Alto, con sombrero, chaqueta, cinturón y botas de cuero. Así es don Delfín Vidal Cáceres. Conocido y reconocido artesano que hace todo, pero todo tipo de artilugios en cuero, algunas cosas curtidas otras con la piel en su estado natural, suave y flexible. Aquí el maestro número uno en artesanías elaboradas en este noble material, nos cuenta una historia de generaciones.
por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.
Don Delfín es conocido a nivel nacional por quienes aman el cuero. Este artesano nació viendo cómo su abuelo trabajaba en la curtiembre de este material para fabricar todo tipo de decoraciones, artesanías y otros. “Veía cómo el cuero se transformaba en sus manos para convertirse en pieles curtidas y, luego, en artículos de extrema calidad”. Recuerda que su abuelo se vino de Valparaíso a La Estrella para vivir con su madre. Del puerto traía las pieles para curtirlas en el campo. Pero en ese entonces no había ni luz ni agua. “Sólo un río que tenía doce metros de profundidad. Entonces mi abuelo se las arregló, puso unos tablones que desviaban el agua hacia una tela para aclarar o limpiar el agua. Una especie de colador. El agua pasaba a un tambor donde estaban los cueros. De ahí se colgaban para el secado. Nosotros, los nietos, éramos los encargados de colgar las piezas. Todavía me río cuando me acuerdo de las maldades que hacíamos… jugábamos con los pedazos de cuero y con el viento se nos volaban. Pobre abuelo, de ocho pedazos, tres se perdían…pero pronto los encontraba por allá lejos entre medio de los árboles, dos días después”.
De eso solo quedan las máquinas con las que trabajaba el abuelo que datan de 1905, y que están guardadas porque, aunque no se ocupan, serán parte decorativa de la tienda remodelada de don Delfin, quien a estas alturas ya lleva en la industria del cuero cuarenta años. Le encanta su trabajo y siente, hasta el día de hoy, que esto es una labor propia de su familia, porque ya son tres las generaciones dedicadas a este rubro, y a pesar de que su hijo mayor, Felipe (24), estudia ingeniería comercial, y no está muy motivado en seguir con la artesanía de su padre, y su hija solo tiene doce años, sí cuenta con sobrinos interesados ya en seguir la escuela de las pieles. La idea es que el negocio siga en manos de los Vidal por siempre.
CUERO ARTESANAL
Nacido y criado en la comuna de La Estrella, en la provincia Cardenal Caro de la región del Libertador, hoy Delfín radica en Santa Cruz, en donde tiene su tienda y taller. Sin embargo este artesano, con el fin de que la gente conozca su trabajo en todo el país, se ha vuelto un “patiperro”, ya que no se pierde ni una feria, o bazar, no importa si debe ir a Punta Arenas o Arica. Es así como hoy su fama se ha acrecentado y siempre está ocupado, tiene decenas de pedidos que van desde un simple cinturón hasta el tapizado de muebles. Llama la atención el revestido con pieles. Algo muy difícil de encontrar, porque el trabajo de curtir los cueros con pelo, para transformarlos en pieles de calidad, no es nada fácil.
Son cuatro pasos los que hay que seguir para curtir una piel de animal: la limpieza, el curtido, el recurtimiento y el acabado. La limpieza significa procesar las pieles, eliminarles la grasa, la carne, el pelo, etc. Aunque no es necesario sacarles siempre el pelo; por ejemplo, para las alfombras, el pelo se trata, no se elimina. La idea del curtido es que el cuero se convierta en un material duradero, es decir, que no se descomponga. El recurtimiento es el teñido. Todos estos pasos se realizan, muchas veces, en un solo tambor en donde se introduce la piel. Por último, está el acabado, aquí se lava, se seca, reviste, y pega.
Estos son los pasos a seguir en forma general, pero dentro de cada uno hay un sinfín de otros. No es un proceso fácil, hay que tener mucha práctica, sabiduría y conocer todos esos secretos que hacen que el cuero sea el material número uno en calidad y belleza a la hora de decorar la casa o bien de comprarse unos zapatos.
Pero hay que enfatizar que don Delfín trata los cueros de forma artesanal. No como la mayoría de las fábricas ya industrializadas. “La curtiembre industrial trabaja solamente el cuero sin pelo. Yo trabajo ambos, y puedo contar que como ahora todo es en base a máquinas de última tecnología, me costó más de cuatro meses encontrar un fragüero que me hiciera las cuchillas para descarar el cuero a mano, porque ya no existen”. Hoy los fragüeros están en vías de extinción y con esto la palabra como tal también, es raro encontrarla en los diccionarios actuales.
TALABARTERÍA Y ARTESANÍA
Cinturones, bolsos, mochilas, carteras, billeteras, chequeras, cojines, pufs, alfombras, juego de cachos, figuras decorativas (como pequeñas ovejas), espejos enmarcados, en todos los tamaños, coloridos, con o sin pelo, y en diferentes tipos de pieles además de todos los artículos propios de una talabartería —donde se venden todos los aperos de huaso— en su tienda de santa cruz y en su página web: www.delvic.cl.
“Me apasiona el tema de la artesanía con este material. Trabajo con todo tipo de cueros: de vaca, de chivo, de ovejas, entre otros. A medida que ha transcurrido el tiempo y he podido conocer las necesidades de los clientes he ido aplicando nuevas tecnologías en el tratamiento del cuero, lo que ha permitido que las técnicas manuales de ablandado posean un resultados más fino”.
¿Quién realiza las artesanías en cuanto a diseño y colorido?
El principal gestor soy yo. Pero también tengo personal especializado que me ayuda con el curtido y con la confección de los artículos. Por otro lado, la materia prima se la compramos a distintos recolectores y directamente a las faenadoras.
¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?
Me siento orgulloso de haber rescatado y seguido de mi familia esta tradición que he ido transformando, a través del tiempo, con nuevas tecnologías y creaciones para poder obtener resultados de primera calidad, pero sin perder las prácticas de lo que es la artesanía. Me gusta crear y elegir las combinaciones para que resulten piezas originales.
¿Lo que más le gusta crear?
Las alfombras. Porque se necesita dedicación y mucho tiempo. Me he llegado a demorar dos años en hacer una alfombra. Porque voy cosiendo los trozos en distintos cueros, para combinar colores y texturas. Me gustan las alfombras manchadas, es como hacer un rompecabezas.
¿La alfombra más grande?
Una de cuatro por cinco metros.
¿El paso más complicado?
El curtido del cuero, porque el que yo realizo se hace en forma manual, y uno de los procesos es el secado que en temporada de invierno es muy lento.
¿La cosa más rara que ha hecho en cuero?
He curtido cuero de jirafa. Era de una jirafa que murió en el zoo de Buin, se llamaba Catalina, y nadie se atrevía a curtirla porque el cuero es enorme. Me tardé casi un mes en tratarla, para devolverla al lugar. También he curtido cuero de jabalí y de conejo.
¿El tipo de cuero que más le gusta trabajar?
El de cabro y ciervo. Quedan más blandas.
¿Qué está creando hoy?
Pantallas de cuero, tengo un pedido para un hotel que comprende doce mil pies de este material… harto trabajo.
¿Algún famoso que haya visitado su local?
Muchos. Pero no recuerdo los nombres. Casi todos los actores. Juan Falcón, Jordi Castell, Miguel Littin, el pintor Benito Rojo y cómo olvidar a Cecilia Bolocco que llegó un día domingo, hace más o menos dos años, llovía. Se llevó una alfombra.
¿El lugar más top que haya decorado con sus alfombras u otros?
Varios. El Palacio Riesco, el Hotel Torres de Patagonia, la casa de don Roberto Edwards, todas las pantallas del Hotel Santa Cruz y el Casino de Colchagua…
¿Tiene cosas de cuero en su casa?
Nada. Porque es mucho ya… estoy todo el día rodeado de cuero, entonces quiero llegar a mi casa y no ver más cueros, ¡por favor! Se ríe.
“Me he llegado a demorar dos años en hacer una alfombra, porque voy cosiendo los trozos en distintos cueros, para combinar colores y texturas. Me gustan las alfombras manchadas, es como hacer un rompecabezas”.