En Quinta de Tilcoco se encuentra esta majestuosa casona que impresiona nada más verla desde lejos. Este no es el típico caserón colonial de campo, su estilo se enmarca en la arquitectura inglesa, y fue construida en la época del salitre, cuando los barcos venían cargados con maderas, techos y baldosas desde el viejo continente.
Por María José Pescador D. Fotografías: Danny Bolívar U.
Edificada en 1892, esta casona tiene la semblanza y la fachada de una casa de ensueño. De esas que solo vemos a veces en algunas películas inglesas. Pero lejos del país anglosajón, y en la región del Libertador, escondida entre árboles milenarios y un gran parque, está esta maravilla de la arquitectura centenaria.
Posee mil trescientos metros cuadrados de construcción, catorce habitaciones, seis baños, living, comedor, paredes de cinco metros de alto, larguísimas galerías con estares y muchas ventanas angostas que iluminan el entorno. El parque, a su vez, cuenta con palmeras, palma chilena, araucarias y todo tipo de vegetación autóctona. Una piscina, una gran plazoleta interior con una fuente de agua repleta de nenúfares y plantas acuáticas. Cabe destacar que este parque es mucho más antiguo que la casa, ya que data, aproximadamente, del año 1840.
Los corredores exteriores son largos y permiten un paseo por todo el rededor de la casona. Las fachadas, tal y como cuenta la arquitectura normanda inglesa, se compone de distintas crucetas decorativas en madera barnizada —albañilería—. Además, posee pesebreras del mismo estilo, ya que los dueños de casa practican polo, habitaciones y baños de servicio en una construcción aparte, y una magnífica capilla en donde se celebra misa los domingos, abierta a toda la comunidad.
DECORACIÓN ROMÁNTICA
Durante el auge del salitre, los barcos viajaban al viejo continente a dejar este preciado mineral. Es así como de vuelta, llegaban con loza, puertas, madera y todo tipo de materiales de construcción que los terratenientes de nuestro país compraban al por mayor. Fue de esta manera que quienes construyeron esta espectacular casona le dieron el estilo inglés que hasta hoy asombra en una comuna de la región de O´Higgins, en donde el campo aún tiene vida y en donde, a pesar de no ser difícil encontrar grandes casonas coloniales o patronales, sí es raro que exista una de este peculiar estilo.
Los actuales dueños viven en este lugar hace treinta y ocho años. Cuando llegaron a vivir a la zona, se enamoraron inmediatamente de las instalaciones y del estilo de vida que podían tener dentro de este paraíso. Por lo mismo, quisieron mantener la decoración que ya estaba, como por ejemplo los grandes muebles del comedor que fueron hechos en obra, ya que no caben por el acceso a este lugar. Una mesa de madera de raulí para doce personas, con sillas normando, un mueble vitrina un gran cuadro con un retrato y marco rococó dorado, y una chimenea de piedra dan vida a este espacio.
Más allá y entre el living y comedor, la pared se decora con un teléfono de los años veinte que funciona a la perfección. Es el teléfono de la casa. Radios, baúles, paragüero, y hasta aperos antiguos. En el living, sillones normandos tapizados en tela floreada, y el mismo estilo de mobiliarios y cuadros. Las paredes del comedor aún recuerdan el pasado terremoto del 27 F con algunas grietas. Después de sobrevivir a tantos terremotos, este fue solo uno más, ya que la casa permanece sólida como un bunker, y las demás fachadas que sufrieron los avatares de este sismo fueron rápidamente refaccionadas por sus dueños.
Entre ambas habitaciones existe una puerta de salida hacia el patio con la gran fuente de agua. Aquí destacan las maquetas de casas coloniales colgadas en las paredes exteriores de este lugar y hechas por la dueña de casa, quien a su vez, pintó varios de los cuadros que se ven al interior, saliendo del comedor en una sala de estar, en donde además hay fotografías familiares y recuerdos.
REMEMORANDO
Estar dentro de esta casona es rememorar la época del romanticismo, donde todo lo que hay alrededor es cultura anglosajona. Aquí no existen televisores plasmas, ni tecnológicos equipos de radio. Así lo decidió toda la familia, porque como ellos mismos dicen, la idea es disfrutar de otras cosas, del deporte, la naturaleza, la lectura, la paz y tranquilidad del entorno. Sólo un viejo aparato de TV reposa apagado en una de las salitas.
En las habitaciones, las camas y mobiliario cumplen el rol del romanticismo, pero en ninguna se puede ver un televisor o algo parecido. Simples y bellas. En las salitas, sillones reconfortantes, con vista al parque natural. Los baños se mantienen también antiguos, tinas con patas de león y grandes lavamanos de loza que, al igual que las planchas de zinc del techo, las manillas y pestillos de las puertas, además de los adoquines, tienen marca registrada y que aún se puede leer: “Made in England”. Asimismo, toda la madera utilizada en la casa es pino Oregón, traída también desde Europa.
“En ese tiempo, Chile era un país riquísimo y las haciendas compraban todos los materiales de construcción del viejo continente”, cuenta el dueño de casa. También dice que cuando compró la casa, el living no estaba enteramente construido, por lo que junto a un arquitecto se preocupó de darle las terminaciones acordes al estilo y hacer otra chimenea de piedra. En total hay tres de estas.
Por otro lado, en el jardín hay un parrón que, según cuenta el dueño de casa, está hecho con los durmientes que se rescataron del antiguo ferrocarril que pasaba por la zona y que iba camino al sur. “Aquel ferrocarril era el que llevaba las materias primas que se generaban en la zona, como la leche y otros. Cuando dejó de funcionar, los terratenientes de la zona se repartieron los durmientes, quedando para la casa aquellos que componen el parrón”.
ARQUITECTURA E HISTORIA
El gran creador de esta obra fue Alberto Cruz Montt, reconocido como el arquitecto más cotizado de principios del siglo XX y el mayor exponente de la arquitectura europea en Chile. Realizó grandes construcciones como el Club de la Unión, el Palacio Ariztía, el Palacio Irarrázaval, entre otros, todos de estilo neoclásico y creados entre 1917 y 1925.
Así, esta hacienda recuerda los tiempos del inquilinaje, aquellos cuando los empleados de las grandes casonas otorgaban sus servicios a cambio de techo y comida. Es por esto las instalaciones apartadas de la casa: el lugar de los inquilinos. También rememora la época de evangelización, cuando los terratenientes construían sus propias capillas para hacer misas dirigidas a la comunidad y así apoyar este proceso de cambio.
“Esta casona es una verdadera curiosidad, es parte de la historia de Chile”, cuenta el dueño de casa. Y es que los principales puertos están en Valparaíso y en Iquique, por lo que ambas ciudades tuvieron una gran influencia anglosajona en su arquitectura, sobre todo en el norte, en donde existen muchísimas casonas de este estilo. ¿Pero cómo fue que llegó esta influencia a la sexta región? Esa es la curiosidad y esa es la pregunta que solo las paredes de este caserón conocen. Una pregunta aún sin respuesta.