Es tanto lo que disfruta Paula creando y cantando sus propias canciones que nada la ha parado en estos casi cuatro años de carrera profesional. Feliz y convencida de que lo suyo es bueno, no tiene pudor en confesar que, en sus inicios, tocó miles de puertas en las radios buscando una oportunidad. Hoy esta reconocida folclorista pop se ha ganado un espacio en el ambiente musical chileno y, sin duda, pronto llegará a ser la mejor cantautora nacional de los últimos tiempos.
Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.
Con su voz suave y relajada Paula es de esas mujeres que tienen una fuerza interior difícil de igualar. Desde siempre supo que lo suyo era ser artista. A los tres años se sentaba frente al piano de cola de su mamá y tocaba sin parar. A los cinco se presentaba en su colegio —Alianza Francesa de Curicó— frente a todos los alumnos y sacaba aplausos. Participó en todos los festivales y presentaciones del establecimiento con gran éxito.
Nunca dudó que su camino estaba ligado al mundo de la música. Es así como ya egresada del colegio y estando en Santiago, Paula iba a clases de adiestramiento vocal con Alicia Puccio. Sin embargo, la presión social y familiar hicieron que, por un tiempo, buscara rumbo por otros lados e ingresó a estudiar publicidad en una universidad de la capital.
Y es lógico, esta mujer es la “concho” de cuatro hermanos de una familia súper tradicional, gente ligada al mundo del campo que no vio con buenos ojos que esta “niñita” se aventurara en el ambiente de los artistas. Sin duda, era un camino difícil, una carrera inestable que implicaba muchos sacrificios. Pero, a pesar de todo, esta cantante siempre tuvo la certeza de que sólo siguiendo sus anhelos iba a ser feliz.
La necesidad de comunicar, a través de la música, sus sentimientos, emociones, todo lo que veía e iba descubriendo, la hicieron dejar atrás no solo sus estudios de publicidad y los ocho meses que estuvo trabajando como tripulante de cabina en una línea aérea, sino también todas las aprehensiones de su familia con respecto al tema de la música. “Un buen día me despertó un funcionario de la aerolínea, en medio de la noche, con un llamado telefónico para avisarme que tenía turno y que debía partir inmediatamente a Miami, en ese momento pensé: no más, y al día siguiente renuncié”.
Pocos días después decidió matricularse en el Instituto Profesional Escuela Moderna de Música de Santiago, demostrando que lo suyo iba en serio. Ese fue el primer paso que dio para meterse de lleno en su mundo. Cinco años de estudio, en donde reconoce “no haber sido la alumna más aventajada, pero sin duda la más responsable, preguntona y comprometida”, hicieron de ella la primera intérprete nacional que tenía un cartón que la reconocía como tal (intérprete musical con mención en canto popular) en el ambiente artístico chileno.
AMARANTHA
En sus inicios como toda una cantante y compositora profesional, Paula solo pensaba en componer y poder mostrar su música a la mayor cantidad de gente posible. “Iba a las radios con mis canciones y me decían que no era el perfil de la música que ellos tocaban. Y resulta que después escuchaba lo que ponían y me daba cuenta de que sí lo era. Entonces insistía una y otra vez. Es ser terca, pero por amor a lo que haces. Uno no es artista ni por las ganas ni por la plata”.
Sus apariciones en pubs, hoteles, festivales nacionales y otros, hicieron que el mundo de los escenarios la deslumbrara aún más y que comprendiera que, en el calor y el contacto con el público, estaba su mayor satisfacción. Paralelamente, y con la idea de lograr un manejo escénico que le permitiera entablar un diálogo más fluido con la gente, es que además estuvo tres años en los cursos vespertinos de la escuela de teatro de Fernando González.
El año 2007 decidió rebautizarse como “Amarantha”, que quiere decir “siempre viva” en griego, con el fin de no ser confundida, por la similitud de los nombres, con el también cantautor chileno Pablo Herrera. Ese mismo año grabó su primera producción discográfica titulada Sueño de vida, que contó con la ayuda profesional del cantautor chileno Juan Carlos Duque. Del repertorio del disco, el tema Que el amor duele tanto, llegó a la final del certamen para escoger a la canción que representaría a Chile en el XLIX Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. Ese mismo año también lanza su segunda producción titulada 11, donde la apuesta va más por el pop, rock y blues.
Sin embargo, el 2011, con el disco Verde y celeste, Paula decide dar un giro a su carrera musical y deja su nombre artístico, Amarantha, por su nombre real con la idea de acercarse a sus raíces y a su esencia, buscando un estilo propio que le acomodara más a lo que ella quería entregar. “Amarantha era más comercial, tocaba con una banda y si bien las letras de las canciones eran lindas, sentía que esa no era yo”.
VERDE Y CELESTE
Convencida de su potencial, Paula incursiona esta vez en letras inspiradas en sus propias vivencias; su nueva apuesta musical se pasea entre el folclor electrónico y el pop. De la mano del talentoso productor Cristián Valdivia, el disco tiene doce canciones casi todas escritas por ella (tres son de Valdivia), que reflejan, claramente, que la cantautora encontró su lugar en la escena musical chilena.
Tras el lanzamiento del disco, Paula se fue a España durante dos meses con la idea de probar suerte y buscar nuevas experiencias con su material “recién salido del horno” y gracias a su propia gestión y contactos logró tocar en Madrid, Asturias, Barcelona, Bilbao, entre otras ciudades, en bares, centros culturales y diversos eventos. Hizo conciertos con otros músicos, recibió mucho cariño y valoración por su trabajo y volvió con más energía que nunca para seguir trabajando en su cuarto disco que aún no tiene nombre y que solo busca, según confiesa, reafirmar lo hecho con Verde y celeste. Continuar con la misma línea pero concentrándose aún más en el mensaje, en mostrar lo que realmente es Paula Herrera.
¿Por qué el título Verde y celeste?
Es el nombre de una de las canciones del disco, que habla de una mujer que se viste de negro, ve todo negro, hasta que un día decide vestirse de verde y celeste y empieza a ver los colores de la vida.
¿Qué cosas inspiran las letras de tus canciones?
Los artistas trabajamos con las emociones, tanto las nuestras como la de los otros. Todo lo que veo y siento me inspira, al igual que lo que ven y sienten otros.
¿Tienes algún referente en el mundo de la música?
Sin duda, Violeta Parra, que viniendo de un origen tan humilde se la jugó con sus canciones, con unas letras maravillosas, entregando un mensaje profundo y tanto en su locura y en su genialidad dio a conocer su música por todas partes y en todo el mundo la conocen. Violeta fue una gran recopiladora del folclor de nuestro país.
¿Cómo es el tema de hacer música en los circuitos independientes?
Es bastante difícil porque hay que auto gestionarse, hay que atreverse a golpear puertas y, sobre todo, creerse el cuento de que lo que uno hace es bueno. La música es un ambiente súper cerrado. Al principio no me dejaban entrar. El medio es muy pequeño y siempre se mueven los mismos. Hay que tener mucha energía para poder ingresar y hacerte un espacio. De repente, por ser cabeza dura, logras las cosas. Para ser artista hay que estar enamoradísimo de lo que estás haciendo y convencer a los otros de que tu trabajo vale la pena. El arte en general, aquí en Chile, está en pañales, sacar adelante un proyecto es súper complicado. En España, por ejemplo, la gente vive, respira, disfruta y consume arte, que finalmente es la expresión del sentir de un pueblo. Acá tenemos otras prioridades.
¿Qué tipo de escenario es el que más te acomoda?
No lo había pensado. Creo que tocando en teatros, para grupos reducidos, en donde se establezca más contacto con la gente. En esta nueva etapa como cantautora no me interesa, por el momento, llegar al Festival de Viña, por ejemplo. Solo busco disfrutar lo que hago y que mi música genere sensaciones y emociones agradables.
¿Qué es lo que buscas transmitir con tus canciones?
Busco entregar mensajes, que sea una música linda, relajante, que te haga flotar, que toque de alguna forma la fibra de quien la escucha, que le haga sentido al que la escucha, que deje huellas.
¿Cuáles son tus próximos proyectos musicales?
Los primeros días de julio lancé el videoclip de la canción Me gusta, dirigido por Yuri Dekovic, que tiene como particularidad el que incorpora el lenguaje de señas. Con este trabajo, la idea es expandir el radio de la música integrando e invitando a tantas personas que tienen desarrollada otras formas de percibir. Por otro lado, una de mis nuevas canciones llamada El perdón fue premiada por el SITMUCH (sindicato de trabajadores de la música chilena) y la SCD (sociedad derecho de autor) y cantaré en la cumbre de los cantores SITMUCH 2012.
“El arte en general, aquí en Chile, está en pañales, sacar adelante un proyecto es súper complicado. En España, por ejemplo, la gente vive, respira, disfruta y consume arte, que finalmente es la expresión del sentir de un pueblo. Acá tenemos otras prioridades.”