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EDICIÓN | Julio 2012

Dibujos del alma

Marcela Trujillo, artista visual y dibujante de cómic
Dibujos del alma

Casi como una terapia, Marcela Trujillo, Maliki, encontró en el cómic la manera ideal para reparar su propia historia, junto con el indiscutido éxito de contar las crónicas de su vida. Aquí, una singular mujer que ha sabido hacer frente a los acontecimientos a punta de tinta y papel.

Por Percy Peña Vicuña  / Fotografías Andrés Gutiérrez
 

De contextura y manos pequeñas y unos ojos que despiertan una especial ternura, no es fácil imaginar que Marcela Trujillo, “Maliki”, oculta una tremenda fuerza creativa que se expresa a través de sus pinturas y dibujos, con un alto contenido biográfico.

Licenciada en artes plásticas y posgraduada en Nueva York, según sus amigos es muy trabajólica, detallista, divertida y testaruda. Cuenta que su infancia se la pasó dibujando, llenando cuadernos con escenas de familias, colegios, amigos en la plaza que hablaban con globos de texto. No hacía cómics ni historias. Cada dibujo era un mundo particular que reflejaba personas que ella conocía, situaciones familiares, cotidianas.

Soñaba con tomar uno de esos cursos de dibujo por correspondencia que venían en las revistas de historietas y pensaba que cuando grande podría ser diseñadora, pero lo que en realidad amaba era la imagen de las cantantes o de las vedettes, el mundo de las luces y los brillos, los escenarios, el clan infantil de Sábados Gigantes.  

Por eso, en el colegio se unió a un grupo de folclore, participaba en concursos de voz y también actuaba. “Me encantaba hacer ‘esquemas’ de baile. Una vez hicimos de Michael Jackson, con vestuario negro, corbata, puños, cinturones y calcetines blancos. Nosotras nos jurábamos lo máximo, pero creo que nos veíamos bien ridículas porque bailábamos muy mal”.

¿De dónde viene el seudónimo “Maliki”?
Malik era el nombre de un niñito africano que una amiga cuidaba en Nueva York. Mi amiga me decía que Malik se parecía a mí, por los cachetes y la cara de malulo. Entonces, cuando estaba tratando de inventar un nombre original y ajaponesado para mi personaje, tenía varios diccionarios abiertos, uno coreano, otro japonés, otro italiano y no encontraba la palabra correcta, hasta que me acordé de Malik y le agregué una "i" al final para hacerlo más femenino.

¿De qué manera te acercaste al mundo del cómic, cuál fue tu formación?
Condorito, La pequeña Lulú, El Pato Donald, Tío Rico, Tribilín, Archie, Periquita, eran las revistas que  circulaban por mi casa cuando era chica. Literatura obligada del baño y de los paseos a la playa o del verano. Mis dos hermanas, yo y mi papá, éramos fanáticos de leerlas y cuando se nos repetían las íbamos a cambiar por otras que no habíamos leído en una tienda de revistas usadas en la calle San Diego.

¿Siguen conectados por la literatura?
Ahora nos pasa lo mismo. Compramos un libro y nos lo recomendamos entre todos, los libros circulan por nuestra familia todo el tiempo. Mi papá escribe además de ser comerciante, ha publicado dos libros. Mi hermana mayor está, hace varios años, en un taller de literatura autobiográfica y mi hermana menor escribe su diario desde que la conozco y escribe para un sitio web de mujeres mamás que trabajan. Es decir, es una familia unida por la literatura y las historietas infantiles.

¿Y de qué manera te adentraste al mundo del cómic?
A los diecinueve conocí a los dueños de la revista Trauko, donde trabajé por unos años, y que tenían una biblioteca de cómic para adultos europea y argentina. Allí conocí el trabajo de Nazario, Max, Moebius, Breccia, el cómic Ranxerox, Manara, entre otros. Al mismo tiempo, encontré algún libro de los Freak Brothers o de Robert Crumb, que conocí a través de una compañera de escuela, Vero Fruhbrodt, que había vivido en París y era fanática de los cómics. Rayé con ese estilo lleno de líneas y una mezcla entre realismo y caricatura, ironía, humor negro. Eran geniales.

Fue todo un descubrimiento…
Yo nunca había visto un cómic underground, era un mundo nuevo y marciano para mí, pero que me venía como anillo al dedo porque yo era punk en ese momento y todo lo que fuera una expresión artística de protesta y choque me parecía valiosa. Inmediatamente me hice adicta al cómic under español y al norteamericano y me pasé horas hojeando libros y revistas mientras los dibujantes y escritores, hombres en su mayoría, carreteaban en el living o en el patio.

¿No te gustaba salir?
Es que me sentía un poco aparte, porque yo no sabía nada de nada, solo tenía una actitud arrogante y malvada, pero en el fondo era una niña desadaptada y que quería mandar los convencionalismos a la punta del cerro y vivir mi vida como quisiera. Los cómics para adultos en ese momento me ayudaron a salir al mundo.
 
CONTAR LA VIDA A TRAVÉS DE DIBUJOS

Desde entonces, Marcela trabaja tanto en la academia universitaria como de manera independiente a través de su taller www.tallerdemaliki.cl. Ha publicado dos libros: Las crónicas de Maliki 4 ojos y Diario íntimo de Maliki 4 ojos, ambas obras ligadas estrechamente con el cómic biográfico y que cuentan con un amplio séquito de fanáticos por sus historias.

Este tipo de cómic, según explica, se trata de un medio que sirve al artista para conocerse a sí mismo, con carácter terapéutico y a través de eso las personas se sienten identificadas. El fin no es la entretención, como en el cómic tradicional, sino la búsqueda interior, el desmenuzar las experiencias y zambullirse en un análisis interior que nunca se sabe en qué va a resultar.

Para Maliki, el contar sus historias a través del cómic autobiográfico se ha transformado en terapia porque tiene similitudes al acto de sentarse frente a un profesional que le enseña cómo sacar sus sentimientos y emociones. El cómic autobiográfico funciona como la otra persona que ayuda, solo que en este caso es un objeto, es un lápiz y una hoja y es el dibujante el que plasma las emociones en el papel.

¿Cómo manejas el contar tus historias y, al mismo tiempo, resguardar tu intimidad?
Lo manejo pésimo. Primero, nunca he protegido mi intimidad, soy de esas mujeres que cuenta todo y que pide que le cuenten todo, soy adicta a las historias de las otras personas, a las películas, a las novelas, a las biografías, me encanta nutrirme de ellas, siempre siento que son una especie de alimento que me hace bien.

¿Alguna vez personas que han salido en tus libros se han molestado?
Sí, mi ex y su polola se molestaron mucho con El diario íntimo de Maliki 4 ojos porque sintieron que había violado su intimidad y que lo había difamado a él. Pero era mi historia que tengo todo el derecho de contar, era mi diario íntimo y mi separación era el núcleo de mi depresión, ya que sufro de un miedo terrible al abandono.

Muchas mujeres se sienten reflejadas en ti, ¿es ese el factor de éxito que genera tu trabajo?
Son los comentarios que siempre recibo por mis libros, que se sienten identificadas, que a ellas les pasó algo parecido, lo mismo o algo aún peor, que están igual de deprimidas, que la maternidad también les cuesta, que también les cuesta bajar los kilos demás, que solo se meten con pasteles y que tienen baja autoestima. Las mujeres perfectas son de mentira, son maniquíes, son ilusiones ópticas.

Al parecer, las mujeres honestas que no tienen empacho en decir que en algo les va mal están de moda. ¿Te sientes parte de esa generación?
No creo que sea una moda, ojalá no. Las mujeres tenemos una historia de represión y abuso de los hombres y de la sociedad machista conocida por todos. Ahora las mujeres se atreven a decir las cosas, a sacar la voz y no les da vergüenza declararse imperfectas.

¿No es igual con los hombres?
Los hombres no tienen eso respecto a su cuerpo, los hombres pueden ser guatones, pelados, hediondos y una los quiere igual. Su valor no se mide en su físico, se mide por su intelecto, por su capacidad de lucha, por su éxito profesional, por su solvencia económica. Las mujeres, para ser exitosas, necesitamos ambas cosas y, además, nos exigen ser madres y esposas abnegadas. ¿No será mucho?

¿Es mucho?
Demasiado. Pero creo que estamos en una época donde esas exigencias están cambiando, pues ahora hay mujeres que no quieren casarse ni tener hijos y no les avergüenza decirlo. No quieren repetir la vida de sus madres y abuelas, dando la vida por hombres que las engañan o a los cuales deben servir y cuidar porque ellos las mantienen y porque así debe ser. Mi generación y las nuevas  son cada vez más diferentes a las anteriores y no es moda, es evolución.

¿Cuál es tu próximo proyecto?
Un libro de cómic llamado Isabel donde cuento la vida del padre de Amanda, la niña que cuidé por siete años mientras vivía en Nueva York. Isabel es una mujer transexual lesbiana que vive en esa ciudad y que accedió a contarme su historia y a compartirla con todos. Ha sido un trabajo largo de investigar y es muy largo de hacer también. Este año no he tenido los medios necesarios para poder dedicarle el tiempo que requiere, por lo tanto, me va a tomar mucho  terminarlo.

 

“Me hice adicta al cómic under español y al norteamericano y me pasé horas hojeando libros y revistas mientras los dibujantes y escritores, hombres en su mayoría, carreteaban en el living o en el patio”.

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