Para Andrea no existe la mujer fea, todas tienen algo bonito que mostrar, algo atractivo a lo que sacarle provecho, todas las caras y cuerpos son dignos de admirar. El secreto está en atreverse, creerse el cuento y en no dejarse llevar por nada ni nadie. A sus veintitrés años, esta mujer sabe perfectamente qué significa cambiar, porque se propuso un objetivo y lo cumplió. No se la pierda, esta es una historia de perseverancia y de sueños realizados.
Por María José Pescador D. / Fotografías Danny Bolívar U.
Andrea nació con padre, madre y dos hermanos mayores, Matías (28) ingeniero agrónomo y Carlos (26), arquitecto. A los seis años su padre falleció, así que lo de ella fue ver a su madre trabajar hasta el sudor para sacar a sus tres hijos adelante. Andrea estudió en el colegio Instituto Inglés de Rancagua. Siempre vivió en Codegua, en pleno campo. Y siempre fue “la gordita taquillera”, la mina buena onda y simpática, pero gordita. Esto no le impidió tener pololos y una vida social muy rica. Andrea mide un metro setenta centímetros. Y hasta hace un par de años pesaba ochenta y cuatro kilos. Hoy la balanza no pasa de los sesenta y cuatro kilos.
Durante su vida escolar, siempre era la amiga que pintaba a todas las demás antes de una fiesta. Ella misma cuenta ahora que, en aquella época, se maquillaba muchísimo, quizás para sentirse bien con ella misma, quizás porque en las pinturas veía la salida para verse mejor, porque siempre tuvo la autoestima baja, era muy insegura. En la foto de su fiesta de graduación se ve que Andrea ya había bajado unos kilitos, pero nada que ver a lo que vemos hoy. Antes su pelo era más oscuro, y usaba chasquilla y ropa ancha. Ir a vitrinear para ella no era nada agradable, siempre buscando la talla L, tratando de esconder un cuerpo que le resultaba incómodo.
Una vez terminado el colegio, y como pensaba que le iba a ir pésimo en la Prueba de Aptitud, ya tenía pensado estudiar en una universidad la carrera de producción de eventos, porque para ello solo le pedían tener la prueba rendida. Pero frente a todos sus malos augurios, cuando vio su puntaje, no lo podía creer, le fue mucho, pero mucho mejor que lo que ella esperaba. Con esto el plan cambiaba, y siguiendo los consejos de su familia entró a estudiar administración de empresas en la Universidad de Los Andes. La idea era tener un título que le permitiera una base sólida para trabajar, una buena carrera con la cual podría hacer muchas cosas.
CUATRO MESES
Es lo que estuvo en la universidad, hasta que se dio cuenta de que aquello definitivamente no era lo suyo. Y sin pensarlo más y apoyándose en expertos psicólogos, decidió cumplir su primer sueño: primero hizo un curso de automaquillaje, luego empezó a averiguar qué otras cosas al respecto podía hacer y estudió cosmetología en la escuela del Dr. Fontbote en Santiago, luego hizo cursos de maquillaje y peluquería. “Tenía un problema de frustración heavy, de inseguridad, por eso me puse a estudiar fuerte, para ser la mejor y no dudar en nada”.
Luego realizó diversos cursos de maquillaje y peluquería para complementar. Esto hasta que llegó a la escuela Make Up School Pigmentos, para hacer otros cursos de lo mismo. Fue aquí donde empezó el cambio. “Tenía una compañera de trabajo que es demasiado estupenda. Un día conversando con ella me contó que había bajado veinte kilos gracias a una nutricionista y mucho ejercicio. Así que decidí hacer lo mismo, le pedí el dato y partí”.
A los tres meses, con mucha perseverancia y ejercicio, Andrea ya había bajado quince kilos. “En la escuela todos quedaron impactados. Ir a comprarme ropa era increíble, ya no era la talla L, me podía poner poleras talla M, y esto de ir a comprarme ropa, que puede ser una cosa súper chica para mí fue un cambio de vida. La gente que antes nunca me saludaba me empezó a saludar… Aunque yo nunca le di bola a nadie”.
Terminó los cursos en Pigmento, y luego asistió a clases particulares con la reconocida profesional Catalina Correa, quien fue la persona que le mandó su primera novia para maquillar. “Después de ella me empezaron a llamar todas sus amigas y la cosa se empezó a agrandar”. Pero Andrea es busquilla y no se queda quieta, luego de tantos cursos, con los que ya era una profesional de la piel, decidió que tenía que estudiar peluquería para complementar su trabajo y entró a Pivot-Point. No contenta con eso, quiso aprender a cortar el pelo mejor, pero no con cualquiera, sino que con Doris Feliú.
Pero no fue tan fácil convencer a Doris, ya que ella le insistía que no hacía clases. Así que Andrea no encontró nada mejor que ir todos los días a verla cortar el pelo. Hasta que la profesional del cabello le dijo que le iba a enseñar, porque se dio cuenta de que la cosa iba en serio. La perseverancia y las ganas de ser la mejor, llevaron a que Andrea fuera, poco a poco, consiguiendo todos sus objetivos. Aprendió a cortar y peinar, hizo varios cursos de maquillaje: automaquillaje, maquillaje de fotografía, maquillaje social, además de cosmetología. Ya era toda una experta, entonces ya estaba preparada para emprender su sueño más grande: irse a estudiar maquillaje a Nueva York.
“Para ese entonces ya estaba trabajando como profesora en Pigmento, y había maquillado a más de cuarenta novias. Entonces junté harta plata, saqué visa, pasaporte nuevo, investigué lugar en donde quedarme, empecé a estudiar inglés en un instituto, y pronto supe también cuál era la escuela a donde quería irme”. Con todo en mano, Andrea fue hablar con su madre y le contó sobre sus planes. Junto a su prima, que también quería ir pero a estudiar inglés, partieron en octubre de 2012. Primero arrendaron pieza en Brooklyn, luego se trasladaron a Manhattan a cuadras de la escuela, en Junior´s Square, Midtown.
Make-Up Designory está catalogada como la mejor escuela de maquillaje en Nueva York. Ubicada en el barrio SOHO, fue aquí donde Andrea aterrizó alta, flaca, y con el pelo rubio largo.
El curso constaba de cinco meses intensivos. Las clases eran desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde. “Todo tenía que estar perfecto, era como el servicio militar, tardabas un minuto en llegar y te quedabas fuera de clases. Te revisaban todos los días los pinceles, uno por uno, para ver si estaban bien lavados. Aprendí muchísimo, trabajé con modelos profesionales y todos los meses había un desafío nuevo que emprender. Fue el viaje perfecto, todo lo que esperé por años se logró mejor que lo que pensé”.
CONSEJOS TOP
Cuando le hicimos esta entrevista, Andrea llevaba un día en tierra chilena (Rancagua), de vuelta de sus estudios en NYC. Así que tenía sobre la mesa de su departamento una maleta de última generación con todos los implementos necesarios para realizar todo tipo de maquillaje, aunque dice que lo de ella es el maquillaje social, es decir, para matrimonios, bautizos, y eventos importantes.
¿Qué se viene en coloridos para este próximo verano?
Todo lo que es el colorido nude, y colores fuertes en los labios. Vienen las pieles muy bronceadas y muy naturales, maquillaje en colores tierras y delineado tipo sesentero, negro.
¿Consejos importantes?
-Siempre limpiarse la cara en la noche y sobre todo en la mañana, porque lo que no se sabe es que durante la noche el cuerpo se drena, por lo que los poros se abren y botan toda la suciedad del día. Luego de la limpieza, hidratar con una buena crema.
-Para la gente ojerosa, lo mejor es buscar un corrector con un poco de pigmentos naranjos.
-Para quienes tienen rosácea, es muy importante tener siempre la piel hidratada, y buscar bases y correctores más verdosos. Lo mismo para ocultar espinillas.
-El rímel siempre se debe limpiar después de cada uso, con un papel tissue. Con esa sencilla práctica, las pestañas quedarán crespas y naturales, y no con grumos y pegoteadas.
-La base tiene que ser del mismo color que tu piel. Por lo que hay que probarla en la cara. Nunca comprarse nada sin antes probarlo, y probar el maquillaje en la zona donde se va a utilizar.
-Hay que tener claro que los colores claros son iluminadores, y estos agrandan, expanden, en cambio los oscuros hunden.
-Siempre pensar que menos es más.
-Usar factor cincuenta todos los días. No tomar nada de sol.
¿Maquillaje en cinco minutos?
Corrector, rubor, sombra neutra, rímel, brillito en la boca y listo.
¿Lo más importante de la cara?
Las cejas es la parte primordial de la cara, te da la expresión, es el carisma de tu personalidad.
¿Por qué las mujeres nos tenemos que maquillar?
Porque cuando uno se siente bien eso se irradia. Que es lo que me pasó a mí. El maquillaje ayuda a verse bonita, te ayuda a sacarte más partido y, en el fondo, uno se maquilla para sentirse bien consigo misma. Cuando te miras al espejo y te encuentras fea, entonces te pones un buzo o cualquier cosa y sales. Eso es lo peor que uno puede hacer. Hay que mirarse al espejo, y decir “estoy fea, ¿cómo puedo cambiar?”, un poquito de brillito en la boca, un poco de rímel y ya está. Es la vía de escape que uno tiene para sentirse mejor.
¿Consejo para quienes se sienten mal al mirarse en el espejo?
Yo les diría que muchas veces no está en el físico, sino que en lo que uno siente. Vivimos en un mundo demasiado superficial, por lo mismo se puede irradiar de igual forma la felicidad que uno siente. Cuando yo estaba gorda me miraba en el espejo, me ponía cualquier cosa y salía. Uno piensa “¿si estoy gorda para qué me voy a pintar?” Eso es un error, hay que sacarse provecho, no existen las mujeres feas.
¿No existen las mujeres feas?
No. Siempre hay algo bonito a lo que sacarle partido. Si el pelo lo tienes bello, entonces te maquillo poco para resaltar tu pelo. Si es la boca, los ojos, la nariz, etc. Prefiero maquillar a una mujer que tiene sus imperfecciones, como la mayoría, porque ves el cambio y ellas lo sienten. El cambio de actitud al verte guapa es inmediato y sorprendente. ¡Hay que atreverse!
Si tú te quieres atrever, Andrea está en www.pigmentos.cl
“El cambio de actitud al verte guapa es inmediato y sorprendente”.
“Cuando yo estaba gorda me miraba en el espejo, me ponía cualquier cosa y salía. Uno piensa “¿si estoy gorda para qué me voy a pintar?” Eso es un error, hay que sacarse provecho, no existen las mujeres feas”.