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EDICIÓN | Junio 2012

Producto Nacional

Marino Ruiz, gerente Papayas Saturno
Producto Nacional

Ingeniero agrónomo de vocación, se hizo cargo de la empresa familiar poco después que se titulara en la universidad. El único de la familia que heredó el amor por el campo de su abuelo español, hoy se encuentra a la cabeza de un mercado cuyo fruto es casi un símbolo de La Serena. Sin embargo, los tiempos han cambiado y la fruta dorada ha tenido que diversificarse para mantenerse en el competitivo mundo de la agricultura.
 

Por Laura Valdés P. / Fotografías Patricio Salfate T.
 

Los recuerdos de infancia de Marino se remontan a largos paseos a caballo y a entretenidas charlas con su abuelo, un español llegado desde Castilla a Chile, agricultor que supo transmitirle el gran cariño y pasión que sentía por la tierra. Precisamente en los mismos campos ubicados en el Valle de Elqui, ahora se encuentran producciones de papayas, cítricos y chirimoyas que se comercializan en el Fundo Saturno, nombre que derivó a la conocida marca de conservas y néctares.

La entrevista transcurre en medio del predio. Caminamos por las plantaciones de papayos, mientras Marino nos va mostrando las futas, sus características y su grato y dulzón aroma. Una de las ventajas de esta planta es que produce papayas durante todo el año. “Tenemos floraciones, crecimientos de fruta y cosechas, lo cual nos permite tener el mercado activo todo el año, con la empresa funcionando. Todas las semanas cosechamos, elaboramos y hacemos la cadena completa”, señala con una sonrisa.

¿Cuáles son las cualidades de los productos de papaya que ustedes ofrecen?
No hay mucho secreto. Nuestros productos son naturales y las conservas y néctares contienen: papayas, agua y azúcar. La gran diferencia quizás con otras marcas es que la exigencia para el caso de los néctares es que posean un veinte por ciento de fruta y el resto sea agua. Nosotros utilizamos un cuarenta por ciento de fruta y eso se nota. Es tan simple como eso.  

Continuamos caminando por las plantaciones, que se han reducido notoriamente. Hace unos veinte años, pasear por el valle era ver una postal donde los papayos se encontraban a ambos lados del camino. Hoy esas vistas han sido reemplazadas por vides.

Desde hace unos años, ha bajado mucho la producción de papayas…
Así es. Históricamente se manejaban entre doscientas cincuenta a trescientas hectáreas de papayas. Hoy en día estamos bordeando las ciento cincuenta hectáreas. Hay muy poca producción de papayas a nivel nacional.

¿Por qué el negocio ha dejado de ser tan atractivo?
El tema comercial de la papaya es bastante complejo. Porque esto se considera un producto delicatessen de muy baja rotación. Existe una diferencia significativa entre el valor que uno vende al que paga el consumidor final. Nosotros trabajamos con los supermercados y el valor al cliente, cambia mucho. Y eso hace que el producto se frene.

En comparación con otros…
Históricamente, la papaya se comparaba con la piña. Un tarro de piña debería costar lo mismo que un tarro de papaya. Y hoy en día un tarro de piña vale un treinta por ciento menos de lo que vale uno de papaya. Pero claro, las piñas son importadas y el dólar está cada vez más bajo.

Pero también existen otras diferencias…
Sí. Las papayas se producen acá y es un producto en que el proceso se hace totalmente manual. Además, hay tres cosas básicas que encarecen el producto: una es que esta fruta tiene muy poca azúcar y las exigencias del consumidor nos obligan a adicionarle bastante más. Lo otro es que la papaya tiene una forma irregular y eso hace más difícil mecanizar los procesos y, en tercer lugar, el rendimiento industrial que tiene esta fruta es muy bajo.

¿Por qué?
Si te imaginas una piña o un durazno, le sacas la cáscara, la semilla o el centro en la piña y el rendimiento industrial es de un setenta o un ochenta por ciento. En la papaya, imagínate, lo que te comes son cinco o seis milímetros de espesor de pulpa. Aunque sea gruesa, lo que uno se come es el borde. El rendimiento industrial no supera el treinta por ciento.

Me imagino que con esta competencia han buscado diversificarse…
Es un tema de mantenerse actualizado. Se están sacando productos light, se están cambiando los formatos, los envases. Antiguamente, todo se hacía en vidrio, hoy se hace en pet. Se están sacando bocas anchas, botellas más grandes. Con el tiempo hemos ido cambiando las etiquetas, los diseños del logo, pero es parte de ir modernizándose. Desde 1978 a la fecha hemos sufrido varios cambios: en imagen, en formatos, en máquinas, en administración también. Uno no puede quedarse estancado.

¿Recuerda alguna época dorada de la papaya?
No. Yo te diría que es bastante estable. Hoy en día existe una distorsión y, en general, el tema comercial ha generado un pequeño cambio. En el mercado, actualmente, hay un montón de sabores de néctares de fruta, que son mezclas. Pera con manzana, tutifrutilla, entre otros, y tienen de todo, menos de lo que realmente deberían tener, que es la fruta. Nosotros nos diferenciamos porque nuestros productos contienen un gran porcentaje de fruta. Sin mezclas.

PROYECCIONES

El 2007 fue el año de las heladas en la región de Coquimbo. La agricultura sintió el golpe y entre ellos, Marino Ruiz. El ciento por ciento de la producción se perdió. Y no solo de papayas, sino también de chirimoyas, cítricos y el resto de cultivos que tenían. “Nos quedamos sin nada. Y tuvimos que partir de cero. Todo esto que ves es la producción de lo que plantamos el 2008”, señala, indicando con su mano el predio completo. Gracias a que Marino y su familia se dedica también al rubro de la uva de mesa y pisquera pudieron salir del paso. “No fue fácil, pero pasamos el chaparrón”, agrega.

¿Qué proyectos hay?
Nosotros seguimos plantando. Estamos modernizando nuestra planta. Invertimos bastante en tecnología y seguimos cultivando. Tenemos un plan de plantación para poder aumentar la superficie. Hoy manejamos unas veinte hectáreas de papayas en plena producción, aunque tenemos más terreno y por eso pretendemos expandirnos.

Nuestra caminata termina en la sala de ventas que tienen a un costado de la carretera. En ella hay una variedad de conservas y néctares de papayas. La versión light ha sido un éxito, nos señala, ya que muchas personas empiezan a preferirlas tanto en conservas como en jugos.

Sin embargo no son el único producto en venta. También hay pimientos y alcachofas en conserva. “Buscamos la diversificación”, explica.

Marino es un enamorado del campo y se nota. Casado, con tres hijas y un cuarto en camino, señala sentirse agradecido con lo que le ha tocado vivir. “Soy una persona que disfruta lo que hace, elegí esto. Yo quería estudiar agronomía, lo hice y me gusta mi profesión. Vivo en el campo, trabajo en él… me entretiene y, además, tengo una familia muy especial. Estoy feliz”.
 
“Es parte de ir modernizándose, desde el setenta y ocho a la fecha hemos sufrido varios cambios: en imagen, en formatos, en máquinas, en administración también. Uno no puede quedarse estancado”.
 

 

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