimos seis años?
He sido tremendamente feliz, he logrado entregar todo lo que aprendí en la empresa privada a una causa maravillosa. Faltaba la gestión, esa que yo viví en el mundo privado, y que junto con quienes trabajan en el Hogar, se ha complementado de excelente forma. Tengo que decir que antes igualmente trabaja contenta, pero ahora trabajo con un sentido de trascendencia.

¿Tus logros en el Hogar?
Hemos logrado tener, por primera vez en Chile, una matriz de inclusión social que mide para el veinte por ciento más pobre de la población, cada grupo etario en cada localidad: los grupos dañados, cuántas personas existen en cada localidad, cuántas de esas personas están recibiendo ayuda del Estado, de nosotros, de otras ONGs y quiénes no reciben nada. Esto para ver dónde están las mayores brechas. Así vamos midiendo los resultados en cada uno de los programas de forma más rápida. Ya sabemos, por ejemplo, que en Fondo Esperanza hemos logrado mejorar los ingresos de las familias en un veinte por ciento. Eso solo en cuatro años.

¿Qué les falta?
Donaciones de las grandes empresas y de las riquezas del país. Decirles a las personas que van a leer la revista que se hagan socios, que se sumen a la campaña cuyo fin es la de recaudar mil millones de pesos. Y también decir que nos falta tiempo. Nos falta mucho voluntariado.

¿Frustraciones?
Muchas. Porque me gustaría que tuviésemos más recursos para poder hacer las cosas más rápido.

¿Llantos?
 De pena.

¿Cuéntame uno?
Estábamos poniendo la primera piedra para construir un jardín en una villa. Para esto los niños del lugar nos tenían preparada una obra de teatro. Así apareció una niña de unos doce años con una guagua en los brazos, simulando ser mamá; luego otra niña de unos seis años simulando estar embarazada —que era la otra hija— y un niño de doce años que hacía de padre. El niño le grita a la supuesta esposa que dónde está el desayuno. La madre contesta que no hay desayuno porque no hay plata, y porque él está cesante. El padre le dice que mejor vaya ella a trabajar. Ella le contesta que no puede trabajar porque tiene que cuidar a los niños. Él le dice que se hace cargo de los niños para que ella vaya a trabajar. La esposa le contesta que cómo lo va a dejar con los niños si dejó a su propia hija de doce años embarazada…
 
“He sido tremendamente feliz, he logrado entregar todo lo que aprendí en la empresa privada a una causa maravillosa. Tengo que decir que antes igualmente trabaja contenta, pero ahora trabajo con un sentido de trascendencia”.

 

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