Los Pozo empresarios de la agricultura y ganadería, han vivido generación tras generación la pasión por el rodeo. Hoy José Manuel, Campeón del Champion, es el organizador de San Clemente y administrador de La Aurora.
Por María Paz Macaya O. / Fotografía Javier Gutiérrez A.
Este empresario agrícola es muy conocido en el deporte de la media luna. Sus trofeos, su historia, sus caballos y su trabajo tienen un reconocimiento de los seguidores de esta disciplina. Su familia es una de las más antiguas de la zona y su padre, José Manuel Pozo Merino, fue en su época un destacado corralero que lo animó a seguir este deporte y a ser un amante de los caballos.
José Manuel Pozo Luco (50), ha vivido toda su vida en el Fundo La Aurora —camino a San Clemente—, que es de propiedad familiar, desde hace más de cien años. La casa, donde viven sus padres, no pasa desapercibida. Una imponente fachada roja, sus corredores y jardines llaman la atención, todo está impecable, ordenado a la perfección. Recién refaccionada, debido a algunos daños producto del terremoto, esta casona de estilo colonial tiene una elegancia cautivadora. En el interior, los muebles, las lámparas y toda la decoración invitan a remontarse a otra época.
José Manuel tiene una excelente relación con su padre. Se ven todos los días, porque éste tiene su casa en una parcela ubicada a unos tres kilómetros del fundo, lo que les permite estar muy comunicados. “Mi papá es muy ordenado y responsable, también es muy franco, dice siempre lo que piensa, y la sinceridad se agradece”.
“Para mí, el rodeo es una forma de vida, porque uno se dedica todos los días a esto como cualquier deporte, hay que entrenar, cuidar a los caballos y prepararlos”.
RODEO FAMILIAR
El campo y el rodeo siempre han sido parte de esta familia; José Manuel es el segundo de cuatro hermanos y a los trece años corrió por primera vez en un rodeo junto a su padre. Luego, su hermano menor, Alejandro, siguió los mismos pasos. “Recuerdo en ese entonces, los consejos del papá, de ser un buen jinete, sentarme bien en la montura, tomar las riendas y adelantarme a un posible accidente, tratar siempre de evitar eventualidades”.
A los veintidós años obtuvo el tercer lugar en el campeonato nacional, junto a su padre. Con el tiempo, los hermanos Pozo empezaron a correr juntos, con un excelente desempeño. En 1998, José Manuel fue campeón nacional. Ahora es collera con sus hijos, los entrena y les enseña la técnica. “Para mí, el rodeo es una forma de vida, porque uno se dedica todos los días a esto como cualquier deporte, hay que entrenar, cuidar a los caballos y prepararlos”.
Pozo entrena en el potrero una hora diaria y se preocupa de cosas técnicas como la postura o que el caballo vaya pegado al novillo. Fuera de la preparación, también hay que dedicarles una hora al día para revisarlos, y supervisar todo lo que implica su crianza.
¿Qué cuidados necesitan los caballos?
Primero, que tengan una buena alimentación, a campo libre, lo más natural posible; desparasitados, y cada tres meses hacerles un buen arreglo de uñas para obtener buenos aplomos. A los tres años, aproximadamente, se amansan y empieza el entrenamiento para el rodeo. Ahí se inicia la alimentación basada en fardos de alfalfa y concentrados de avena. Los caballos tienen un estómago muy complicado, por eso hay que preocuparse mucho de este tema. En invierno se les pone una carpa para el frío, porque si no gastan mucha energía. Además hay que cambiarles la herradura cada treinta días, dependiendo de los aplomos.
¿Cuáles son las características que debe tener un buen ejemplar?
Debe tener una altura ideal, alrededor de un metro cuarenta. En cuanto a su morfología, debe ser de cabeza acarnerada, un cuello más bien largo, una cruz marcada, buenos aplomos, pechos anchos, lomo semi-recto y corvas bajas y abiertas. Una cola abundante y ojalá crespa. Y lo más importante, que tenga sangre corralera, que los padres del caballo se hayan destacado en el rodeo.
¿Qué raza de caballo te gusta más?
El caballo chileno, porque es el que más conozco. Es fuerte, ágil, habiloso y manso. Deben ser criollos chilenos, inscritos. El caballo inglés, por ejemplo, es muy lindo, pero no es para rodeo. A pesar de que encuentro muy entretenido lo de las carreras.
¿Qué supersticiones existen en el rodeo? ¿Alguna cábala o maña personal antes de correr?
Hay supersticiones y muchas, pero tengo mis mañas. No me gusta que nadie me apriete la montura, la aprieto yo. Los aperos —espuelas, botas, montura, frenos y lazo— deben estar limpios, impecables. El lazo que tenga un bonito royo, bien hecho. Siempre cuando te ganas un Champion, te fijas con qué camisa andas y la usas para el año siguiente. Otra cosa que me gusta, es correr a la mano de adelante, más que a la mano de atrás; me gusta llegar con tiempo a las competencias, sufro si llego atrasado y, en general, disfruto mucho el rodeo, converso con la gente, es muy entretenido.
¿Y cómo eres con tus hijos cuando ellos corren?
Con mis hijos soy exigente, sobre todo cuando cometen errores que se podrían haber evitado. Yo, ahora, no corro muchas veces con ellos, porque los reto cuando pierden atajadas o no se arrean bien… si uno de los jinetes es malo, es más difícil ganar.
VERSATILIDAD EMPRESARIAL
A pesar de su pasión por el rodeo, para José Manuel su familia es lo más importante, y reconoce con cierta melancolía que cuesta aceptar cuando los hijos se empiezan a ir, sobre todo ahora que su hija mayor, Marcela Paz (26), se casa en unos meses más. Sus hijos José Manuel (24) y Nicolás (22) comparten con él su afición por el deporte de la media luna, y aunque ahora están en Santiago estudiando ingeniería civil y agronomía, está seguro de que volverán a Talca. Magdalena (17) y Camila (15) son las menores que todavía viven acá. “Ellas también disfrutan del campo, de los rodeos y, sobre todo, de la crianza, cuando las yeguas están pariendo, les gusta mucho”.
Este fanático corralero, también es un versátil empresario, carrera que empezó a los diecinueve años, cuando comenzó a ayudarle a su padre en la administración del fundo La Aurora que consta de doscientas hectáreas de diferentes variedades productivas: fruta y ganadería. Como buen hombre de campo, es muy cauteloso y diversifica su inversión en distintos rubros. “Si en la agricultura tú pones los huevos en una misma canasta, te arriesgas a perderlo todo. Por ejemplo, viene una lluvia y echa a perder las cerezas que están listas para cosechar”.
“Recuerdo los consejos del papá, de ser un buen jinete, sentarme bien en la montura, tomar las riendas y adelantarme a un posible accidente, tratar siempre de evitar accidentes”.
Por eso, el Fundo La Aurora tiene viñas, plantación de kiwis y semilleros, además, se dedica a la engorda de ganado vacuno. Este año, según las condiciones del mercado, cultivaron uva Premium. “Lamentablemente, nuestra rentabilidad no ha sido muy buena, debido a que el dólar ha bajado mucho, y nuestros costos se mantienen iguales”.
Por otro lado, también es socio y participa en la administración de otros cuatro campos. Pero, ante tanta actividad, lo que lo distrae de las preocupaciones y verdaderamente disfruta, es su criadero, donde tiene setenta caballos y catorce en entrenamiento. “La idea es que los caballos estén preparados, sepan arrear y tengan práctica en la media luna”.
A pesar de todas estas labores, deja tiempo para organizar el campeonato más importante de Talca: El Rodeo de San Clemente. “Dentro de este grupo organizador somos muchos los colaboradores, que nos preocupamos de todos los detalles: que haya comida, seguridad para los niños, ambulancia en caso de accidente, que se realice una fiesta para la juventud, que haya una misa de cierre y muchas otras características para que resulte un gran evento y, sobre todo, que integre a toda la familia, que nadie quede afuera. Ese es el principal objetivo del Rodeo de San Clemente”.