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EDICIÓN | Abril 2011

El Corte Imperfecto

Ligia Cid, mosaico
El Corte Imperfecto

Así es el mosaico, una unión de pequeños cortes de piezas —en este caso de cerámicas— que parecieran estar geométricamente mal hechos, pero que unidos se transforman en obras y decoraciones tan magníficas y perfectas, que atraen la vista de cualquiera. En Rancagua, esta técnica de la mano de la artista y profesora Ligia Cid.

Por María José Pescador D Fotografía Danny Bolívar U.

Taty, como le dicen los amigos, vive en Rancagua hace quince años, y aunque parece muy, pero muy extraño, estudió en la capital Programación y Análisis de Sistemas, carrera ligada al ámbito computacional... algo bien distinto al arte del mosaico. Pero siempre tuvo una curiosidad por las manualidades, y estando aquí en la sexta región, decidió ser dueña de casa, cuidar de los niños y en sus ratos libres meterse a cuanto curso había: pintura Bauer, sobre madera, bordado, hasta que llegó a las clases de mosaicos que aún se dictan en la Extensión Cultural del Teniente (EXTECU).

"Esto fue hace unos cinco años, y de inmediato me gustó, porque no es como pintar las típicas frutas en la madera, que todas son iguales y con los mismos colores. Aquí el límite es la imaginación", cuenta Taty, quien asegura que nunca un mosaico va a ser igual al otro. Luego de cinco meses de clases, decidió hacer su propio taller y empezar a incursionar sola esta técnica, siempre con la ayuda de los consejos y guías que encontraba en Internet.

Lo suyo, más que los típicos espejos, cubre mesas y posa vasos, son los cuadros, enormes cuadros con bastidor de madera de roble o raulí que manda a hacer a Pelequén, y que tienen, mínimo, una medida de un metro por ochenta. Así esta artista del corte, trabaja horas sin parar, cortando una por una las distintas cerámicas todas con diferentes texturas y colores, para luego darles la forma adecuada y encajar las piezas una por una. Para esto primero hace un dibujo en una base de trupán o madera, el que luego va rellenando como si fuera un puzle, impresionante, tremendamente laborioso y perfecto, aunque se vea que cada trocito es diferente al de al lado, la unión que hace de esta técnica un todo es el fragüe, pegamento de color con el que se van rellenando los huecos que quedan entre trozo y trozo.

Es decir, todo está en tener más que paciencia, reunir los materiales básicos: alicate de corte, tenaza separadora y un alicate de vidrio, pegamento, cerámicas de diferentes colores y texturas, fragüe y un bastidor. Aunque así pareciera fácil, Taty puede tardar meses en hacer un cuadro, pero vaya que vale la pena. Hoy se pueden ver, por ejemplo, las reproducciones que le encomendaron de las insignias para los colegios Saint Johns, Augusto D´Halmar y para el jardín Acuarela. "Lo más difícil de hacer un mosaico es buscar la perfecta combinación de colores".

AHORA PROFESORA

Si bien Taty empezó en el comedor de su casa, con el tiempo decidió lanzarse a lo grande y arrendó, hace un año, un espacio, primero, cerca de la Carretera del Cobre, para hacer clases, pero se sentía muy sola, apartada de todo, y ahora tiene un taller más grande ubicado en una sala que está dentro del gimnasio del Club Ansco. El año pasado llegó a tener treinta alumnas que dividía en grupos de cuatro. Hoy, como el lugar es más espacioso, las clases constan de seis personas, y hay horario en la mañana de 10:00 a 13:00 hrs., y en la tarde de las 16:00 hasta las 19:00 hrs.

Para ti, ¿cuál es la gracia del mosaico?
Aparte de que te concentras y te abstraes de todo, es una terapia mental espectacular. Yo tengo varias alumnas señoras que están solas, porque los hijos ya se fueron, o que tienen alguna discapacidad y deben estar todo el día sentadas, y esto las concentra tanto que evaden los problemas. Uno se concentra mucho en el trabajo, en hacer calzar las piezas, los colores, es decir, no piensas en nada más.

¿Por qué aconsejarías hacer mosaicos?
Porque además de que te distrae de tu día a día, se puede crear de todo, inventar creaciones únicas y personales: espejos, relojes, macetas, mesas, cuadros, colgadores de llaves, ceniceros, reproducciones, todo lo que se te ocurra.

¿Es difícil llegar a la perfección con esta técnica?
Es que la idea es esa, que no quede perfecto; es imposible que los pedazos calcen, por eso existe el fragüe, aunque siempre se trata de dejar los mínimos espacios, para eso es necesario medir y cortar según los milímetros o centímetros y forma del espacio.

¿Se pueden hacer mosaicos en las paredes exteriores de la casa, por ejemplo?
Sí, pero se utiliza otra técnica. Para esos casos se trabaja sobre una tela de malla, como esas mallas que se usan para los bordados, en vez de sobre la madera. En un papel se hace el diseño, y se le instala por encima la malla, y por detrás se le pone pegamento -bekrón- y sacas la malla. Te queda el diseño sobre la pared y se ve precioso, o puede ser también sobre una piedra. Se hacen muchos lagartos, mariposas, cosas de jardín.
 

"Lo más difícil de hacer un mosaico es buscar la perfecta combinación de colores".

 

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