La majestuosidad y la belleza de la Cordillera de los Andes, las sobresalientes formaciones rocosas y domos volcánicos, junto al intenso azul de la laguna que contrasta con el cielo, las nubes y el color marrón y gris de los cerros que caen abruptamente al agua; dan la sensación de estar en un paisaje altiplánico o, tal vez, casi lunar. Un lugar escondido en las alturas, que abstrae y que emociona al contemplar su inmensidad.
Por María Paz Macaya O. / fotografía Javier Gutiérrez
Nuestro destino, la Laguna del Maule, ubicada a ciento cincuenta kilómetros de Talca por la ya conocida Ruta Internacional Paso Pehuenche, o sea, por el camino a San Clemente, que lleva luego a Colbún, Paso Nevado, Armerillo y que, finalmente, y luego de dos horas de trayecto, termina en la laguna, casi a treinta kilómetros de la frontera con Argentina.
El camino no se hace largo, por la variedad de paisajes, localidades y por más de alguna parada recomendada para hacer más entretenido un paseo familiar que puede durar todo el día. Pasamos la comuna de San Clemente, donde el mismo camino es la calle principal de esta comuna. Ahí, un buen dato gastronómico es ir en busca de las famosas empanadas de San Clemente, típicas de este pueblo, ¡exquisitas!
Seguimos avanzando y el paisaje se pone un poco más campestre, dejamos atrás los semáforos para pasar a potreros verdes, casonas de campo, plantaciones de viñas y frutales. Pasamos el sector de Perquin, el desvío para Vilches —lugar que visitaremos para otro Recorriendo— y llegamos al Colorado. Después de eso, el camino bordea la ribera nororiente del Lago Colbún. El bajo nivel del agua deja ver la tierra resquebrajada, transformándose en un lugar casi desértico que se une más arriba con el terreno rocoso del lecho del río, permitiendo que el paisaje cambie y que parezca un lugar más cordillerano.
Más adelante, en las laderas de los cerros del lado norte del camino, nos llamó la atención ver la presencia de un bosque tupido, una especie de transición de la zona central y la zona sur, entre el bosque esclerófilo y el bosque valdiviano con varias especies nativas de gran altura. Seguimos avanzando y este ecosistema va cambiando, poco a poco el bosque, los verdes potreros y los cultivos agrícolas desaparecieron para dar paso a una dispersa y débil vegetación de altura.
EL SALUDO DE LOS CÓNDORES
Ya llevamos aproximadamente una hora de viaje y pasamos por las localidades de Paso Nevado y Armerillo. En este último lugar se ubica el Parque Natural Tricahue. En este mismo sector, en el kilómetro setenta y dos, se accede también al Fundo San Carlos, donde comienza y se extiende el tramo la Campana, de los Senderos de Chile, una caminata de veintiún kilómetros de bosque cordillerano, bien recomendada.
Continuando nuestro viaje pasamos por los sectores La Suiza, kilómetro noventa y nueve, y Curillinque. Cruzando el puente Curillinque se llega a la zona llamada El Melado, donde también se extiende otro tramo de los Senderos de Chile. Conocer el trayecto del cajón del río El Melado es muy atractivo porque es parte de una antigua ruta colonial que usaban los arrieros para llegar a Argentina.
Nuestro camino, a esas alturas, ya tenía un marcado ascenso cordillerano, y aunque está todo pavimentado y en excelentes condiciones, podemos ver las tremendas mallas y rejas que refuerzan las laderas del camino para evitar derrumbes. Pasamos Los Cipreses, la Aduana, La Mina y llegamos a los baños termales del Médano.
En el costado del lecho del río, nos encontramos con piscinas naturales con agua termal que fluye y con sectores con diferentes temperaturas. Para llegar a las termas hay que caminar, bajar una quebrada, que está con un sendero demarcado, y llegar hasta el río, donde a un costado están los pozones. Seguimos recorriendo y caminamos subiendo unos cerros con extrañas formaciones rocosas, que imitan una especie de cueva, donde la gente entra y se sienta en el interior de estas para recibir el vapor que las rocas emanan. Ideal para hacerse un baño de vapor termal y estar rodeado de naturaleza. En los alrededores hay varias cabañas que ofrecen alojamiento para los turistas.
Retomamos camino porque ya estábamos muy cerca de nuestro destino y comenzamos el ascenso de la famosa cuesta Los cóndores. Lo más impresionante de esta parte del recorrido es que, a lo lejos, en los cerros del lado norte, se aprecian asombrosas formaciones rocosas. Esas rocas reciben el nombre de Monjes Blancos y la Muela del Diablo.
Pero lo más emocionante ocurre cuando nos detenemos para fotografiar estas llamativas rocas que no pasan inadvertidas por su gran tamaño. Justo ahí, arriba de nosotros, nos sorprendió el vuelo imponente y silencioso de un par de cóndores que nos vigilaban desde las alturas. La emoción que nos invadió fue tremenda, porque cuesta explicar lo que se siente al verlos planear de cerca, en la inmensidad de este lugar, por largo rato, sin mover sus alas con premeditados y suaves giros para lucirse, para aprovechar las corrientes a la perfección y cómo, después de un rato y tras las altas cumbres, se ocultan sigilosamente.
UN ESPEJO QUE REFLEJA
Después de este magnífico espectáculo, continuamos subiendo y a unos pocos kilómetros más allá, después de pasar por un control de vialidad donde tuvimos que firmar una autorización que señala que es de responsabilidad nuestra cualquier daño o accidente que nos ocurra en el lugar, ya que el camino todavía no está terminado; nuestra ruta se acaba y llegamos a la imponente Laguna del Maule. Además de la belleza del paisaje, del color que reflejan sus aguas, esta laguna, de origen glacio-volcánico, es atractiva por su especial ecosistema lacustre y por la biodiversidad del lugar.
Ubicada a veintidós kilómetros con el límite de Argentina, tiene una superficie de cuarenta y cinco kilómetros cuadrados, alimenta al río Maule y está a dos mil doscientos treinta y tres metros de altura. Para los asiduos a la pesca, en estas frías aguas, se puede encontrar trucha. Y siguiendo con la fauna del lugar, si uno busca con paciencia se pueden ver cisnes de cuello negro, patos y taguas. La vegetación es muy escasa, la arena, el suelo pedregoso y las rocas abundan. Caminando encontramos algunas piedras muy brillantes y oscuras como la obsidiana, de origen volcánico, y nos llevamos algunas de recuerdo.
Dentro de la vegetación de tipo estepa andina, encontramos coirón y junquillo cerca de las zonas más húmedas; sin embargo, este paisaje desértico andino impresiona por su inmensidad y colorido.
La laguna y sus alrededores también forman parte de uno de los tramos que conforman la red nacional de senderos de Chile, que se preocupa por difundir estas rutas patrimoniales. Este trayecto de caminata está señalizado hacia el lado sur de la laguna.
Para continuar hacia el límite con Argentina, el camino bordea la laguna por la ribera norte. Y aunque todavía no está terminado, el paso internacional Pehuenche, que estará listo —por el lado chileno— tal vez para el próximo año, siempre que el país vecino también habilite su parte, será una importante conexión de trasporte y comercio que unirá la región del Maule con la Provincia de Mendoza. Sin embargo, esperemos que el desarrollo y el progreso no dañen el ecosistema de este maravilloso lugar.
Nuestro dato:
Empanadas de San Clemente: 071-621327