Tell Magazine

Columnas » Patrimonio

EDICIÓN | Julio 2012

Flores de hojalata

Por Juan Vásquez Trigo, Historiador
Flores de hojalata

“Se ha iniciado un taller en la Iglesia Pampina de Iquique (recuperada de lo que fue el templo de la ex oficina Victoria), en que participan cerca de treinta y cinco ex pampinos y sus descendientes, dispuestos a rescatar ese arte funerario —el de las flores de hojalata—, el que de otra forma se perdería para siempre”.

Muchas veces hemos recorrido la pampa y contemplamos esos cementerios extraviados en los confines del desierto que albergan a quienes allí quedaron, a quienes hicieron de las sequedades salinas su lugar de descanso eterno, sin poder evitar a algunos irreverentes, por decirlo suave, que profanan, por maldad o saqueo, y alteran el sueño de quienes deberían descansar en paz. Las cruces de madera, los mensajes para los que se fueron, las fotos, inclusive, del deudo amado, conmueven y emocionan.

Entre tantos elementos, llaman la atención las flores de hojalata, ya sea en piezas individuales o en coronas, confeccionadas en antaño por los familiares y amigos del difunto, con el convencimiento que se mantendrían, que no se secarían como las flores frescas, escasas, además, en estos paisajes desnudos. Además, la materia prima para confeccionarlas estaba en los tarros que, por doquier, etiquetados hasta en los más distantes puntos del planeta, llegaban hasta estas planicies salitrosas y que con manos diestras adoptaban las más hermosas formas, frecuentes o exóticas según el creador; en todo caso, expresiones de amor, cariño y respeto.

Hace unos meses les escribía sobre las flores de papel, que se elaboraban para llevar en romería hasta los apartados cementerios de las ex oficinas y sus pueblos. Ahora les cuento que en una recuperación de ese arte funerario de antaño, se ha iniciado un taller en la Iglesia Pampina de Iquique (recuperada de lo que fue el templo de la ex oficina Victoria), en que participan cerca de treinta y cinco ex pampinos y sus descendientes, dispuestos a rescatar ese arte funerario, el que de otra forma se perdería para siempre y, por qué no decirlo, que ya estaba a punto de perderse.

Bajo la coordinación de la comunicadora social María Moscoso, con el apoyo de la empresa SQM y con las clases prácticas a cargo del profesor de artes Humberto Alache, se inauguró el taller —con bendiciones del padre Carlos y una “chocolatada” a la pampina entre medio— que, en primera instancia, enseñará el sentido de esta práctica, después la aplicación de modelos en plantillas de cartón, para luego trabajar con los moldes y proseguir con la confección misma y el acabado con el pintado respectivo, hasta lograr las ofrendas que, este año, llegarán hasta aquellos espíritus adormecidos de la franja salitrera tarapaqueña en el último día de octubre.

De esta forma se estará logrando poner en valor un uso que es tradición, y que es parte de un doble patrimonio: del tangible, de confeccionar estas flores de hojalata, y del intangible, aquel que habla de las relaciones especiales y formas de cultivarlas, entre quienes vivieron y quienes quedaron en la pampa, en formas que antes fueron cotidianas y que hoy son, realmente, únicas y especiales.

 

Otras Columnas

» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación2+5+2   =