No es un simple aceite de oliva, se llama Nativa y está considerado como el mejor del mundo. Recientemente ganó el primer premio BIOLETHIC, reconocida organización italiana encargada de calificar las producciones mundiales orgánicas de este infaltable en la cocina. Los creadores: veintiséis agricultores de Lolol que, hace diez años, decidieron apostar por la plantación de olivos en su pueblo natal.
Por María José Pescador D, fotografías Danny Bolívar U. y gentileza de Oliveros de Lolol.
De un tiempo a esta parte, la vida de estos agricultores cambió completamente, de ser desconocidos a nivel nacional, pasaron a ser ídolos y a dar entrevistas en los medios de comunicación más famosos. La historia de esfuerzo de estos humildes hombres se ve inmediatamente en las manos resecas y curtidas de don Pedro. "Antes nos dedicábamos a la agricultura tradicional, sembrábamos cereal, cada uno tenía un pedazo de tierra. Pero la cosa no estaba buena, entonces, junto a otros trabajadores, decidimos asociarnos para buscar en conjunto una solución. Yo tenía pensado el tema del aceite de oliva; recuerdo que mi madre lo hacía de forma artesanal en la casa".
La salida a los problemas de la tierra, la encontraron en la plantación de olivos para producir el aceite. "Vimos que en los cerros de la zona esta fruta se daba bien naturalmente, aquí tenemos un microclima único, así que decidimos plantar olivos en cada uno en los terrenos que teníamos. Pero nos costó mucho, la gente nos tildaba como locos, "<em>los locos del olivo</em>" nos decían...".
En un principio, tuvieron varios problemas para llevar a cabo su proyecto, porque, como don Pedro dice, nadie los tomaba en cuenta, ni las entidades gubernamentales, ni los bancos; lo único que tenían eran sus terrenos -una hectárea por socio-, pero no encontraban ayuda para comprar las plantas. Así fue como primero una persona particular les regaló sesenta árboles a cada accionista, con lo que partieron tímidamente en el negocio. "Él tenía muchos olivos en sus terrenos que se daban de manera natural y decidió donárnoslos". Luego los aceptaron en Prodecop (Proyecto de desarrollo de comunidades rurales pobres), administrado por el INDAP.
Esta organización les ayudó, otorgándoles un crédito y subsidio con el cual compraron más plantas para completar las hectáreas que les faltaban. Así, en el año 1999 plantaron los primeros olivos, y el 2001 el resto, completando dieciocho hectáreas de olivos orgánicos y veintiséis de plantas tratadas convencionalmente. Cada socio en su terreno poseía, finalmente, poco más de cuatrocientas plantas.
Los primeros dos años, don Pedro hacía el aceite de forma artesanal, tal como su madre le enseñó. Recolectaba las diferentes variedades de aceitunas, para molerlas en un molino a mano, luego las amasaba en un tiesto de acero y a baño María para hacerlo más fácil, y con una gata hidráulica, inventó una prensa en donde iba poniendo capas de pasta y de género, las que luego apretaba para obtener el líquido que posee la fruta: agua y aceite. Para separar ambos líquidos, los introducía en una botella de plástico en donde arriba quedaba el aceite y debajo el agua. Luego le hacía un agujero a la botella por abajo para sacar el agua. "El primer año recolecté veinticinco litros de aceite, para preparar las primeras muestras. Las etiquetas las hacíamos en el computador".
De esta forma, don Pedro empezó a repartir a algunas empresas de la zona dichas muestras. Y poco a poco les empezaron a pedir más y más. Así fue como estos socios decidieron estudiar para profundizar sobre el tema, recorrieron Chile y Argentina buscando otros aceites y otras especies de olivos, pero, como comenta don Pedro, nunca lograron encontrar algo parecido al que ellos fabricaban. "Entonces nos comunicamos con un experto italiano, a quien le compramos las máquinas para producir más aceite, de modo profesional y con la más alta tecnología".
Luego compraron un pequeño terreno en donde se ubica la planta, en la carretera a unos cinco minutos antes de llegar al pueblo de Lolol, en pleno Valle de Colchagua. Es fácil llegar, ya que afuera se exhibe un gran letrero que dice "Almazara", palabra que significa "donde se exprime" y que está fuera de toda empresa que produce aceite de oliva. "Cuando compramos las máquinas, el mismo italiano que nos las vendió, nos habló del concurso internacional y nos pidió que mandáramos algunas muestras".
<strong> VARIEDADES DE LUJO</strong>
Ya con la planta extractora estos oliveros pudieron producir más aceite -empezaron con tres mil litros en total y hoy ya sacan mil litros de orgánico y diez mil del convencional, anualmente- y de distintas calidades, mezclando variedades de olivas, para finalmente hacer los cuatro tipos que hoy comercializan: el Nativa, aceite orgánico que se hace con cuatro variedades: Racimo, Empeltre, Arbequina y Santa Emiliana; el Classic Blend, hecho de forma convencional a partir de seis variedades; el Palta Oliva y el de Palta.
El año 2003, tal y como les había dicho aquél italiano, mandaron unas muestras para participar del certamen que se hace en este país Europeo: Premio Biolethic, en donde el aceite Nativa quedó entre los treinta mejores. El 2005 avanzó y se introdujo entre los top <em>ten</em>, hasta que este año ganaron el primer lugar, otorgándoles un sello único que va marcado en cada etiqueta de Nativa. "Cuando nos llamaron para informarnos del premio, pensamos que era una broma. Después nos llegó un <em>mail</em>... los veinte socios nos pusimos a llorar, sobre todo porque fue una felicidad impresionante, ya que el ochenta por ciento de nosotros perdió sus casas con el terremoto. Esto nos dio fortaleza, yo me sentí grande".
<strong>¿Cuál es la diferencia entre hacer aceite orgánico y convencional?<br /> </strong>Al orgánico sólo le aplicamos los abonos permitidos, que es el guano natural; en cambio, al clásico se le aplican otros nutrientes, acepta químicos, pero todo tiene que estar dentro de los requerimientos aprobados, aceptados y certificados por las instituciones pertinentes.
<strong>¿Cuándo nace la idea del aceite de palta?<br /> </strong>Lo vi y probé por primera vez en un viaje a Quillota, ahí conocí a un coronel de carabineros en retiro que se dedicó a este cuento. Y me entusiasmó tanto que él mismo me vendió una máquina para pelar, deshuesar y moler las paltas; el resto se puede hacer en las mismas máquinas con las que se fabrica el aceite de oliva.
<strong>¿Cuál es la diferencia entre el de palta y el de oliva?<br /> </strong>El de palta es mejor. Es más suave y tiene cosas muy buenas para la salud, posee colesterol del bueno, entre otros. Pero recién está entrando en el mercado.
<strong>EL SUSTENTO </strong>
Si bien estos socios fueron los pioneros en la zona en crear aceite de oliva, hoy ya el tema se ha masificado enormemente. "Nosotros éramos los locos. Hoy el sector está lleno de plantaciones de olivos. "Don Mario Kreutzberger tiene quinientas hectáreas, don Carlos Cardoen lo mismo, y hay una empresa española que tiene dos mil...".
<strong>¿En estos diez años, el aceite ha sido un buen negocio finalmente?<br /> </strong>Al principio, muchos se quedaron en el camino porque lo veían como un negocio muy lejano... Pero entre los veintiséis que quedamos hicimos un estatuto en donde pusimos una cláusula que decía que nunca íbamos a repartir las utilidades hasta pagar todos los créditos. Llegamos a estar en deuda con el INDAP en sesenta millones; ahora nos quedan veinte, de los cuales tenemos diez años para finiquitar. Pagamos dos millones trescientos al año sin interés, ya que esos fueron cancelados en los tres años de gracia que nos dieron en un principio... finalmente los años de gracia, son sólo una desgracia.
<strong>¿Entonces cómo se sustentan?<br /> </strong>De varias maneras: primero le hacemos aceite de oliva a terceros, quienes vengan con sus frutas y cumplan con los estatutos necesarios, nosotros se las procesamos. Por otro lado, tenemos un contrato a diez años con la empresa Nutrix, quienes nos compran los sólidos y líquidos provenientes de los restos del aceite. Ellos separan del agua los antioxidantes para utilizarlos en otros productos. Por otra parte, la sociedad le compra la producción a cada socio, con eso nos sustentamos, ya que las ganancias de las ventas se van todas a pagar las deudas. Además, cuando hicimos la asociación cada uno tuvo que comprar dos acciones para ser dueños, que en ese tiempo nos costaron siete mil pesos, hoy el valor comercial de estas está en tres millones cada una, y eso para mí es una gran utilidad.
<strong>¿Dónde se puede comprar los aceites?<br /> </strong>Aquí solamente, en Santa Cruz estamos en tres locales, pero la idea es que la gente venga o llame y nosotros les mandamos una encomienda a donde sea. Tres mil quinientos pesos cuesta una botella de Nativa de 500 cc., y el bidón de tres litros del aceite clásico, once mil. Para más detalles: <a href="http://www.oliveroslolol.cl/">www.oliveroslolol.cl</a>
<strong> ¿No han pensado en exportar?<br /> </strong>Sí, nos han ofrecido contratos, pero son demasiado grandes, nos piden veinte mil litros mensuales, y nosotros, con suerte, hacemos trece mil litros anuales.
<strong>Pero el que no se tira al río...<br /> </strong>Si sé, a mí no me da miedo; yo le propuse a los socios comprar este año, por ejemplo, lo mismo que producimos, pero a terceros, para duplicar la producción. Me costó convencerlos, pero lo hicimos y ya lo vendimos todo.
<strong>¿Entonces?<br /> </strong>Es que todavía no podemos, porque nuestras maquinarias son chicas. Nosotros procesamos tres mil kilos diarios, aquí al lado los españoles tienen una máquina que hace ochenta mil kilos por día... Una sola sala de ellos es como todo el edificio de nosotros. Por eso yo digo que nuestro logro es tan importante como haber ganado el mundial de fútbol. Nosotros, con lo chico que somos y los pocos recursos, logramos obtener el mejor aceite de oliva orgánico del mundo.
<strong>¿Por qué cree usted que Nativa ganó el premio?<br /> </strong>Porque es el mejor, no podría decir que es más fuerte, ni que tenga más cuerpo, pero sí es un aceite que tiene el sabor a la fruta, que posee algo que lo hace adictivo. Yo me considero un adicto al aceite de oliva. Lamentablemente, no he podido cumplir con mi sueño, el que toda la gente, sobre todo de mi pueblo, pueda tener acceso al aceite de oliva. Creo que todos debiésemos tener las mismas oportunidades.
Hablando de sueños, don Pedro cuenta que pronto va a producir aceite de pepa de zapallo, de nueces, de almendra, de avellanas y de pepa de uva. "Yo tengo que hacerlo, si existe la máquina, solamente falta la materia prima y el deseo de concretar". Encima de la mesa, dos cajas de almendras son la prueba de que don Pedro pronto cumplirá sus dichos. Le deseamos, entonces, toda la suerte del mundo a este incansable emprendedor.