Que son básicas para el desarrollo de los hábitos de estudio y la responsabilidad, estamos de acuerdo. Sin embargo, hoy más que nunca se alzan voces disidentes desde el mundo de la sicopedagogía (y de atribulados padres) que cuestionan la gran cantidad de tareas escolares y abultados currículos que exigen los colegios. Los entendidos hablan de que son disruptivas de la vida familiar, que limitan los tiempos juego y ocio y que conllevan, a la larga, a un prematuro estrés escolar. ¿Qué hay de cierto en todo esto?, ¿cómo lidiar de mejor manera con la carga estudiantil?, ¿a partir de qué edad son aconsejables? En estas páginas.
Por Macarena Ríos R.
¿Me querés decir de qué le sirve a uno ser niño, si no lo dejan ejercer?”, preguntaba Manolito a su amiga Mafalda. Una frase de antología que se despachó el genial Quino hace algunas décadas y que pareciera seguir vigente hasta nuestros días. Pero vamos por parte. Mucho se ha dicho que los colegios están cada día más exigentes, que las tareas son excesivas, que no queda tiempo para jugar. Los papás se alarman, los niños reclaman, los expertos advierten. Y los medios ponen en la palestra el sentir de muchos.
Partamos de la base que siempre será positivo el dar a los niños alguna obligación que desarrolle su autonomía e iniciativa y que las tareas son instancias de reforzamiento de actividades ya aprendidas. Pero también que deben tener un justo equilibrio. Hay veces en que las tareas son de tal magnitud que hacen necesaria la intervención y ayuda de un adulto (papá, mamá, hermano), cuando estas debieran servir para formar el hábito de estudio, para ejercitar y fijar lo enseñado. “Dibujar, completar, recortar, escribir, copiar, memorizar, sirven para potenciar destrezas y para comenzar a adquirir responsabilidades”, opina la sicopedagoga Nora Marchevsky.
Nora es argentina y trabaja hace años con niños y adolescentes. Tiene una opinión bien particular sobre las exigencias actuales y sobre todo aclara que no todos los colegios sirven para todos los niños y no todos los niños sirven para todos los colegios. Primera premisa.
Detrás de su amplia sonrisa existe un cúmulo de experiencias. Experiencias que comparte en este reportaje junto al fonoaudiólogo de la Universidad de Chile, Fernando Urbina —un experto en trastornos del habla y lo digo con conocimiento de causa— y que nos ayudarán a bajar la ansiedad de algunos papás y dar ciertas pautas y luces frente al tema que parece estar de moda: las tareas.
¿A partir de qué edad son aconsejables las tareas escolares?
NM: Creo que los niños más pequeños, de kínder por ejemplo, disfrutan mucho haciendo sus tareas escolares. Los hace sentirse importantes frente a sus hermanos menores y también con sus hermanos mayores, a quienes gustan de imitar.
FU: Es en esta etapa temprana donde se pueden establecer hábitos duraderos.
¿Cuántas horas de estudio se deben destinar como tiempo óptimo para un niño?
FU: Una hora diaria distribuida en tandas de 30 minutos es un tiempo prudente.
NM: La extensión de la jornada escolar hace que el tiempo de permanencia en el colegio sea de ocho horas, llegando incluso a diez o doce por el tiempo de desplazamiento o las actividades extra programáticas. Este tiempo dedicado a la educación supera al que tienen los adultos en sus jornadas de trabajo que se sienten agotadoras, por lo tanto el tiempo de estudio de los escolares no debiera superar la hora.
¿Tanta tarea, realmente es productivo?
FU: ¿Qué es “tanta” tarea?
NM: Tantas tareas y muchas de las tareas no son en absoluto productivas. Las actividades para la casa debieran ser guías o trabajo en los libros. Nada que requiera de trabajo o apoyo de adultos.
FU: Depende de la naturaleza y complejidad de la tarea. Comparto el hecho que en muchos casos se dan tareas que implican un esfuerzo en términos de tiempo que es exagerado. Creo que además se deja a criterio de cada profesor y no se enmarca dentro de un concepto de desarrollo del niño. Es decir, en vez de favorecer la autonomía, se hace que sean los padres quienes terminen haciendo el trabajo.
NM: Por eso la presencia de los padres al momento de realizar las tareas debe ser presencial, de compañía y no de participación directiva. Muchas veces los niños son ayudados en exceso, ya sea para que terminen más rápido o para que se luzcan con lo que presentan…pero eso al niño no le es de gran utilidad ya que no es él quien realiza los procesos.
¿Qué tan relevante es la participación del papá en las tareas escolares?
NM: La presencia del padre en los procesos de aprendizaje es muy valiosa. El podrá aportar la otra mirada, tener la comprensión de la verdadera situación del aprendizaje y así evitar algunas críticas y de esa forma salir del rol de malo de la película con el que muchas veces se amenaza a los niños.
FU: ¡Tremendamente importante! Se evita el típico patrón del padre ausente y sólo presente en los castigos o pautas de disciplina.
NM: He escuchado muchas veces a mamás, de verdad muy consternadas, explicar que el padre las hace responsables de dificultades o fracasos escolares, pero que muy orgulloso asiste a las premiaciones.
¿Qué pasa con las actividades extra programáticas?
FU: Son recomendables y tiene que ser en el área y del tipo que el niño prefiera. En lo posible, debieran tender a la sociabilización y trabajo en equipo.
NM: Las actividades extraprogramáticas son excelentes porque permiten explorar intereses o desarrollar otros que estaban presentes pero que no se lograban integrar dentro del currículo escolar. Son formas más libres de aprender por lo que fluyen como actividades muy motivadoras, que se viven con agrado y que ayudan a la socialización.
Algunos papás dicen que “quitan” tiempo para estudiar y hacer tareas…
FU: Una actividad extraprogramática no debiera “quitar” tiempo. En muchas ocasiones es “la” válvula de escape del alumno y por lo tanto debiera tener un lugar destacado.
NM: Son fundamentales para el desarrollo integral del niño. Son de las pocas actividades electivas, que brindan la posibilidad de tener tiempo propio haciendo algo de su gusto. Todo lo que se hace con alegría y entusiasmo cambia la energía del trabajo, que muchas veces se siente como excesivo.
La exigencia de los colegios ha aumentado en forma considerable en los últimos años, ¿a qué lo atribuyen?
FU: A la presión que ejerce el mercado por tener mejores resultados en SIMCE y PSU. Colegio con malos resultados, no es viable económicamente en el tiempo.
NM: Considero que en muchos casos la exigencia de los colegios es desmedida e impiden a los niños seguir el ritmo normal de los propios procesos, apareciendo éstos forzados y sin respeto a los estados de desarrollo. Creo que esa excesiva exigencia apunta al éxito que le significa a los colegios tener buenos resultados publicitables. Pocas veces se miran los colegios desde la formación de personas felices, motivadas, veraces e integrales.
FU: No es bueno que en la búsqueda de un colegio primen los puntajes del SIMCE y la PSU, pero ésa es una decisión y definición que cada grupo familiar debe tomar al momento de elegir el colegio y la educación para cada uno de sus hijos.
NM: Personalmente no me parece adecuado elegir colegio por un ranking. Esta forma de elección hace que muchos de ellos privilegien la preparación de estas pruebas y se centren tan sólo en esos resultados, escogiendo a alumnos sin ningunas dificultades y creando un espacio que no es una verdadera muestra de la sociedad. Detrás de esas acciones está presente el marketing. Hay colegios que dedican muchas horas a la preparación de estas pruebas, trabajando con sus formatos, quitando espontaneidad, creatividad y la posibilidad de relacionar y aplicar los conocimientos aprendidos.
Llama la atención la demanda por profesores particulares en los cursos de básica, ¿son realmente necesarios?
FU: Soy partidario de una buena orientación dada por la educadora básica responsable del grupo y/o la psicopedagoga del establecimiento. En edades tan tempranas, el que un niño no esté aprendiendo, dice más sobre la incapacidad de darle los estímulos y refuerzos adecuados, que de su propia capacidad.
NM: Por ningún motivo hacen falta los profesores particulares excepto en casos de nivelación pedagógica por inasistencias prolongadas. El aprendizaje debe hacerse en el aula y no disfrazarse.
¿Cómo evitar que el niño desarrolle fobia escolar?
FU: Siendo receptivo a sus tiempos y grados de desarrollo, a sus motivaciones, a su contexto familiar. En suma, ser consciente de todas las variables que puedan estar interfiriendo en la experiencia de aprender, para que esta no se convierta en algo negativo para él.
NM: Si se dosifican las tareas, se salen del marco teórico, se convierten en creativas, se baja el nivel de presión y de exigencia desmedida, se puede evitar el desarrollo de fobia escolar, de depresión, negativismo y serios problemas de autoestima. Ir al colegio debe ser agradable y no tortuoso.
¿Cómo se manifiesta esa fobia?
FU: Fundamentalmente evitando estar en el lugar y en la actividad que para el niño resulta negativa u hostil.
NM: El niño comienza a dar signos que a veces son físicos (dolor de estómago, jaqueca, diarrea, vómitos) que desvían la atención hacia enfermedades, para más tarde mostrar claros signos de rechazo escolar, crisis de angustia o de pánico. Lo ideal no es buscar apoyo de fármacos, sino hacer cambios en las condiciones que la generaron. La terapia floral u otras terapias vibracionales pueden ser de gran ayuda.
LOS MOTIVOS DEL SIMCE
En una reciente entrevista dada al Mercurio de Valparaíso, la creadora de la prueba Simce y premio nacional de Educación 2011, Erika Himmel, manifestó que nunca lo pensó como un ranking de colegios, un concurso de popularidad o una forma de conseguir nuevas matrículas.
“Cuando se creó la prueba Simce, la idea era que fuera un instrumento para medir los conocimientos de los alumnos y como manejaban los contenidos”.
“Un colegio no mejora de un año para otro, es un proceso largo que requiere un compromiso de los docentes y los directores”.
“Los resultados de esta medición le sirven más a los profesores que a los alumnos, ya que ahí se ve en qué materias los muchachos se encuentran más débiles. Ellos son los que deben sacar cosas en limpio”.
LOS TESTIMONIOS
“No solo veo y palpo una mayor competencia en términos académicos entre los colegios, sino que la competitividad entre los mismos compañeros es altísima. El nivel de exigencia ha aumentado mucho”, Sofía Cordero.
“Lo que más me preocupa es que los niños se empiezan a autoimponer ciertos estándares, la autoexigencia comienza desde temprana edad y con ella la intolerancia a la frustración al no conseguir con la misma rapidez "ser bueno en todo" o ser "tan bueno como...”, Ángeles Cáraves.
“A veces llegan con tantas tareas que no hay vida familiar, no hay convivencia. Y son esas horas las que se deberían usar para compartir alguna actividad en familia, para conversar de lo que sienten, de lo que piensan, de sus vidas. Y no para llegar apurados y estresados a terminar tremendos trabajos”, Marisol Valdivieso.
“Una de las cosas buenas que puedo rescatar de todo esto es cómo se las arreglan los niños para seguir avanzando y creciendo en sus áreas más débiles. En el curso de mi hijo, por ejemplo, algunos compañeros se han comenzado a quedar después de clases, un día de la semana, donde el mejor en un ramo le enseña a los demás y repasan sus materias. Esto ayuda a dejar las competencias de lado, a formar lazos y estimular la camaradería”, María Ortúzar.
“Mi hijo definitivamente no quiere ir al colegio. Está en cuarto básico y la sicopedagoga me dijo que le suspendiera los profesores particulares de inglés y matemáticas. Ahora lo metí a un taller de fútbol, aunque signifique llegar más tarde a la casa a hacer las tareas y estudiar, le ayuda a cambiar el switch”, María Eugenia Chávez.