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EDICIÓN | Junio 2012

Encanto colonial

Ruta de las iglesias, La Serena

La Serena, con su estampa colonial, nos envuelve en un misticismo único, trasladándonos a otra época a través de una ruta patrimonial con alto valor religioso y turístico. En ella, podremos conocer y revelar la verdadera leyenda de los principales templos católicos del casco histórico. Una parada obligada hacia el recuerdo.

Por Víctor Godoy J./ Fotografías Patricio Salfate T.
 

Vivir o venir a esta ciudad de encanto colonial, es un descanso constante, un lugar apacible con bellas postales naturales y citadinas. Y quizás cuando decimos “La Serena”, se nos vienen a la cabeza una serie de fotografías, similares a las de este reportaje, y cómo no, si las iglesias han contribuido como un potente elemento típico serenense, muy bien aprovechado por el turismo. La segunda ciudad más antigua de Chile es la “ciudad de los campanarios” o la “ciudad de las iglesias” como le llaman. El tan llamativo estilo colonial de sus fachadas, esconde leyendas tras sus paredes y cimientos que muestran su religiosidad como legado de antaño.

Comenzamos a vivir la “Ruta de las Iglesias”, acompañados, esta vez, de un entretenido y pintoresco guía disfrazado de monje antiguo, Raúl Campos. Un joven historiador regional, con una sapiencia y pasión desbordante por el tema del patrimonio religioso, será el encargado de abrirnos el conocimiento y de aclararnos aspectos legendarios que han dejado estas bellas edificaciones.

Según nuestro relator, las iglesias son los únicos vestigios verdaderamente coloniales en su estructura arquitectónica, emplazamiento e historia, dotadas, actualmente, de un gran potencial turístico, pero de las cuales la gente tiene un conocimiento limitado. Motivo por el cual el programa de patrimonio religioso de la arquidiócesis de La Serena, desde el 2011, está creando instancias como esta, para poner en valor el tema.

DE VIAJE A LA COLONIA
 
Junto a un grupo de turistas, nos dirigimos rumbo a cinco de los doce templos católicos serenenses más importantes del patrimonio religioso. El resto, son capillas de colegios como la del Seminario Conciliar, La Providencia, Salesianos, Sagrados Corazones y las capillas del Tránsito y San Juan de Dios, esta última del hospital con el mismo nombre. Tres de las que visitaremos son monumentos nacionales, la catedral y las iglesias San Francisco y Santo Domingo. Además, son parte del caso histórico, están forjadas en piedra y pertenecen a las congregaciones más antiguas que llegaron al país.

La Serena se transforma así, en una de las ciudades de Chile con más iglesias católicas en la zona céntrica. Ahí surge la primera aclaración, ¿por qué hay tantas?, ¿serán muchos los católicos de la zona?

Entre las primeras personas que llegaron a la ciudad y al país, había frailes de congregaciones como los dominicos, franciscanos, agustinos y posteriormente jesuitas. Las órdenes religiosas podían establecer provincias dentro del reino, pero, para ello, necesitaban la existencia de mínimo tres conventos.
Además, el hecho de estar  emplazada actualmente en la misma estructura desde la época colonial, reduce el espacio céntrico de la ciudad, dándonos la impresión de que hubiese muchas iglesias.  

Un dato novedoso, que aumentó el número de templos, son las “ermitas”, que marcaban ciertos lugares de importancia. Por ejemplo, la iglesia Santa Inés, ubicaba la entrada norte de la ciudad donde Francisco de Aguirre repartía tierras. La iglesia El Tránsito, actualmente situada a un costado del colegio Elena Bettini, indicaba el límite sur, mientras que la capilla Santa Lucía, en la ladera del cerro del regimiento, era el límite este.  

Ya después, en el 1800, nuevas congregaciones no coloniales vinieron para quedarse, como los Salesianos, las monjas del claustro de la Providencia y el Verbo Divino del Seminario Conciliar, ya que, desde cierta época, se les obligó a estas órdenes entregar educación como un servicio a la comunidad.

¿Y por qué la mayoría están construidas con el mismo material? Estas iglesias tienen sus cimientos y paredes en piedra coquina. Material sedimentario, traído del sector de la Cantera o de Juan Soldado. En la ciudad existió una escuela de canteadores de esta piedra, hecho que favoreció su uso en varias construcciones que, hasta el día de hoy, perduran; asimismo, se utilizó para impedir la destrucción y la quema de templos, actos usuales por parte de piratas.

PRIMERA PARADA

Partimos en la catedral, cuarta construcción de una iglesia en el lugar. Una bella edificación republicana de estilo neocolonial que data de 1841, hoy es la casa madre del catolicismo regional. Un sangriento cuadro de San Bartolomé nos llama la atención entre sus paredes. Obra que representa el martirio de este santo retratado, con cuchillo en mano y una piel ensangrentada, donde incluso, tiene como fondo al valle de Elqui. Destaca, también, la cripta que refugia a los arzobispos de la ciudad, además del imponente órgano de tubos que nos traslada casi al viejo continente.

Seguimos el recorrido. Hacia el norte, La Merced, un olor a madera nos recibe. Único templo donde uno desciende para entrar, lo que refleja su piso real de 1709. Sobresale por su estilo gótico, poco usual en la ciudad y que la convierte en un elemento único dentro del entorno. Los muros de esta iglesia jesuita son los vestigios coloniales más antiguos, junto con otros de San Francisco.

Un poco más allá, la renovada Santa Inés. Un trabajo casi de salvataje fue el que se hizo en este lugar que pretende dar a conocer, ahora a través de su museo, el patrimonio religioso regional. Llamativo es el hecho que, en este mismo sector, existió el torreón de San Miguel, una almena de vigilancia ubicada en la esquina de la ciudad, que permitió con sus propios adobes la hechura de esta iglesia.

Unas calles hacia arriba, San Agustín, con un estilo simple, se convierte en el fondo perfecto para los continuos transeúntes que visitan la Recova. Lo mismo nos pasa al llegar a San Francisco, iglesia y convento franciscano, que desde el año pasado ya funciona como parte del colegio San Antonio. Esta iglesia fue la única que se salvó de los ataques del pirata Sharp, quien saqueó y destruyó todos los templos, solo porque su construcción ya era de piedra. Ya finalizando esta ruta, la iglesia Santo Domingo. Monumento nacional destacado por su tranquilo patio de reflexión ante la virgen de Lourdes con un antiguo baptisterio de piedra y por convertirse, ante la luz de sol, en una atractiva postal desde dentro o fuera de esta.

ROMPIENDO MITOS

¿Y los túneles?, ¿existían estructuras subterráneas que conectaban las iglesias o que permitían protegerse de agresivos piratas? Al parecer, no. “El terreno no da para construir túneles. Un suelo de duna o vega, difícilmente lo permitía, menos en manos de frailes con escasa tecnología y recurso humano”, nos cuenta el guía. Y para el resguardo, después del saqueo del pirata David, existió un muro de fortificación de la ciudad en la periferia. Lo que sí existió, debido a la gran humedad, eran bodegas subterráneas para la conservación del vino, o también los acueductos, principalmente en iglesias más nuevas.

Otro mito de los más interesantes es el del monje franciscano Fray Jorge. Un hermano lego que vivió en cuevas en el sector del parque Coll. Tenía constantes relaciones con indígenas y abastecía de hortalizas y maderas a conventos, he ahí el cómo logró dar con el prodigioso bosque que actualmente lleva su nombre. Sí pasó a ser franciscano, pero no tiene nada que ver con la historia de un corsario inglés que atacó la región, se quedó y acabó convirtiéndose en fraile, entregando su vida a Dios.

El tema del pisco también sale a la palestra; “el pisco es chileno”, dice Raúl, en el sentido de que ya los mercenarios serenenses lo comenzaron a crear por el año mil quinientos, con el llamado doble destilado oporto, un vino que en su técnica es pisco.

Con estos entretenidos datos termina un viaje hacia el pasado. Aporte voluntario piden los anfitriones, único sustento de esta ruta que revive parte de la historia regional a través de estos centros religiosos, para muchos muy comunes, pero que, sin duda, esconden antiguas relatos un poco inusuales. 

“El terreno no da para construir túneles (que conecten las iglesias). Un suelo de duna o de vega, difícilmente lo podría haber permitido, menos en manos de frailes con escasa tecnología y recurso humano”.

NUESTRO DATO:
Programa de patrimonio religioso de la arquidiócesis de La Serena
Raúl Campos
Fono: 08-3424760

 

 

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