El 2010, Joyce estuvo dentro de las cien mujeres líderes del país, según el ranking que hace cada año el Mercurio. Y no es para menos, porque hace veinte años, al no encontrar en Curicó un colegio que reuniera las condiciones que a ella le interesaban para educar a sus hijos, decidió fundar el suyo propio. Hoy, el Orchard es una institución exitosa y de excelencia. Un logro tremendamente positivo, pero que no ha sido nada fácil, pues también le ha valido grandes costos personales.
Por María José Garay A./ fotografía Margarita Landeta R.
Joyce es la menor de cinco hermanos y mamá de seis niños -(Florencia (23), Macarena (21), Juan José (18), María Luisa (15), Pía (11) y Mario (9)-. Llegó a Curicó hace veinticinco años debido a que en esta ciudad estaba el trabajo de su marido (Juan José Gómez), dejando atrás una promisoria carrera en Santiago, en Langton Clarke, auditores consultores. Sí, porque a pesar de haber fundado un colegio y haberse dedicado todo este tiempo a la educación, Joyce estudió ingeniería en informática en la Universidad de Santiago.
Aunque reconoce que el cambio no fue fácil, comenzó a armar su vida de a poco, se reencontró con un compañero de universidad, con quien trabajó en una empresa de sistemas computacionales, hasta que llegó la hora de buscar un colegio para sus hijos, pero no podía ser cualquiera, tenía que ser una institución que reuniera las condiciones que a ella le interesaban para educar a sus niños. "Entonces me dije: si no lo hay, por qué no lo haces". Empezó a darle vueltas al asunto y aunque reconoce que no sabía nada de educación, su familia sí: su abuela con la ayuda de su mamá, había fundado el colegio "San Gabriel" en Santiago. Entonces sabía que tenía a su lado un apoyo fundamental.
DESDE CERO
Partió en una casa con treinta niños (playgroup, pre kinder y kinder) y, según cuenta, lo que más tenía era entusiasmo y la convicción de que todo iba a salir bien. Mucha gente la ayudó y al pasar el tiempo se dio cuenta de que educar era su vocación. Así recuerda que, en un principio, sus papás viajaron harto a Curicó para apoyarla y reconoce que ambos estaban felices con la idea de que su hija menor estuviese dedicada a esta carrera. También sus amigos de Langton Clarke la ayudaron con un estudio de mercado. "Se ponían a la salida de la Iglesia San Francisco después de misa y afuera del St. Angelo, que eran los lugares en los que, en esa época, se reunía el tipo de papás a los que yo quería llegar. Y así supimos que existía la necesidad de un colegio que reuniera las características que yo le quería dar: inglés, deporte y formación".
Joyce confiesa que el rubro colegio siempre ha sido difícil porque se trabaja con niños, profesores y papás. Papás que, la mayoría de las veces, tienen altas expectativas respecto de sus hijos, y culpan a factores externos antes de mirar hacia adentro y ver qué es lo que está pasando en la familia. "Hay muchas historias familiares que influyen en cómo ser papá; es muy importante lo que vivió cada uno. Que te digan cosas malas de tus hijos es muy difícil, uno tiende a excusarlos, justificarlos, pero lo ideal es apoyar. Es un proceso que hay que ir madurando entre casa y colegio".
¿En quién te apoyas a la hora de tomar decisiones importantes?
Aquí en el colegio tengo un equipo de trabajo súper bueno. Durante muchos años tomé las decisiones sola, lo que fue muy duro, porque si me equivocaba la responsabilidad era sólo mía; en cambio ahora, compartimos, discutimos, analizamos, existen más visiones. Nos hemos equivocado muchísimas veces, pero en la medida en que me hagan ver los errores, los puedo solucionar. Yo les digo a los papás que la única forma de mejorar es diciendo las cosas, pero aquí pasa mucho que todo se dice de la reja para afuera, y son pocos los que te enfrentan y te hablan cara a cara.
¿Qué es lo que más te ha costado entender respecto de las diferencias entre un colegio en Santiago y uno en provincia?
En provincia el círculo es más chico, por lo que hay un costo social súper fuerte para mí y mi familia. Siempre soy la directora. Yo me desmarco de mi rol, pero para el resto siempre soy la "Miss Joyce". Antes tenía muchos amigos, hoy son contados con los dedos de las manos porque el tema del colegio, de alguna manera, te va marginando de muchas cosas. Aunque es un tema doloroso, hoy lo entiendo y lo acepto.
LA MEJOR MISS
El 2009, un grupo de compañeras de su colegio, el "Santiago College", la postuló como ex alumna destacada, premio que recibió con mucha emoción al constatar que sus amigas habían gestionado su candidatura. A su vez, el año pasado, Joyce fue elegida dentro de las cien mujeres líderes del 2010, reconocimiento entregado por el diario El Mercurio y la organización "Mujeres Empresarias", que distingue a las cien mujeres que, con su trabajo, han contribuido al desarrollo del país. "Ese premio fue espectacular porque, además, justo coincidió con los veinte años del colegio y con el bicentenario. Creo que el mejor regalo que uno puede tener, cuando trabajas en esto, es el de contar con un buen equipo que trabaje contigo, el de los papás que te confían la educación de sus hijos, que en muchos casos es lo más valioso que les puedes dejar. Uno pone lo mejor de sí, pero no hay garantías de que las cosas van a resultar. Es por eso que yo agradezco infinitamente a los papás que se la jugaron por nosotros y creyeron en mi propuesta".
¿Ha sido muy difícil estar a la cabeza del colegio?
Cuando uno lidera un proyecto hay que asumir que no todo el mundo va a estar contento, sean los profesores, los alumnos o los papás, porque cada uno va a querer que te pongas en su situación particular y, muchas veces como colegio, no puedes hacerlo, porque tienes que lograr que todo sea lo más parejo posible. Siempre tratamos de ayudar en casos específicos, pero dentro de un margen. Seguramente hay muchas necesidades insatisfechas porque, obviamente, no podemos estar en las historias de cada uno, en la mente de cada uno, ni en los gustos de cada uno, no es fácil.
¿Qué temas son un desafío para este año?
Los temas de la responsabilidad y el respeto son el gran desafío 2011. Nos ha faltado la ayuda de los papás en ese sentido. Los jóvenes deben hacerse responsables de sus cosas y deben asumir las consecuencias cuando se equivocan. Hay mucha justificación, mucho respaldo parental. Nuestros niños se van a los dieciocho años de las casas a la universidad. Por lo tanto, necesitamos tener a un joven bien parado en términos de responsabilidad, autonomía, autocuidado y son cosas en las que aún nos falta mucho por hacer. Intento que los papás entiendan que tenemos que formar a niños a quienes no les complique esforzarse y que estén dispuestos a seguir a pesar de todo, y eso es lo más difícil. Es necesario sufrir y van a sufrir en la vida; por lo mismo, hay que enseñarles a vivir el sufrimiento y nosotros tenemos que dejar que lo vivan.
Cuando te sientas a pensar en todo lo que ha logrado, ¿qué es lo primero que se te viene a la mente?
Yo siempre doy gracias, soy una agradecida de la vida, de las posibilidades que he tenido. Cuando estamos en un show en el colegio y veo a los niños bailando, lo primero que hago es dar gracias. Dios me ha ido poniendo a las personas, a las cosas, a las situaciones que han hecho que hoy día tengamos lo que tenemos y los años me han enseñado a ser más cauta. Al principio era muy apasionada y me equivoqué mucho, así que ahora he aprendido a ser más prudente, lo mismo con el tema de la ambición, por eso prefiero ir despacio.
¿Fue difícil para tus hijos estudiar en el colegio?
No fue fácil, fue un peso ser los hijos de la directora, pero es lo que les tocó. A pesar de esto no tuve mucho tiempo para estar con ellos, por eso en las vacaciones los aprovecho a concho, los regaloneo. Debo darle las gracias a mi marido por el apoyo, y a mi nana que es mi brazo derecho.
¿Cuáles son tus aficiones?
Me encanta leer, sobre todo novelas históricas; estoy terminando la autobiografía de Mandela. También me gusta estar en mi casa, ese es mi refugio. Me encanta bailar, estar con mis amigas, conversar, soy súper sociable y por eso, cada vez que puedo, trato de juntarme con mis amigos. Hemos compensado el costo social del colegio con amigos de otros lados, porque obviamente es más fácil. Igual tengo amigos en el colegio con los que he logrado que entiendan que un sábado en la noche no quiero hablar de mi trabajo. En las vacaciones, por ejemplo, me libero y me gusta ir a lugares en donde no me tope con nadie, me aflora mi veta hippie, me gusta la aventura, vagar, es como liberador, porque por mi trabajo tengo que ser especialmente cuidadosa en como ando por la vida, porque para la gente siempre soy la "Miss Joyce".
"Intento que los papás entiendan que tenemos que formar a niños a quienes no les complique esforzarse y que estén dispuestos a seguir a pesar de todo y eso es lo más difícil".