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EDICIÓN | Julio 2012

Un grande

Ariel Standen, atleta
Un grande

Cinco veces campeón del mundo, más de catorce campeón de Chile, dos veces titulado el mejor deportista chileno por el círculo de periodistas, son apenas algunos de los logros de este iquiqueño de corazón que no piensa parar de conseguir medallas. En una edad en que muchos están retirados “a los cuarteles de invierno”, Ariel sigue vigente promocionando la vida sana y la actividad física, con un espíritu inquebrantable, al que a continuación, le rendimos honores.

Texto y fotografías por Soraya Valdivieso
 

En el Estadio Tierra de Campeones nos reunimos con Ariel. Son las  diez de la mañana y Ariel lleva dos horas entrenando. Apenas me ve, decide tomarse un tiempo para esta entrevista. Se acerca y saluda apenas agitado, sin evidenciar ningún tipo de cansancio.

Conversar con Ariel Standen (82) es olvidarse del mundo por un momento. Su capacidad de narrar historias es impresionante…. Por unos instantes, me sentí en el mundial de Japón, en Sudáfrica o Brasil alentando al atleta chileno y apoyándolo hasta que logró ser medalla de oro y coronarse como el mejor del mundo en salto triple, no una, sino que reiteradas veces y en distintas partes del planeta.

Siempre con una sonrisa, “el gringo”, como le decían cuando niño, comienza a relatar entretenidas anécdotas de su infancia, con una lucidez extraordinaria. Ciudad: La Serena. Contexto: paseo escolar a los campos aledaños a la ciudad, el profesor explica las instrucciones: “niños, mañana todos traen su colación destinada a la salida a terreno; tú, gringo, trae tu cuerdita porque a ti te quiero tener cerca” —ríe—.
Dice Ariel que él encajaba perfecto en lo que hoy llaman “niño hiperquinético”, pero al contrario de eso, sus habilidades en ascenso y descenso de árboles, sus saltos sobre las acequias y su innata capacidad para encontrar complejos escondites, eran las claves que adelantaban su futuro como gran atleta.

IQUIQUE, TIERRA DE CAMPEONES

Era la década del cuarenta y, para ese entonces, Iquique estaba en el apogeo deportivo. Contaba con tremendos y afamados boxeadores, eran campeones de Chile en fútbol, baloncesto, béisbol y natación.
Ariel tenía once años, su padre (descendiente de ingleses) lo trajo a Iquique, lo matriculó en el Colegio Inglés y lo inscribió en fútbol, en baloncesto y voleibol. Con los niños de su barrio jugaba béisbol, así es como a su corta edad se manejaba con maestría en diversas disciplinas.

Ariel se dedicó a experimentar y se fascinó con todos los deportes hasta que el atletismo le robó el aliento y el salto de vallas se instaló en su destino y se volvió su especialidad.

En 1954, logró su primer récord, lo que le significó ser el mejor de Chile y embajador en el sudamericano de Brasil, donde quedó segundo en salto triple. “En ese tiempo enfrentamos a un brasileño, campeón olímpico, por lo que disputábamos el segundo lugar”. Trascurría 1960 y se organizó un importante iberoamericano en Santiago de Chile, allí hizo la mejor marca en salto triple, aunque no salió ganador. Con los 14,92 metros que logró fue récord de Iquique, marca que mantuvo hasta el año pasado, cuando la superó Álvaro Cortés, destacado atleta iquiqueño de diecisiete años.

Posteriormente, los triunfos locales y nacionales lo hicieron resplandecer como cometa en el cielo. Sin embargo, un trago amargo se aproximaba. En el año 1962, se organizaba en Madrid, un campeonato mundial de trascendencia. Debido a sus récords y méritos él debía ser seleccionado, pero el interés de los dirigentes y atletas santiaguinos llegó a ser tan infame que, por ser de región, lo dejaron fuera.

¿Por qué pensó en “colgar las zapatillas”?
Es difícil describir un sentimiento así… creo que me sentí frustrado y, peor aún, ofendido, no me gustó la actitud de la federación y solo podía quedarme de brazos cruzados, entonces dije ¡no salto más!

Pero el destino le tendió otra mano a nuestro atleta. Durante los años setenta se había masificado el deporte para veteranos en Europa y EE.UU. Sus adherentes fueron en tal cantidad que, para 1979, se formó la categoría Máster en Chile, respaldada institucionalmente.

¿Qué sintió estando dentro de la categoría máster?
Tenía cincuenta y cinco años cuando debuté. Comencé de a poco porque jugando fútbol había sufrido una lesión en la columna, hasta que me sentí cómodo y el entrenamiento fue clave para competir. Ahora puedo decir que me ha ido mejor que cuando era joven. Comencé ganando locales, luego nacionales, en el extranjero, fui campeón sudamericano varias veces, hasta que llegué a la categoría 70.

En 1993 participó de un mundial en Japón, ¿cómo le fue?
Obtuve la primera medalla de oro que ganaba Chile en la disciplina de atletismo máster. También gané el salto triple y fui tercero en 100 metros vallas.

Entonces se vino cargado de medallas…
Sí, debo reconocer que son las medallas más lindas y a las que más aprecio les tengo. La de oro es realmente un tesoro. En general, todo el viaje fue maravilloso, el paisaje, la gente, la japonesita que me coronó. Todo está muy nítido en mis recuerdos.

¿Algo que llamara su atención allá?
La cancha, aquí estamos acostumbrados a correr en los estadios rodeados de rejas y estructuras. Cuando corrí la final de los 300 metros con vallas, recuerdo a varios chicos japoneses que me estaban apoyando desde una loma de pasto cercana a la pista, fue muy alentador, me llenó de energía, y en la última vuelta, cuando visualicé a mis rivales con amplia desventaja, pude rozarles las manos antes de pisar la meta; fue algo único, como uno de esos viajes antes de morir (ríe).

¿Cómo financió ese tremendo viaje?
Mis amigos iquiqueños, también deportistas, fueron los gestores. Ellos, sin decirme, se dispusieron a reunir el dinero. Se movieron en el club de Educación Física y algunos socios cooperaron. Cuando ya habían reunido la mitad del monto del pasaje, escribieron una carta a la Municipalidad de Iquique y el alcalde Jorge Soria completo la suma. En ese tiempo llegar a Japón no era cosa simple.

¿Cómo lo recibieron en Iquique con medalla en mano?
Iquique es tierra de campeones. Me recibieron con caravana, letreros y en el clásico reloj del Cerro Esmeralda. Escribían mi nombre en pancartas y me felicitaban en todas partes, fue maravilloso.

Dos años después, Ariel participó en Buffalo, Chicago, en EE.UU., donde obtuvo dos medallas de oro y dos medallas de plata. En 1997, Durban, Sudáfrica, fue el anfitrión del mundial categoría máster; allí, Ariel consiguió una medalla de oro en la decatlón y tres de plata, en metros vallas.

¿Qué tan duro fue el entrenamiento para conseguir esa cantidad de logros?
Todos los días. Me enfocaba primero en velocidad y resistencia, después en la fuerza y el salto. Soy bien técnico, por lo que me perfeccionaba constantemente. Mi única debilidad era la garrocha, porque en Iquique no tenía dónde entrenar. Pero amo tanto el deporte que, para mí la dedicación es parte de lo cotidiano, está en mi ADN.

Este ex pampino y posterior empleado público, siguió haciendo historia, porque en 2005 y 2007 partió a San Sebastián, España, e Italia. Aunque iba sin grandes expectativas, obtuvo una medalla de oro, una de plata y una de bronce. “Yo no lo podía creer, volvía nuevamente victorioso”.

¿Qué rescata de los veteranos en la cancha?
No hay discriminación en esta categoría, eso es lo más positivo. Quiero decir que en el atletismo máster a nadie se le niega la participación, no se exigen marcas, tampoco peso, está a disposición de todos los que quieran participar; solo deben pertenecer a un club afiliado a la federación nacional. Hay algunos que cuidan sus récords y van por lograr un lugar en el pódium, pero los demás solo gozan el evento.

¿Qué expectativas tiene para el próximo máster nacional que se realizará en Iquique?
Espero dar lo mejor de mí. Siempre es un regocijo ser anfitriones de un evento competitivo. En la categoría máster vivimos estas experiencias con excelsa felicidad, es la instancia para compartir y exhibir nuestras destrezas en un ambiente grato y amigable.

¿Cuáles son sus desafíos actuales?
El Museo del Deporte. Con el Círculo Cultural Deportivo Tierra de Campeones tenemos el objetivo de preservar la historia del deporte iquiqueño. Hemos reunido muchísima información, trofeos, medallas y todo lo relacionado con alguna disciplina deportiva, ya sea un vestigio del pasado o algún aporte actual. Estamos trabajando para que sea un lugar atrayente para el público en general. Gracias al apoyo de la municipalidad, estamos ubicados en calle Baquedano y próximos a inaugurar. Los invito cordialmente a visitarnos y hacerse partícipes de nuestra cultura deportiva.

“En el atletismo máster a nadie se le niega la participación, no se exigen marcas, tampoco peso, está a disposición de todos los que quieran participar; solo deben pertenecer a un club afiliado a la federación nacional”.
 

 

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